Sunday, July 06, 2014

EL CORAZÓN ES UN NIÑO CIEGO...

 
*Dibujo de Erika Kuhn.
 
 
 
 
 
 
 
 
INGRAVIDEZ*
 
 
 
Escribir pintando, con una paleta de colores en una mano, el pincel en la otra, el lienzo todavía sin trazo. Esa posibilidad absoluta de decir lo que jamás se dijo, lo que no figura en catálogos o lo que ha sido dicho miles de veces pero que necesita una nueva imagen más ajustada a nuestra percepción de época.
Y nada al fin de cuentas, si decir algo es resumir y recortar.
Y qué decir cuando afuera llueve, cuando el espejo es irremediable, cuando los cuandos son todos a contrapelo.
La belleza de los reflejos del agua en un vidrio de cien años, magnífico en sus colores netos, en la sutil complejidad de flores en relieve. Debería ser motivo de dicha. La seguridad de un ambiente cálido con las bruñidas superficies de la costumbre. Qué más requerir a la confusión de lo aleatorio. Nada alcanza hoy cuando la lluvia es el invierno y la absurda desazón de creer que hay una felicidad que podría estar pero se aleja, que debería estar pero a la vez es decepcionantemente ilusoria.
Todos han dejado por escrito y por cantado que la felicidad de uno es el reflejo de los vínculos felices con personas que nos atañen. Y quememos de una vez para siempre los librejos del ámate a ti mismo, que no funciona cuando el espacio está vacío y la puerta tiene llave. Quién soy cuando no ocupo lugar en ninguna vida. Puedo pesar ciento cuarenta kilos, no habrá gravedad que me retenga sobre el suelo.
Caminata sobre la luna.
Escafandras de buzos en la profundidad. Trajes neumáticos.
Esa imposibilidad de contacto con gente que parece estar ahí delante pero que también, esto es así, está protegida de mí por su propio traje de sospechas, entretejido de pasado y de palabras dichas y gestos supuestos y capa sobre capa de su propia atmósfera.
Hoy llueve, los cables hacen perceptible el viento, mi madre escucha abajo y detrás de ventanas cerradas su música compleja. Hoy es invierno y llueve. Hoy no hay remedio para los destinos divergentes fuera de esta vinculación monógama y única, lo poco seguro y estrecho dentro de un mundo absolutamente amenazador. Mi madre y yo, decididas a perdonarnos cualquier agravio, a presuponer buenas intenciones, a sostener las penas de la otra para darnos un respiro con el aire compartido.
Seguiremos intentando mañana o la semana que viene hacer esos esfuerzos por estrechar alguna mano sin guantes. Mientras tanto, la cocina con el trapito debajo de la mesa para la Gutxi es la cueva contra la intemperie, el mate tibio y la tostada cristalizan el punto de reunión a nivel del suelo, el lastre benigno que permite sentir peso y presencia.
Habrán sido demasiado débiles, será que las sogas que até a tantas amarras pecaban de fallas de elaboración. No es la humanidad toda un innumerable conjunto de seres conjurados en contra de una única buena persona. Mi ingravidez me pertenece y debo de haber elaborado constante y eficazmente mi propio traje de astronauta. Qué cosa rara, creo que no me gusta caminar en el aire y sin embargo parece un destino visceralmente propio.
 
 
*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com
 
 
 
 
 
 
 
EL CORAZÓN ES UN NIÑO CIEGO…
 
 
 
 
 
 
 
POLVO ENAMORADO*
 
 
 
He amado tanto pero tanto que he terminado odiando
Las implacables sendas que me regresan al olvido.
 
He amado tanto pero tanto, que la caricia se me ha vuelto arcilla.
Que el cuenco de barro que me habita, se ha trizado.
En lo  que fue un rubí pasión ardiente.
Gritos sordos de polvo de memorias.
 
He amado tanto pero tanto, que he anegado el trigal y los olvidos.
Los horcones del huerto  se han podrido.
Y no hay panes, ni manzanas, ni amarillos.
No ha quedado madera para  mesa,  para cuna, para cruces.
Un cenagal  tapa ataúdes
 
He amado tanto pero tanto, que en la luz la  vela es  bosque crepitante,
Han sucumbido los pájaros y el nido
Y no hay ramas, ni duraznos, ni niños.
Un cielo calcinante ha ennegrecido el fulgor de los espejos
Nada queda para reflejarse
 
He amado tanto pero tanto, que aun me duelen las risas y los soles
Y aunque de polvo vuele, volveré. Volveré, en polvo
 
“En polvo enamorado”
 
 
*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@yahoo.com.ar
-DEL libro “TEOREMAS DE PITAGORAS”
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Lo cierto*
 
 
 
Hay ciertas lunas que tiemblan,
 
hay lunas o algo blanco y terrible que tiembla.
 
Quizás sea alguien.
 
Blanco,
 
terrible,
 
con un temblor circular que me hace un agujero en la paciencia.
 
Alguien mira la luna o es mentira.
 
Lo cierto es que es terrible,
 
que perfora.
 
 
*De Pamela S. Terlizzi Prina. pameprina@hotmail.com
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Trópico de Venus*
 
 
 
Me dijo, que había cumplido dos roles:
el del desgaste y del agrio corazón.
Me dijo, que era una mujer de martes,...
y los jueves capturaba un nomeolvides
 
Comprendí que sus enumeraciones:
eran dos gritos, un vuelo de pájaros,
más de tres monedas en la fuente
y unos cuantos mensajes tropicales.
 
Me dijo, que había llorado al ver
el dislocado tallo de un enebro.
Me dijo, murmurando a mi oído:
“Las cosas me pasan, me suceden”.
 
Entendí su locura vana de escapar,
de ser distinta, de ser la rosa ácida.
Tenía un lado distraído y ese crimen,
de amar enormemente sin respuestas.
 
Y me dijo, que estaba cansada,
de corretear lémures y destinos.
Dijo: “El corazón es un niño ciego,
tropieza y cae, de besos y fiebres”
 
Y entonces un día, un cálido día,
despobló su Trópico de Venus,
con afeites y bálsamos de amor
y cruzo el portal de la caricia menguante.
 
 
*De Jorge Lacuadra.  jorgelacuadra@hotmail.com
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
TAL VEZ*
 
 
 
Crecimos juntos. Ella me pegaba con los juguetes porque era mayor.
Había nacido en el año 1907 y yo, en 1911.
Después de la primaria desaparecieron los tranvías pero su casa y la mía seguían siendo vecinas.
Quitaron el empedrado para asfaltar la calle -el progreso, decían- y ella y yo, siempre llevándonos mal. Era casi odio -afirmaban también-
Cuando me jubilé de la Municipalidad ella ya se había jubilado de la Sedería y hubo un tiempo en que me retiró el saludo. Unas ramas de mi olivo invadían su parcela.
Ahora que seguimos cerco de por medio, tal vez me anime a declararle mi amor y tal vez, ella me acepte.
 
 
*De Ana María Broglio. anamariabroglio@gmail.com
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sobrevivientes*
 
 
 
El vértice del sendero se acerca
y aún en la memoria llevo
restos de infancia igual a
trozos de buen pan.
En este viaje hay voces submarinas
que no puedo explicar, me habitan,
duelen como arpones. A veces
caen.
Diluvio impiadoso pidiendo:
espacios/mares/aires/barcas/viajes
que no pude revelarles.
Ya el vértice se acerca.
¿Qué ensenada nos recibirá?
Abrazo a mis sobrevivientes,
les doy mi pan.
(Que no sepan del naufragio).
 
 
……………
 
 
La tarde se adormece como si alguien la meciera.
La voz de un canto
nos de sa gua .
 
 
 
*De Miryam Colombotto de Seia. miryamseia@cablenet.com.ar
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
ANGELES CAIDOS*
 
 
 
Es el tercer ángel que cae del cielo en una semana. El primero cayó en un parterre de tulipanes, el segundo en el puerto y éste ha caído en el campo de fútbol en la media parte del partido.
El Consistorio está preocupado por estos sucesos y ha constituido un Gabinete de Investigación para esclarecer los motivos de tan extraño fenómeno, pero la investigación se demora y los interrogatorios a los ángeles no aportan nada concluyente.
"Estaba tranquilamente en mi nube y sin darme cuenta me vi rodeado de tulipanes", "Tomaba café sobre un estrato y caí al mar", "No sé decir qué pasó, yo paseaba por un jardín de nubes y me escurrí cayendo al campo de fútbol".
El denominador común de las declaraciones eran las nubes por lo que se incluyó un equipo de meteorólogos en la investigación. Éstos, concluyeron en la teoría de que el fenómeno se había producido por la mala calidad de las nubes. Como había tanta escasez de agua estaban muy mal formadas, débiles y con baja densidad por lo que eran incapaces de mantener a nadie encima.
El Consistorio no comunicó estas conclusiones al pueblo aduciendo que no podía probarse. Por otra parte, tampoco creyó prudente hacerlo ya que los ciudadanos pasaban sed y cada día caían más ángeles sobre la ciudad.
Se ha iniciado un turno de rogativas para la lluvia con romerías a todas las ermitas que hay alrededor de la ciudad y se ha prohibido caminar por espacios abiertos mientras dure la sequía.
 
 
 
*De Joan Mateu. joan@cimat.es
 
 
 
 
 
 
 
 
 
*
 
 
no se trataría de dejar la marca del agua
crecer desde la noche infalible hasta nuestras manos
y medirnos luego con los peores desdichados, esos
que pagan sus miserias en los calabozos, esos
que se pasean con la mano extendida mendigando pájaros
pidiendo por favor una mirada que los ayude a comprarse
un pronombre personal que los saque
violenta pero dulcemente del anonimato en que las calles
con sus vidrieras apelmazadas de biyuterís y de perfumes
que salen más caros que sus propios y llovidos huesos,
no se trataría de contarnos los moretones
o las rotas costillas
o la cantidad de veces que debimos decir
sí señor mande usté
porque la panza crujía, el techo se desmoronaba, la
madre andaba enferma y la pucha que son caros los remedios
o de medirnos el derecho a la pereza o a la alegría
por el cuentagotas atolondrado y mal habido
del reloj que cuelga en la frente del Dueño de todo,
no se trataría de otra cosa que de sentarnos a la misma mesa
y partir el queso y partir el pan y darnos besos de vino
y ser los bienqueridos, que de otra manera el amor
es una máquina boba que arroja
peces de goma al mar/
 
 
*De León Peredo. gustavojlperedo@yahoo.com.ar
 
 
 
 
 
 
 
 
 
EL PRECIPICIO*
 
 
 
Era una noche preciosa, de esas, en que la luna llena parece un plato blanco, suspendido en el cielo. El camino, de una claridad absoluta, una larga estela serpenteando, entre las montañas nevadas. Leonel cumplía su rutina semanal de viajar a El Bolsón a comprar combustible y yo decidí acompañarlo. Por la diferencia de precios vale la pena el esfuerzo, dijo. La carretera estaba completamente solitaria al punto que, para disfrutar mejor del paisaje, decidimos apagar las luces del automóvil y así transitamos varios kilómetros, extasiados de la maravilla que se extendía ante nuestros ojos.
Nos detuvieron en un control policial, no nos pidieron identidad, solo las palabras de precaución por el camino resbaladizo, que obedeciéramos las señales de tránsito y que viajáramos tranquilos.
Me indicó, a un costado del asiento, el termo de café humeante y serví dos vasitos, uno para cada uno. Le consulté cuántas cucharadas de azúcar prefería y yo, como siempre, lo bebí amargo. ¡¿Cómo puedes tomar café amargo?! - preguntó divertido. No pude resistir el embrujo y me acurruqué a su costado, simulando temor y frío. Leonel se me acercó un poco más y continuó conduciendo.
Tal vez por el recogimiento del paisaje y la desolación, la conversación derivó, con total naturalidad, al tema O.V.N.I. Por más atípico que fuera el viaje, Leonel dudaba seriamente de la posibilidad de que se nos apareciera uno y se ocupó de recalcar que sus creencias, se basaban solamente en lo que estuviera científicamente comprobado. Comenzamos un acalorado intercambio, en donde cada uno sostenía lo contrario del otro. Por mi parte, jamás dudaría de la existencia de hechos sobrenaturales. De modo que traté de convencerlo y de anticiparle el peligro. Al verlo tan obstinado, se lo hice saber sin tapujos de ningún tipo, es más, lo que había pensado advertir con cierto recato, lo lancé directamente y sin ningún reparo: -Mira bien esa parte del camino y tómalo con cautela. Leonel se rió a carcajadas festejando como si fuera broma. Me quedé en silencio y él se sintió ganador. En contrapartida aceleró el auto y se apresuró a ingresar en la curva. Un espantoso chirrido de gomas sobre el suelo helado y el freno que no respondió. El auto dio tres vueltas sobre sí mismo y cayó al precipicio, pero yo ya había descendido para seguir haciendo auto stop. Hace más de cien años, tuve un accidente en este mismo lugar y perdí la vida… no quiso escucharme.
 
 
*De Ana María Broglio. anamariabroglio@gmail.com
República Argentina
 
 
 
 
 
 
 
*
 
 
Fugarnos de lo mismo
 
que mira con los ojos parapeto
del lodo siempre umbral
 
que hiende hasta la nada
su índice abortivo
de todos los quizás
 
y mata por costumbre
 
Fugarnos como el alba
que sale a lo inefable
del viento que vendrá
 
y  arriesga por la vida
 
 
fugarnos de lo mismo
de una vez
y allí
-en el revés de los espejos-
escucharnos
 
 
 
*De Alejandra Alma. almaalma3h@gmail.com
 
 
 
***
 
INVENTREN
Próximas estaciones literarias:
  
SALADILLO NORTE
-Por Ferrocarril Provincial-
 
SAN SEBASTIÁN
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-las estaciones por venir en el ferrocarril Midland:
 
 
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ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.
 
ARANA. GOBERNADOR GARCIA.  LA PLATA.
 
 
 
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