Thursday, August 07, 2008

EN PERFUMADA NOSTALGIA DE SU ABRAZO...


*


Sepa que
su palabra es canto y gozo en la mirada
que en cada marca de su paso,
en el recordado paisaje que me nombra,
que nombro,
queda el corazón de esta huella ingenua
este hilo luminoso que no se aleja
porque queda...

Sepa que
en ese beso mañanero a su Madre admirable
mis labios juegan despreocupados
porque hay alma en su gesto protector
con estrellas de río
que sonríen al niño sonriente,
a los ángeles girando
la altivez de su mano en calor alimento...

Sepa que mi noche canta el canto del recuerdo
cuando lo nombra
que el día sube junto al sol
como naranjal a una estrella
con lluvia
sin espejos
y en perfumada nostalgia de su abrazo...



*De Ana Lía Gattás. analia_gattasz@speedy.com.ar






EN PERFUMADA NOSTALGIA DE SU ABRAZO...






Del Aire a Sopa*


*"Una Mañana"
Eduardo Francisco Coiro
(Inventiva Social edición de julio, 2008)



Escribir "Te Tengo Conmigo"
Es lo mismo que escribir
Que no te tengo,
Pero con otras palabras.

Los escondites en que jugábamos
Y los charcos de lodo interminables
Que solían traernos reprimendas en casa…

Escribir que "Somos Pobres"
Es casi lo mismo que escribir
La palabra hambre,
Pero con menos vocales.

Los panecitos de tierra ya no saben como sabían antes
Y jugar a policías y ladrones
Ahora parece que es de adeveras…

Escribir "Que el Trabajador
Solo es Libre para Morirse de Hambre"
Parece lo mismo que escribir que
Soñamos con fábricas y redes de pesca
Que sean de quien trabaja,
Y con campos sin rejas que sirvan al sembrador;
Solo que esto con otras palabras
Y un poco más largo.

Cuando enrejaron todo ese lodazal donde solíamos salir a jugar,
Saltamos la valla para encontrar la lluvia quietecita
Que nos esperaba nuevamente para volver a llenarnos
De tierra los pies…

Escribir, por fin,
Que "Ya No Te Tengo"
Resulta lo mismo que escribir
Que nunca te tuve,
Pero con un poco más de tristeza.

Las rejas nunca detuvieron nuestro juego,
¿Por qué lo harían ahora que esto ya es en serio?...

Escribir mil hojas en blanco
Dirían que "Es lo Mismo
Que No Escribir en Ellas",
Pero no entenderían la diferencia al final.

Y llegado el principio,
Siempre parece fácil volver a escribir…





*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com
www.opcescuela.org
www.inventivasocial.blogspot.com
www.apiavirtual.com









Cena en familia*



Había llegado la hora de la cena y dentro de la cueva había excitación. Siempre que se acercaba la hora de comer empezaba a haber movimiento en la manada. Los lobeznos salían de su letargo y empezaban a desperezarse mientras papá lobo, un ejemplar de tamaño considerable, llamaba por teléfono encargando el menú.

Mamá loba daba órdenes a los pequeños mientras iba poniendo la mesa.

- Cuidado con las carreras y cepillaros bien que me lo dejáis todo lleno de pelos.
- ¿Qué tenemos para cenar, mami?
- Vuestro padre ha encargado cena roja.
- ¡Bien! - gritaron los seis cachorros moviendo las colas de alegría.
- Lavaros las manos y a la mesa.
- Vale, vale... Ya estábamos cansados de cenas verdes.

Papá lobo, tomó posesión de la cabecera de la mesa mientras los pequeños se sentaban cada uno en su sitio habitual. Mientras esperaban que llegara la comida había un cierto nerviosismo ya que las últimas habían sido frugales y estaban hambrientos.

- Tardan mucho, mami - se quejó el lobezno mayor.
- Si, mami y tenemos mucha hambre - apuntilló su hermana.
- No os preocupéis que está a punto de llegar - respondió la loba.
- Seguro que has pedido comida roja ¿no, papi?
- Si, hijo, no te preocupes.

(toc,toc,toc)

- Debe ser la cena.. ¿Quién es?
- Caperucita Roja.
- ¡Bien! ¡Ya ha llegado! - gritaron los lobeznos con gran algarabía.



*de Joan Mateu joan@cimat.es







La utilidad de los piquetes hospitalarios*




Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Hospital Público. 5to. piso. Hab. 510. 2 camas. En una mi papa, 89 años, cáncer con metástasis en huesos, ulceras gastrointestinales y transfusiones urgentes, necesarias, que nunca llegan porque el grupo cero negativo "es muy difícil de encontrar"...y los hospitales ·"no lo quieren dar...”??!!. Obligación de hacer guardia con el paciente día y noche. Para comodidad del cuidador, una silla.
10.30 de la mañana: procesión sacro-medica, todos los días menos sábados y domingos (esos días los pacientes mejoran o se mueren por lo que no es necesario que concurran los médicos al Hospital), con excepción del Residente de Guardia que no tiene mas que comprobar si la persona (perdón, el paciente...) esta mejor o se murió. En ambos casos no vuelve a pasar por la habitación en todo el fin de semana...pero hay una "tercera posición" (siempre la hay, desde que Marx invento la dialéctica y no me vengan ahora, con que ya existía antes de Marx porque no es cierto). Esa otra opción es que el enfermo empeore mucho pero decida no morirse para joderle el fin de semana al residente...Bueno, para que están las enfermeras, chico??!!..Las pobres van y viene con órdenes contradictorias. Algunas emanadas del gran Jefe de Sala, telefónicamente por supuesto. Otras, de pequeño residente cara de orto...Ellas, finalmente recurren al sentido común, a su experiencia y deciden hacer lo que se les canta. Generalmente triunfa el Bien y el paciente mejora, por lo cual el día lunes, los médicos se felicitan entre si y le dan el alta . Y aquí viene el tema del cambio...pero no se ilusionen, es solo un monologo sobre la preocupación que surge en todo paciente dado de alta: -¿tengo cambio para la propina o tengo billetes grandes o no tengo ningún billete..???... Hemisferio Derecho: ¿Que propina se merece esta enfermera que me salvo la vida?? Todo es poco...pero el hemisferio izquierdo piensa: falta comprar los remedios, aumentaron tanto en los últimos meses, ella lo sabe...y si estamos en el Hospital es porque somos pobres....Monedas, no. Es vergonzoso, las usarían para jugar a embocarlas en el papagayo, en sus escasos momentos de descanso. Diez pesos...y, por salvarme la vida, también es poco. Pero veinte...sabes cuantas horas tengo que laburar para ganar veinte, un colorado...Finalmente se impone el hemisferio derecho y con mano temblorosa el hombre le pone en el bolsillo del delantal el billete dobladito. Ella le dice gracias , lo saluda con alegría porque le dan de alta y piensa que los médicos han hecho un buen trabajo con el. Claro, ella se merece la propina porque lo mantuvo limpito y le dio las dosis exactas de medicación indicadas por ellos. Excepto el fin de semana, pero prefiere olvidarlo...a ver si todavía, le dan un lavado de cabeza por no haber cumplido "las ordenes medicas"....Mientras sucede este pequeño ritual de la propina, la procesión
sacro-medica sigue su recorrida: el Medico Jefe de Sala, con guardapolvo blanco y pintando canas (ambos símbolos de experiencia y sabiduría), entra primero a las habitaciones, seguido por un pequeño sequito de seis residentes, TODOS de países latinoamericanos. La habitación se llena de acentos colombianos, venezolanos, peruanos, bolivianos y vaya uno a saber que más... ellos usan guardapolvos verdes y son en su mayoría, morochos. El gran Jefe para completar las diferencias es blanco, de ojos celestes...imposible alcanzar ese ideal, muchachos... pero a pesar de eso, imitan a ultranza sus movimientos, sus gestos, la manera de saludar al entrar, y sobre todo son sumisos hasta lo increíble frente al Poder representado en ese hombre de guardapolvo blanco que camina con los brazos cruzados en la espalda y siempre con cara de estar pensando cosas importantes. A su alrededor, cuchichean, se hacen gestos entre si, pero no le hablan si el no se dirige antes a ellos. Generalmente lo hace para recriminarles algún olvido o errores cometidos. Ellos como los chicos, se transfieren la responsabilidad de unos a otros, lo que provoca el fastidio del Gran Jefe. Mientras están en las habitaciones hacen salir al familiar y/o cuidador (pobre desgraciado que solo esta para poner la chata al enfermo). Después, cuando sale el sequito, no se da ninguna explicación a esos "pesados ignorantes" que los rodean pidiendo información sobre el estado de "los casos"....Pero...las sombras de los pasillos se van pasando el dato...La estrategia es axial: en cuanto los médicos salen de la habitación, hay que ponerse cerrando el paso al carrito en el que llevan las carpetas con las historias clínicas (una especie de piqueteros de rutas hospitalarias ¿Se entiende??). Cuando el carrito no puede avanzar por el corte de ruta, hay que dirigirse de manera imperiosa al Gran Jefe (los residentes no hablan en Su Presencia..) y solicitar la información pertinente...Si esta de buen humor, tal vez nos diga algo...sino, la respuesta será : esta estable por ahora...(??!!). Uno se queda pensando: estable de donde....¿Como estable??...la ulcera seguirá sangrando de manera estable..??...la metástasis seguirá avanzando de manera estable...los glóbulos rojos seguirán establemente bajos, casi desaparecidos...No, no...Yo paro otra vez el carrito y le pregunto mirándolo a los ojos celestes (sabiendo que los míos son verdes y por lo tanto, hablamos de lo mismo): ¿Cual es el estado de salud de mi papa?....Y por supuesto, se toma un tiempo para responderme utilizando la mayor cantidad de jerga medica que puede...pero a mi no me importa. Porque en la lucha de poderes, los piqueteros del pasillo aplauden interiormente sabiendo que hay alguien que hizo justicia por ellos.

-La capitana-


*De Norma Siccardi normasiccardi@yahoo.com.ar








El Mago de Oz*


-Texto de agosto del 2004-


"Sigue el camino de baldosas amarillas", le aconseja el Hada Buena a Dorothy.


Estamos sentados, mi hijo y yo, en el sillón del departamento donde viven mis hijos con su madre. Con un silencio de media tarde vemos "El Mago de Oz" la película de Víctor Fleming filmada en 1939, cuando Judy Garland tenía 17 años.
Mi hijo que tiene 10 años esta en reposo por faringitis y yo lo acompaño desde la mañana, siempre que aparece el tema de salud aparece una angustia antigua, repetida en su lenta llegada como esta tormenta sobre el cielo del Gran Buenos Aires, que se oscurece como el cielo - fondo de la granja de Kansas. Afuera hay 20 grados y para mañana se anuncia lluvia y baja temperatura.


*

Jueves a la mañana, breve discusión telefónica con la madre del niño, va a llevarlo igualmente a la escuela con frío y periodo de reposo a cuestas, le digo -inútilmente- que el sentido común aconseja resguardar al chico en su casa y que puedo volver a quedarme con él. No hace falta, además a la salida van a un cumpleaños, el mismo que ayer en persona aconseje que no vaya.

Mi madre, que esta en todo o en casi todo, grita desde la cocina: ¡Esa mujer no tiene cabeza!, y yo no se cómo decirle quédate tranquila es así y no tiene remedio.
Por las dudas ella me aclara que "no es por venganza", y que " yo no voy a poner a los chicos en el medio", me quedo entonces tranquilo y confiado en que cada descriterio no lo hace desde algún odio antiguo e inexplicable. Trato de superar el impulso por preguntar por la ironía o las paradojas que surgen de cada conducta, aunque no dejo de decirle: -el por que haces o dejas de hacer cada cosa es un tema insondable para mí, nunca lo entendí. Cosas de gente que fueron desconocidos desde siempre y ahora tienen que acordar algún criterio con dos niños pequeños "en el medio".


*

Esto no es Kansas? se pregunta Dorothy, después ver pasar imágenes reales en el torbellino. y aterrizar con su casa matando a la bruja del este. Lo lindo de los mitos y de las hadas es que no pueden ser trasladados a ningún lugar real ni presente ni pasado, seria injusto, cualquier cosa siniestra que se filtre en un cuento de hadas no debe tener parecido con ningún país del nunca jamás.
Nada de festejar, pequeñilandia no es un país de siempre-infancia. No Argentina-país-jardín de infantes.
El inconsciente no tenía muchas de esas realidades presentes y pasadas para filtrar en un relato, Lyman Frank Baum, el hijo de un magnate petrolero, escribió el libro en el año 1900, todavía las casas llevadas por los huracanes no eran bombas, ni la primera ni la segunda guerra mundial estaban sembrando muerte.
El Certificate of Death que festejan los pequeños no anuncia sombras y explosiones nucleares. Ninguna tragedia pasada o futura puede inferirse. La gente no moría quemada adentro de los shoppings consumida literalmente en el fuego de las mercancías.

Judy no se pregunta por que puede calzarse los zapatos de la bruja, son las peripecias del irse, la moraleja de salir a ver el mundo y sus peligros, y encima tener que calzar los zapatos del otro.
Y ni siquiera la infancia es un lugar donde no pueda ocurrirme nada malo. Y ella sigue por el aire, o por las baldosas amarillas de sueño / agitando vacíos / entre almas y cosas / con ojos de aire y cielo.


*

Fue un domingo cercano, mi hija tiene 5 años, por la ventana ingresa un rayito de sol dejando ver un Krill del aire flotando en el vacío que no es tal, y asi del silencio me pregunta:

-¿Cuando uno se muere no puede jugar?

Por un cielo
de luces
sueños
barcos
zeppelines
navegan.

Se va la infancia
tirada de cuerdas
invisibles.

títere quieto
barrilete sin viento

afuera un leve cielo
oscurece a pinceladas
figuras o hadas
de rojo a lilas.

un niño escapa
sin irse, en nubes.


*

Allí esta Judy Garland, o la nacida con el nombre de Frances Gumm el 10 de junio de 1922, en la esquina donde las baldosas amarillas se abren en dos senderos, quizá caminos irreversibles que se abren para siempre como en la vida. Hasta aquí duro el consejo pensé. Pero la naturaleza en los cuentos es sabia y hasta los espantapájaros hablan y dicen cosas interesantes, como las que dicen quienes estan acostumbrados a cargar con su propia Nación en un relato o en una bolsa muda de linyeras:
"Acaso muchas personas sin cerebro no hablan día y noche?". Él dice soy un fracasado por que no tengo cerebro. Lejos esta de imaginar el Espantapájaros sin cerebro una cultura de televidente, o aquí cerquita en la noche Argentina donde los cerebros han partido a un extraño limbo y sus cuerpos quedaron sentados en las camas de novela en novela hasta dormirse con el televisor encendido.
No necesito alimento, -dice, y como no puedo pensar no querré mandar.

No le creo, con el mismo razonamiento paradojal con el que deslumbro un momento antes, el Espantapájaros podría decir: "muchas personas que no pueden pensar si aprenden a mandar"
ya caeréis en mi poder anuncia la bruja del oeste para confirmar que ella vale sólo por su escena.
¿Por qué las brujas siempre se derriten en los cuentos pregunta Franco? No se -le digo, aunque más tarde pienso que sólo existen por sus efectos , por las consecuencias que generan en los demás, no existen por sí mismas, como la histeria que busca percha ajena para colgar el cuerpo o la ilusión, nada de vivir por sí mismas, esa es la naturaleza de las brujas me respondo tardíamente.


*

Desfilan los soldaditos de Pequeñilandia, creen en las brujas de Este a Oeste. Todavía le otorgan algún valor al mago de Oz, aunque asuste con los mismos miedos desoídos tres años atrás. -Antes aun- de que aviones no casas voladoras derrumbaron algún símbolo para que desde la aldea global lo vean por TV.
El amo asusta o pide por brujas o hechizos, o un atentado fortuito que cambie las elecciones.
Menos mal que unos muchachos ( salidos de una mezquita seguramente ) salieron de compras por negocios de armas tan bien surtidos buscando un lanzamisiles, y el FBI los arrestó.


*

Ella canta Last way (...) some way on the rainbow antes de la tormenta y de conocer al profesor Maravilla no puede ver en la bola de cristal que viajara en el aire de un tifón , o después del golpe por los sueños que abren el museo del ayer y dejan ver sin ver la mañana siguiente. Cierto que el mundo no es Kansas ni Texas. Ella todavía hace equilibrio como en una tensa cuerda sin llanto, y no termina de caer en el chiquero.


*
"No tengo cerebro"
"No tengo corazón"
"No tengo valor"

Paradojas, el gran mensaje del mago de Oz, es el pensamiento paradojal: buscar lo que de algún modo ya se tiene y no se puede reconocer por sí mismo.
"Los niños son fuertes porque sobreviven a sus padres" me dijo años atrás el psicólogo y ahora trato de darle la razón, cuando la cercanía del "día del niño" me deja ver el desamparo de los crecidos en edad, la gente grande que nunca salió de allí y sale a comprar una ilusión antigua para sus niños. Las cosas se arrastran pesadamente de generación en generación como un tren a pilas que se repite en su misma vía. Más aun cuando las pesadillas no se sueñan, sino se viven o mueren en la realidad.
Hace unas semanas leí declaraciones de una escritora española que decía Nadie llega a adulto sino resigna ciertas cosas. Desde ese día me pregunto sin respuesta que clase de cosas hay que resignar para ser o sobrevivir en la adultez. También recuerdo las palabras del escritor portugués que antes de ser escritor fue médico en la guerra de Angola, diciendo: las guerras en los matrimonios ( o ex matrimonios ) parecen tener una crueldad sutil e infinita, mayor al de las guerras convencionales.
Y me parece ver la imagen de mi ex-mujer embistiendo con sus hijos de ariete.


*

En el sueño, mi padre se despedía de mi desde las palabras de mi madre "quizás no quede de mí más que una sombra en el papel" o unas cenizas llegadas con el viento que hacen áspero el recorrido de la yema, luego de soplar, la hoja quedara libre con esa angustia del vacío.


*

Pobre Judy Garland.
Pobres todos los caídos de los sueños y relatos de la infancia, me digo también, tratando de consolarme en ilusiones pérdidas, cuando ya no quedan senderos marcados de ningún color.

Y quienes deberían buscar un cerebro, el corazón o simplemente valor, hoy son políticos o Presidentes de hojalata, y no les interesa nada de la humanidad, salvo el poder.




*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com









Pequeño ruido nocturno*




*Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona


UNO Barcelona es una de las ciudades más ruidosas de ese universo conocido como Tierra y así fue como meses atrás –huyendo de su centro absoluto y del ruido blanco de los coloridas turistas– nos alejamos Monte Tibidabo arriba en busca de paz y silencio. Cosas que no demoramos en encontrar, pero que volvemos a perder cada noche de sábado de este verano de crisis. Porque desde el otro lado de un pequeño valle, en los jardines de una biblioteca y club social, exageradamente amplificados, disfrutamos de los largos conciertos amateurs de un par de individuos a los que definiría como unos Simon y Garfunkel fugados de un frenopático. No llego a verlos desde mi balcón, pero los oigo a la perfección desmembrar canciones famosas con un par de guitarras acústicas. Lo que le hacen a “Losing My Religion” de REM, a “Wish You Were Here” de Pink Floyd, o a “Strawberry Fields Forever”, de Los Beatles es, seguro, algo condenable por Amnesty International y por el Tribunal de La Haya. Como no los veo, nada me cuesta imaginarlos con ese look de médico alternativo con el que se disfraza algún que otro genocida. Y lo peor de todo es que uno de ellos no para de exclamar “Oh, yeah!” mientras golpean con saña a esos hits. Y sépanlo: un español exclamando “Oh, yeah!” da tanta vergüenza ajena como un norteamericano lanzando un “¡Y olé!”. Ellos, por supuesto, tan felices y conversando entre tema y tema como si fueran los más cool mientras su público –que, por los aplausos, no parece muy nutrido pero sí muy entusiasta– no deja de vitorearlos. Supongo que alguna vez, todos juntos, habrán ido al mismo colegio y estos dos no paraban de jurar y prometerse que, cuando fueran grandes, serían músicos de éxito. Está claro que no han cumplido su sueño, pero, al menos, se las han arreglado para convertirse en mi pesadilla.


DOS Así que puse las noticias y subí el volumen. Cualquier tragedia planetaria era más soportable que mi via crucis privado. Y yo quería saber más sobre el suicidio del científico del ántrax o la demanda de los templarios al Papa. Pero me encontré con el anticipo de una entrevista que publicaría El País al últimamente un tanto cacofónico vicepresidente del gobierno y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes. A mí el hombre me caía bien. Me gustaba la parsimonia con que iba desmantelando los agoreros pronósticos de los hombres de Rajoy y del Partido Popular. Y hasta me preocupé por la salud de un ojo que tuvo entrecerrado por una enfermedad durante buena parte de la pasada campaña electoral. Ahora me doy cuenta de que Solbes en realidad estaba guiñando un ojo y que todas sus certezas en cuanto a que no habría crisis se convierten –con una curiosa mezcla de sinceridad y cinismo– en dichos del tipo “Nosotros pensamos que iba a ir algo más lento y al final ha ido más rápido” o “Hay programas electorales, pero luego la realidad es la que es” o “La promesa del pleno empleo yo siempre la vi más bien como una ambición que como una análisis técnico” o “La situación económica es peor de la que preveíamos todos”. Inquietud: ¿quiénes son “nosotros” y “todos”?, ¿yo estoy incluido?, ¿Simonet y Garfunkall también? Una cosa está clara: los votantes pueden disculpar a quienes predican un Apocalipsis que no llega pero –y así es como, cuatro meses después de las elecciones, PSOE y PP están cabeza a cabeza en las encuestas– jamás perdonarán a quien promete una Tierra Prometida que no figura en el mapa porque no existe. Y no recuerdo dónde leí que –de haber tenido un más afinado sentido de la orientación y no andar por ahí oyendo voces en zarzas inflamables– Moisés podría haber llevado a los suyos a su destino en algo así como cuatro o cinco meses máximo en lugar de tenerlos dando vueltas por 40 años en el desierto mientras declaraba, tal vez, que “nosotros pensamos que iba a ir algo más rápido y al final ha ido más lento”.


TRES Y, de pronto y sin aviso, la CNN local alteró su curso y conectó en directo con una conferencia de prensa de Cristina Fernández. ¿Qué pasó esta vez? ¿Cenizas volcánicas? ¿Humo? ¿Estampida de vacas locas? ¿Invasión de soja trífida? Argentino hasta la muerte, me preparé a recibir una nueva muestra de la ocurrencia de mi país a la hora de la catástrofe. Pero no. No era para tanto. En realidad, no entendí muy bien el motivo de la conexión, pero agradecí la oportunidad de ver un poco a mi presidenta live. Y es que no la he visto mucho. Aunque la vi más que a De la Rúa de quien –en la distancia– no conservo ninguna postal presidencial y a quien siempre pensé como el mejor Alfred para Batman. Muchos me dicen que soy un tipo con suerte. Descubrí la pasión de Cristina Fernández por toquetear microfonitos cuando, a finales del año pasado, pasaron las imágenes de su victoria y entonces recuerdo haber pensado: “A esta mujer no sólo no le gusta perder, tampoco le gusta que ganen otros”. Después, los despachos de la tolkienística guerra campo/Gobierno me la mostraban en breves fragmentos como contrapunto de esas manifestaciones nuestras que siempre me parecieron como loops y samplers de una misma y eterna manifestación original, con bombo o bombín, marchando desde el principio de los tiempos. Y otra vez la vi caminando por París, con boina muy Rive gauche, en una caminata por la liberación de Ingrid Betancourt. Ahora –noche de sábado– Cristina Fernández me recordaba a una especie de Jacinta Pichimahuida en versión dominatrix al comenzar reprendiendo a los periodistas por no informar bien acerca de la fecha desde la que no se producían conferencias de prensa presidenciales en la Argentina o algo así. La Presidenta les mostraba los dientes a los periodistas con una sonrisa torcida y contestaba utilizando muchas palabras y diciéndolas muy rápido. Zapatero –cuya sonrisa cada vez se parece más a un rictus de replicante– demoraría horas en recitar una respuesta de esta presidenta con su dicción estilo cada palabra es una oración o una idea, me dije. Rajoy ni siquiera lo intentaría. Pero lo que más me impresionó fueron los paneos de cámara sobre los periodistas allí reunidos. Sentaditos como en aula y –muy back to the future– con un look tan pero tan años ’70. Busqué a Etelvina, busqué a Cirilo, busqué a Efraín, busqué a Caballasca y esperé a que levantara la mano para ser examinado por la mandataria y, al no saber la respuesta correcta, exclamar aquello de “¡Me hirve la cabeza!”. No los encontré. Y de pronto –tan abruptamente como había comenzado– la transmisión se cortó y me imaginé a los productores de la CNN española diciéndose “acá no pasa nada” y volvamos a nuestro flamante pesimismo y Dios nos ayude en las Olimpíadas para seguir distrayéndonos como con Nadal y con la Eurocopa y con el Tour de Francia y que Alonso regrese pronto a los podios, ¿sí? Y yo –que recientemente disfruté de la miniserie John Adams de la HBO, donde se cuenta cómo fue y cómo no fue la independencia norteamericana– me dije que la política moderna es como esos covers mal cubiertos, como una versión torpe o maquillada de aquellos clásicos, como Obama jugando a JFK o a MLK, como el pequeño ruido nocturno que hace la música luminosa en boca de los que más que cantarte el Top 40 te cantan las cuarenta.

Afuera, por entre los árboles y bajo la luna, llegaba hasta mí algo que sonaba como el “Imagine” de John Lennon acribillado a quemarropa. A la mañana siguiente la panadera me informó que ésta había sido la última de las veladas musicales, pero a mí todavía me zumbaban los oídos con la febrícula del sábado por la noche. “Imagine there’s no heaven” gruñían esos dos y la verdad que, entonces, nada me costaba imaginar la inexistencia del paraíso. Luego se despidieron y, supongo, ya van camino de Guantánamo para cantarles a los prisioneros, darles una manito a esos interrogadores a los que no les gusta que les hagan preguntas, y a volar, blancas palomitas, oh yeah.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-109125-2008-08-06.html








LOS OJOS NO ENVEJECEN*




*Por Leopoldo de Quevedo y Monroy leoquevedom@hotmail.com
Colombiano


¿Qué tal que a medida que el niño crece, todos sus órganos fuesen arrugándose y poniéndose vidriosos? No sólo su piel sino sus huesos se enroscarían como guayabo añejo y sus riñones se estrecharían en el bajo vientre como un bandoneón. Su corazón se retorcería y las venas se chuparían como bomba de fiesta hasta desencadenar un descomunal infarto.

Por fortuna, - y aunque el hombre es deleznable hoja que es arrastrada por el tiempo-, el cuerpo humano se resiste al uso, la comida, la bebida, la enfermedad y los trasnochos. Pasan los años y la columna vertebral mantiene en pie al anciano y su piel no cae descascarada como pintura de pared. Apenas la edad abre surcos en la cara, las manos, la garganta. Apenas se disminuye un tanto la estatura, pero el cerebro se resiste a desvencijarse y caer de bruces.

Ayer, no más, vi de frente en el supermercado a una dama de unos 60 años, ya con las señales que tienen las hojas del árbol cuando están maduras. Unas cuantas rayas de más en su frente, sus manos todavía hermosas, su sonrisa sorprendentemente fresca. ¡Cómo sería de linda en su juventud!, pensé. Y la miré a sus ojos. ¡Qué ojos! ¡Qué lago delicioso y verde! Su viveza, brillantez, su niña, su iris y sus pestañas, estaban aún intactas. ¡Cuántas imágenes habría registrado desde niña y su retina estaba como acabada de sacar del almacén! ¿Habría llorado? Las lágrimas la habían lubricado y no había signos de empañamiento ni amargura en sus ondas de ámbar y turquesa.

Los ojos son las ventanas de la casa, siempre limpias cuando se abren para mirar el mundo. Tienen las persianas de los párpados que las guardan cuando están cansados o se cierran para dar lugar al sueño. Se llenan de luz cuando hay una noticia grata o se enrojecen si de pronto hay una tristeza honda. Pero, de inmediato, recobran su lucidez y no pierden el color que les pintó la herencia y su madre desde el primer día.

¡Cómo olvida el ser humano el tesoro que se esconde en los ojos de la cara! ¡Cómo olvidamos a veces vernos al espejo y bucear en nuestro lago de algas, corales y fresco verdor entre aguas cristalinas.

El infante, inocente y transparente, el joven, montaña de hervores e ilusiones, hombres y mujeres que han cansado sus pies entre el polvo y las estrellas, hasta el viejo y el asesino – menos en el instante de matar-, el saltimbanqui y el leproso, conservarán hasta el fin de los días la limpidez original de sus ojos en el lecho de sus órbitas. ¿Todos podrán decir que sus ventanas le han servido para asomarse a disfrutar del Universo, que las han cerrado a los vientos pestilentes y a las ventiscas que maltratan con pedruscos y ceniza? ¿Podrán decir que su mirada resiste sin escozor otros ojos que se le enfrenten en la avenida o tras el escaparate?







*




Queridas amigas, apreciados amigos:




El domingo 10 de agosto del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor mexicano Armando Luna Ponce. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Jorge "Lobito" Martínez (Paraguay). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo! Cordial saludo!
YAGE, Verein für lat. Kunst,


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 44 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



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