Wednesday, November 11, 2009

EL QUE VE MÁS ALLÁ DE LOS SILENCIOS...


-ILUSTRACIÓN DE RAY RESPALL ROJAS. (CUBA)


Etimología*




Mucha gente opina que no es importante conocer la etimología de las palabras. Saber porque al huevo se le llama "huevo", a la tortilla, "tortilla" y a Don José "Don Pepe", es imprescindible en estos tiempos.

Stefen Plumkier que dedicó toda su vida al estudio del origen de las palabras, la razón de su existencia, su significado y su gramática, ejemplarizaba con su léxico, depurado y generoso, al público que asistía a una de sus innumerables conferencias.

En la lección magistral que impartió en el Colegio de Astrónomos, cautivó al público con las aclaraciones que aportaba a un sin fin de preguntas relacionadas con la jerga científica del espacio. La mayoría tenían origen en las leyendas basadas en deidades, por eso sorprendió tanto que les hablara del Ogro.

Su voz resonaba en el claustro: "En Çatalhöyük, una ciudad que data del período neolítico, fue encontrado lo que se considera el comienzo de la historia de Anatolia. Se trataba de un fresco mural del año 6200 ADC, que presentaba en primer plano, las casas de la localidad, y al fondo, un volcán humeante en erupción; se cree que el volcán era el Hasanda. Otro fresco, actualmente expuesto en Ankara, representa pictográficamente el mismo pueblo con sus ciudadanos atemorizados por la visita de un ser tan grande, que les tapaba la luz del sol."

"El estudio conjunto de ambos frescos nos identifica el pueblo, nos da el censo de sus habitantes y nos descubre el nombre del Ogro" - Siguió Plumkier - "Este Ogro, que sumía al pueblo en la oscuridad, se llamaba Eclipse y es quien ha dado nombre al fenómeno que se produce al interponerse un objeto sólido entre un punto y un foco de luz"

La Comunidad de Astronomía, desde aquel momento, incluyó un Ogro en su el escudo como principal símbolo heráldico. El escudo se oscureció automáticamente.



*De Joan Mateu. joan@cimat.es







EL QUE VE MÁS ALLÁ DE LOS SILENCIOS...





SOY *


“Dios dijo: Ama a tu prójimo, como a ti mismo.
En mi país el que ama a su prójimo se juega la vida.”
GIOCONDA BELLI -Nicaragua



Soy mi Dios.
El que decide los tiempos de mi lengua.
Tiempos de bonanza. Tiempos de sequía.
El que permite mi preñez de oveja negra.
El que ve más allá de los silencios.
El que rompe los breteles de la silueta ingrávida.
El que todo lo puede cuando no puedes nada.
El que enciende, implacable, los cirios de la aurora.
El que da vuelta el rostro cuando tu miedo implora.
El que corta cabezas.
Sandías recostadas a la vera del sueño.
El que tira cenizas donde duerme la lluvia.
El que corta la mano y el anillo.
El que lo engarza en un muñón de jade.
El que patea el último perro, en su última noche de agonía.
El que copula con la extranjera muerte.
Y la besa y la ensalza y la vuelve ventisca.
El que tira el tarot con los santos evangelios.
El que sabe que soy bruja, prostituta y madre bendecida.
El que deletrea los signos de mi nombre.

Soy mi Dios. Mi único Díos...y mi único Demonio.



*de Amelia Arellano. arellano.amelia@yahoo.com.ar








EL VIOLÍN MÁGICO*



Era sábado en la mañana, hora en que muchos niños duermen, pero al padre de David no les resultaba nada extraño que su hijo saltara por la ventana de la sala, corriendo rumbo al parque: sabía que quería ser el primero en llegar al concierto de Tonino.

Tonino era un anciano violinista que un día llegó a instalarse en el pueblo. Se decía que había sido famoso, que había viajado por el mundo, que tuvo un nombre, pero lo cierto es que jamás lo dijo. Un día alguien había llamado a su perro, gritando ¡Tonino! y como él volteó la cabeza, así quedó en la memoria.

No se sabe si por apego al trabajo o por amor a la música, todos los sábados, a las nueve de la mañana, se sentaba junto a la glorieta y dejaba escuchar dulces melodías para el que pasara, para el que se quisiera sentar a escucharlas, para las aves y para el viento. No lo hacía por dinero: alguien echó una moneda en el sombrero que descansaba a su lado y a partir de ese día no usó más sombrero. Tras este gesto todos se limitaron a disfrutar de la música. A su alrededor se reunían espectadores de todas las edades para dar bienvenida a las notas que hacía brotar de su instrumento. Cuando terminaba de tocar, se marchaba sin volver la vista, mientras un silencio reverente acompañaba su partida, como si el eco de su increíble virtuosismo estuviera presente, sin dejar lugar a las palabras.

Desde que tuvo edad para ir solo al parque, el primero en llegar al concierto, el que se aseguraba el mejor sitio junto, el que escuchaba con más atención, era David. De tanto llegar temprano logró romper el mutismo del violinista, que de preguntarle su nombre y su edad pasó a escuchar sus historias de la escuela, del hogar compartido sólo con su padre, de sus aspiraciones... Y por increíble que parezca, se habían hecho amigos.

......................

Ahí llega David, sin resuello, y el músico lo recibe con su mejor sonrisa:

- Temprano, como siempre… ¿Sabes que falta una hora para las nueve?

- Nadie me quita el mejor lugar – dijo el niño.

- He venido sólo por ti. Cuando lleguen los demás, no estaré – le confiesa el violinista.

- ¿Cómo? – titubea David – No entiendo… ¿Vas a desaparecer?

- Me voy a otro sitio donde estaré mejor. No le digas a nadie… será como si me hubiera hecho invisible – mueve los dedos ante sus ojos, como haciendo trucos de prestidigitación.

- No te vayas. ¡Me has dicho que somos amigos! ¡Los amigos no hacen estas cosas! ¿Qué va a ser de mí sin la música?

- La tendrás. Irá contigo, si lo deseas, a donde quiera que vayas – asegura misterioso el anciano -. Cierra los ojos y estira las manos.

David obedece, tratando de evitar las lágrimas y siente un peso leve sobre una mano, luego siente que cierran su otro puño sobre algo más consistente, suave y liso. Abre los ojos y no puede creerlo: en sus manos está el violín de Tonino.

- Es tuyo, te lo regalo – dice su amigo.

- No puedo aceptarlo, ni siquiera sé tocar – responde.

- Podrás – le asegura Tonino sonriendo -, te voy a decir un secreto que no puedes contar a nadie: este violín es mágico. Con él harás milagros.

- ¿Milagros? ¿Podré incluso ver a mi madre? – pregunta ansioso.

- Hijo – el anciano se incorpora de su banco -, eso sólo puedes descubrirlo tú mismo. Ahora me voy. Si preguntan por mí… ya sabes: no sabes nada.

David lo vio marcharse. Quedó a solas, en el parque. De pronto pensó en qué sucedería si comenzaban a llegar los oyentes habituales y lo veían a él con el instrumento en la mano. ¿Y si le pedían una melodía? ¿O si, al ver que él era incapaz de sostener siquiera el arco con soltura, trataban de quitárselo? Peor aún, ¿y si pensaban que él se lo había robado a Tonino? Corrió a su casa sin mirar atrás.

Por suerte, el padre leía el periódico y no advirtió lo que llevaba entre las manos.

- ¿Terminó temprano el concierto?

- Ajá – respondió el niño.

Ya encontraría después el ánimo de explicarle cómo había llegado el violín a sus manos; le contaría casi todo, excepto el secreto. Este lo guardaría para cuando pudiera hacer milagros. De momento tenía otras cosas en que pensar: No conocía a su madre, no tenía siquiera recuerdo de su rostro. Había unas fotos suyas sobre la repisa de la sala, una mujer joven y sonriente cuyos rasgos se le escapaban de la memoria. Comprendía que era imposible verla de otro modo, pero con un violín mágico, todo podía suceder.

..................

Pasaron los días, no uno, ni dos, sino tres largas semanas intentando arrancar al instrumento algo que no fueran chillidos de puerta oxidada, maullidos de gato arrabalero… Algo le decía que no lo estaba haciendo bien, porque por más que pedía un milagro: nada complicado como “ quiero volar”, sino algo sencillo como que lloviera para no tener que ir a la escuela, que el padre se ganara la lotería, o que no se quemaran, al menos por una vez, las tostadas… nada sucedía. Había que encontrar la solución, y una vocecita le decía que las respuestas estaban en el parque.

Volvió ese sábado, cuando se cumplía un mes. El banco estaba vacío. Ya nadie esperaba el concierto. Al otro lado de la glorieta distinguió el carrito de Pedro el heladero. ¿Cómo no se le había ocurrido? ¡Él tenía que saberlo todo!

- Hola Pedro – le dijo, acercándosele.

- ¡David! Pensé que nos habías olvidado – respondió el heladero.

- Este… - titubeó el niño - ¿Sabes donde vive Tonino?

- Ah, con que eso era – sonrió Pedro -. Tonino vivía en el edificio gris de enfrente, en el segundo piso. No está bien tener un amigo y no hacerle nunca la visita.

- ¿Vivía? – preguntó asustado David.

- No es lo que temes. Se ha mudado a un hogar de ancianos, una casa grande, rodeada de una verja de hierro, cerca de la costa. No tenía familia y ya no podía valerse solo con la misma facilidad de antes, a veces es importante recurrir a la ayuda que nos brindan los demás… Pero, ¿adónde vas, muchacho?

- ¡Gracias! – gritó el chico, agitando la mano en señal de despedida.


.....................


- ¡Papá! – gritó haciendo una entrada tan tempestuosa que chocó con el revistero.

- David, se diría que vas a apagar un fuego. ¿Puedo saber qué te ocurre?

- Papá, mírame a los ojos y responde, ¿crees que soy un buen hijo?

- De lo mejor que hay, no quiero otro – dijo el padre y aspiró su pipa.

- ¿Crees que pido demasiado?

- Pues no, no lo creo… - lo miraba intentando escudriñar su rostro.

- O sea – hay cosas que toman su tiempo -, que si te pido algo muy, pero muy importante, me vas a complacer sin hacer preguntas...

- Ojalá no me pidas la luna.


...............


El hogar era amplio, se respiraba aire puro, proveniente del mar cercano. Los ancianos se veían felices, algunos jugando cartas o ajedrez, otros tomando fresco en sillones, algunos deambulaban de aquí para allá... David suspiró con alivio, había tenido miedo de encontrar algo con aspecto de cárcel - “una casa grande, rodeada de una verja de hierro” -. Al fondo, recostado a un almendro, distinguió a su amigo escuchando el canto de los pájaros. La música, aún sin violín, continuaba acompañándolo.

- ¡Tonino! – lo llamó, corriendo a abrazarlo.

- ¡Mira a quién tenemos aquí! – dijo el anciano sonriendo.

- ¿Sabes? Pensé que podía hacer el milagro. Pero hasta ahora: ¡Nada!

Tonino rió, se frotó las manos y señaló dos sillones de madera vacíos.

- David, vamos a sentarnos. Te dije que mi violín era mágico, no que la magia vendría sola, o por el camino fácil. Se necesita más que el deseo de que ocurra algo para que esto ocurra, aunque desear con intensidad sea el primer paso.

- Y, ¿qué tengo que hacer para lograrlo? – preguntó ansioso el chico.

- La magia del violín es algo que sólo puede pasar del maestro al discípulo, cuando haya llegado el momento, no antes, ni después.

- Entonces, por favor, ¿puedes hacerme tu discípulo y enseñarme a hacer magia con el violín?

El viejo sonrió de nuevo y le tendió la mano. El muchacho la estrechó.


.............


Día tras día, lloviera o brillara el sol, al terminar sus clases iba David, con su violín bajo el brazo a recibir las lecciones de Tonino. Y domesticadas, ordenadas, cada vez con más facilidad, iban saliendo las notas de las cuerdas del instrumento al ser acariciadas por el arco que empuñaba la mano que, al paso de las horas, iba dejando atrás la infancia.

Pronto amó tanto la música que comenzó a olvidar los milagros para disfrutar el sortilegio que se abría ante sus ojos cuando colocaba el violín en su hombro, transportándolo lejos de su cotidianidad. Ni siquiera se percataba de que a su alrededor se iban reuniendo los residentes del hogar, a quienes regalaba cada tarde horas de ensueño que les ayudaban a soportar el peso del tiempo.


......................


Pasaron los años, tantos que sumaron veinte.

La noche de su primer concierto, recordó las palabras de su amigo, aquellas que habían reconfigurado su destino. Y comprendió que la música es magia más allá de la tela que divide al mundo real del imaginario, al sueño de la vigilia, capaz de hacernos olvidar los deseos individuales para sumirnos en un universo sin distinciones de edades, fortunas, naciones o credos.

Intuyó que sería capaz de volar con solo proponérselo.

Mientras las notas que salían de sus manos formaban una alfombra infinita que lo elevaba por encima de la multitud que lo aclamaba, supo que Tonino, en algún lugar remoto e inalcanzable, también lo estaba aplaudiendo, y comprendió que ése era el momento tan aplazado de la entrega del secreto… Arcano que un día él tendría el deber de transmitir a su discípulo, porque así lo exigían leyes más allá de la comprensión humana.


Esa noche, en sueños, vio el rostro de su madre.



*de Marié Rojas.







EL GOL DE BORELLO*


A Elvira Onega



Yo fui de los últimos que vio jugar al Chiche Borello.
Usted me dirá que no era lo que se dice un crack -cosa que yo no comparto- porque ¿qué es ser un crack?
Sí, ya sé, adivino la respuesta: “Crack eran Lallana, Juancito Renzi o el Pelado Míguez, un poco más lejos”.
Pero mi concepto de crack tiene que ver con la alegría, que se le regala a la hinchada. Sí, sí y también con los resultados y además, si bien –concedo- no tenía una gambeta endiablada como Juancito, su fútbol era realmente alegre, pasaba la pelota como si la acariciara, corría muy rápido y como si eso fuera poco a veces la mandaba a la red.
Ya sé que casi nadie se acuerda de él, salvo algún veterano memorioso como yo y si no pregúntele al Gallego Blanco, que parece tener en la cabeza una matriz de todo lo sucedido en el pueblo desde hace 56 años, que es su edad, como la mía. Sí, ya sé que ahora está viviendo en Madrid, pero eso sólo es un detalle no un argumento.
Usted me da otra opinión, me tira otros nombres, que yo discretamente callo. Esos jugaban porque eran los novios de las hijas de algún miembro de la comisión directiva o los apadrinaba el presidente del club, que para eso era generoso, pero en verdad eran pataduras. Delanteros que no le hacían un gol ni al arco iris, arqueros que no “atajaban nada, ni el aire”, según la expresión del Gallego Blanco.
No me diga a mí, quién era el Chiche Borello. Sí, también me enteré de que murió muy joven, lejos de allí, en un remoto pueblito de la provincia de Córdoba. Al menos es lo que se comenta en el pueblo. Ojalá no sea verdad.
El Chiche Borello, como le pusimos nosotros, es el mismo jodón y bromista que ustedes llamaban El loco o el loquito Borello o simplemente Borellito, los más concesivos o generosos. Loquito Borello de aquí, loquito Borello de allá.
Sí, ya sé que ni siquiera había nacido en el pueblo y que estuvo muy poco entre nosotros, porque al padre –jefe de Estación- la empresa del Ferrocarril Mitre lo trasladó muy pronto. Pero vivió los años básicos de su adolescencia entre nosotros y tenía apenas cinco o seis años más que la barrita que lo seguía y era –obviamente- nuestro ídolo.
Recuerdo también aquella delantera gloriosa y goleadora, que se divertía humillando al adversario, la que integraba con Juancito Renzi, Palito Piombi, Costeleta Ardiles y el Negro Ismael Durán –un once de los de antes: zurdo y goleador-.
Sí, también supo jugar con el 9 a la espalda mi después amigo el Negro Bonomi, que abandonó el fútbol muy joven. De los otros, de Palito y Costeleta poco puedo decir, sólo que eran los galanes del pueblo. No, no digo que no supieran jugar o que no sintieran el fútbol, pero siempre se me ocurrió que estaban en otra cosa.
De todos ellos, sólo Durán y Juancito y el propio Chiche pasaron a primera división, y aunque no los recuerde es seguro que jugaron juntos más de una vez. Aunque el Chiche jugó muy poco, los otros siguieron muchos años vistiendo la gloriosa casaca colorada.
Usted me dice que al Chiche lo pusieron porque se enfermó el titular –el Loco Moreno, un rosarino que vistió durante años la número siete, que jugaba bien, pero se vendía muy seguido en especial con los clásicos –y, sí ¿de qué otra manera se ganaba un puesto en aquel tiempo de grandes figuras? Buscando en la Reserva quien jugara en ese puesto, así, muy simple.
Pero ese día del debut hizo un golazo, disparándole al arco desde muy lejos, aunque dejó la sensación que quiso tirar centro. Al menos eso fue lo que se dijo, pero ese día el equipo ganó –si bien a Deportivo Gödeken que iba último- y pudimos festejar hasta quedar roncos y él empezó a ser nuestro ídolo. El Chiche tenía 16 años.
Me molesta la gente que quiere restar méritos a otros y tratándose de Borello yo creo que él los tenía de sobra.
Yo lo recuerdo con el pelo cortito, rubión, la cara redonda, colorada y lampiña y ese lunar en la mejilla derecha. Cuando caminaba daba la impresión de hacerlo con una música adentro y se me hace que era esa música la que lo acompañaba para jugar con total libertad, con total alegría. Porque uno puede ser oportunista con el arco del contrario, pero con la alegría no. La alegría se la tiene o no se la tiene. Con la alegría se nace. La alegría es algo más hondo y es más bello cuando es contagiosa, que es lo que el Chiche regalaba. Contagio.
Y él caminaba como si estuviera no en la cancha, sino bailando foxtrots con la Cuca Marcelo o la Chuchi Reinoso –dos beldades máximas de aquel tiempo- en la inolvidable pista del Club Huracán, con su impecable traje blanco, de un blanco blanquísimo y los zapatos del mismo color, camisa también blanca y una corbata roja, rojísima, y que era el corrillo de todas las viejas.
Una vestimenta que alimentó la idea de la trasgresión, pasándole el mote de loco con que lo conocían los mayores. Sí, concedo, en aquel tiempo vestirse así era estrafalario, pero a él no le importaba. Solamente a un espíritu libre como el suyo no le importaban las habladurías, es más, las degustaba lentamente como a un vino añejo.
Además era el único de todos los jugadores que hablaba con nosotros, que nos tenía en cuenta a los hinchas que ni pasábamos de diez años. Tanto es así, que cuando hacía un gol se llegaba hasta detrás del arco que da a la casa de Perfecto Escobar y lo gritaba con nosotros. Sí, le digo la verdad, ¿acaso no recuerda que en el aquel tiempo el tejido y las alambradas no estaban? Lo curioso es que usted no recuerde –ya que tiene más años que yo- ese gol que le hizo morder el polvo al temible e invicto Club Atlético Chañarense, que ese año venía matando, puntero, cómodo.
Pero es más curioso que ahora diga que fue un gol de chiripa, de pura buena suerte que siempre tuvo Borello. Ahora va a decirme que sólo fue titular también por tener mucha suerte.
Ese gol –lo recuerdo- lo hizo casi de espaldas al arco y casi en la esquina del banderín del córner. Había recibido el pase de Juancito y se vino pisando la pelota, por el costado derecho de la cancha –su costado- a diez centímetros de la raya, la venía pisando como siempre y dejando adversarios por el camino, y venía riéndose como siempre hacía, hasta que se terminó la cancha. Vio el arco -vio, o lo tenía estudiado- y pegó de media vuelta, fuerte, de zurda y la clavó en el ángulo derecho. Nosotros estábamos detrás del arco, sentimos –lo siento todavía- vibrar el palo con violencia durante unos segundos y la pelota besó fuertemente la red.
Y usted me dice que fue suerte.
Y para colmo, por educación no le puedo responder lo que me gustaría, lo que en definitiva se merece.
Pero toda bonanza es breve, como sabemos, y él se fue con su familia y al parecer –siguiendo el camino de los héroes o para acentuar el mito- muy joven murió.
Al menos es lo que he oído y ahora usted me lo conforma.
Sé por Osvaldo Gago que al pueblo nunca volvió.
Sí, también supe que dejó una pobre novia esperando. Sí, ni una carta siquiera.

No, no sé el nombre de la muchacha y le diga la verdad, si lo supiera, no se lo diría.



*de Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar






*

su huella aquí en el pasto/ su pisada/ y ver caer al hombre
en la gramilla/ los extremos de la carne/ brazas/ brazos caídos
como otros/ en el colchón de pasto desde el agua/ fuego
aquí en el agua/ el crecimiento de la carne dado el lago/
vino entre las piernas/ el cuchillo/ el rastro del cuchillo/
entornándose las placas de la arena como sombras/
círculos de manos/ no/ de manos/ lo apretado/
en el colchón de carne/ lo difuso/ el pecho abierto
hacia lo móvil/ vuelo entre las aves/ la fogata



*De Liliana Celiz lilianamariaceliz@yahoo.com.ar






Secos y mojados*



*Miguel Grinberg
11.11.2009


Las evidencias están al alcance de quienes quieran considerarlas: algunas regiones de nuestro país sufren una sequía endémica, mientras otras se encuentran afectadas por dramáticas y cíclicas inundaciones. Ello afecta el ciclo normal de las cosechas y la producción de alimentos, causa la muerte de muchas cabezas de ganado y otras especies comestibles. No se trata de huracanes, tifones, monzones o tsunamis asociados con un famoso "desorden climático" que los políticos del mundo debaten día por medio sin lograr acuerdos significativos. Hoy se trata de algo usual, cotidiano. Casi burocrático.

Hace una semana, la Organización Meteorológica Mundial (OMM, que monitorea todo el tiempo la temperatura máxima y mínima del ambiente natural del planeta) verificó 46,5 grados en nuestro Santiago del Estero y casi 60 grados negativos en la base rusa Vostok, en la Antártida. O sea: una
variable de más de cien grados de temperatura en el hemisferio Sur.

No me referiré a hielos crecientes o menguantes, ni a los gases de efecto invernadero, ni a presuntas culpabilidades del mundo industrial. Sabemos que varios miles de hectáreas se han quemado en la provincia de Córdoba, donde se ha impuesto el racionamiento de agua: hace meses que no llueve sobre
alrededor de cinco millones de hectáreas cordobesas. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria informó que algo análogo afecta al oeste y el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, el este de La Pampa, casi la totalidad de San Luis, Santiago del Estero, el Chaco y el norte de Santa Fe.
Simultáneamente, las aguas del río Paraná (debido a lluvias torrenciales en sus cuencas superiores) anegan las costas de Corrientes y Entre Ríos: miles de vacas han muerto pues sus pastos están sumergidos. Las pérdidas materiales de los pobladores ribereños son cuantiosas.

Uno de los fenómenos climáticos más notorios de la última década se denomina tropicalización. Indica que las fronteras tropicales, cuyos paralelos pasan por determinadas latitudes conocidas como Trópico de Cáncer (en el hemisferio Norte) y Trópico de Capricornio (en el hemisferio Sur), vienen expandiéndose en ambas direcciones e incrementan las temperaturas de las regiones implicadas. Entre sus efectos más notorios el fenómeno lleva consigo plagas de mosquitos vectores de enfermedades como el dengue.

Una señal de los impactos económicos de tal alteración de la temperatura ambiental, aparte del pertinente impacto en la salud pública, surge del modo en que afecta sembradíos específicos como, por ejemplo, los viñedos. En consecuencia, hace una quincena, la entidad Consorcios del Vino, que agrupa
a unas noventa grandes firmas viñateras de Chile, prestó atención a los consejos de una importante empresa consultora internacional y planea trasladar sus cultivos hacia el sur de ese país porque en las zonas tradicionales todo se está volviendo más cálido y más seco.

Para saber lo que nos espera, basta observar a Australia, que durante la última década padece duros impactos de sequías e inundaciones como las ya mencionadas antes. ¿Por qué? Porque si tomamos un planisferio y analizamos las coordenadas geográficas notaremos que estamos en la misma latitud, que
es la distancia que existe entre un punto cualquiera y el Ecuador, medida sobre el meridiano que pasa por dicho punto. Buenos Aires (Argentina) se halla en 34o latitud Sur y Sydney (Australia) en 33o latitud Sur.

El proceso ambiental que reseca a unos e inunda a otros en un mismo país surge de una alteración del ciclo hidrológico (circulación de las aguas).
Primero, la luz solar evapora la superficie del océano y el vapor condensado se convierte en nubes que flotan hacia los continentes. Al precipitarse como lluvia o nieve, el agua se escurre hacia ríos, arroyos o acuíferos, o queda contenida en la alta montaña, helada. Los bosques son los riñones del planeta y retienen el líquido como esponjas. La evapotranspiración de los árboles devuelve el agua al cielo pero, cuando son talados, el circuito se corta. La tierra se reseca, el suelo se desertifica. Las nubes se van. Allí donde no reaparecen, la arena gana el territorio. Allí donde sobran, la gente anda con el agua al cuello. Secos unos, mojados los otros.

¿Quién monitorea estos asuntos en la Argentina? ¿Dónde se compilan y clasifican para volcarlas al ámbito público las abundantes informaciones referidas a las macrooscilaciones inducidas desde el océano Pacífico por las corrientes del Niño y de la Niña, sin olvidar a la corriente del Golfo, a
propósito de las convulsiones oceánicas y climáticas? La OMM lo hace desde su página web.

Cuando arden miles de hectáreas, ya es tarde. Sin una ecología preventiva, la buena tierra sucumbe sin remedio.


*Fuente: http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=33751







Y como siempre*




Es de un colgajo
mi colgar

y de una baba
mi babear

Es de una remanida utilería
mi inutilidad

Es desde una edad provecta
en la que me
entenebrecí
que alumbro

Asisto a un alumbramiento
como colgajo y baba

Y como siempre
soy un adolescente denso
perfectamente
de utilería.



*De Rolando Revagliatti. revadans@yahoo.com.ar








Correo:


Noticias de Argentina*


"Argentina afectada por un paro del Metro". ¿Argentina? Yo creía que Argentina tenía algo más que 200 Km cuadrados.
Durante 45 años viví allí, en lo que los medios llaman "Argentina". Ahora, desde 2006, vivo en el País Real, ese que se extiende por varios millones de kilómetros cuadrados y en el que vive el 93% de los habitantes.
Sí, hablando de este tema, hay un 27% adicional que vive en eso que podrían llamar los funcionarios y los medios como "lo que está rodeando a Argentina, el Conurbano".
Sin ninguna necedad de mi parte, considero que esto nos ocurre desde hace, por lo menos, 199 años. Sí, porque la Revolución de Mayo no fue de los argentinos, sino de una minúcula perte de los Porteños. fue mas "argentino masivo" Diciembre de 2001 que las reuniones de la Junta (de Mayo).
Varios (Muchos), millones de Argentinos nos estamos por quedar sin agua potable. Varios millones no la tienen nunca. Salvo cuando la línea del (café) editorial anuncia "esta semana tapamos todo con los muertos de hambre de la Puna o del Chaco".
Ahi, nuevamente, aparece un pequeño porcentaje del País intentando representar un todo.
¿El final de estas líneas? Ninguno.
La cruda realidad y la hipocresía mutua de Argentinos Reales - Argentinos Porteños parece no tener fin: Unos son cobardes ante el Poder Central y otros desprecian a todo lo que no habite entre Avenida Rivadavia y Nordelta.
Solo tendrá final una carta como esta, cuando el intendente de un lugar cualquiera sea capaz de plantarse en serio ante la Capital Provincial o la Capital Nacional. Sus actitudes cobardes son lo único que sostiene el centralismo.
Lo he presenciado en los tres espacios: Gobierno Central, gobiernos Provinciales y Gobiernos Municipales.


-Noviembre 10 de 2009-

*de Jorge de Mendonça. jorgedemendonca@gmail.com
- DNI 14.381.615 - Ingeniero White - Buenos Aires



*

Inventren Próxima estación: CASBAS.

Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

http://inventren.blogspot.com/



*


Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 89 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, edición Octubre/Diciembre/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org
bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-89

CONTENIDO:

ENSAYO: De la literatura en un mundo abarrotado. Alejandro José López Cáceres.

POEMARIO: Poemas. Mayamérica Cortez.
Poemas. Reynaldo García Blanco.

NARRATIVA: Impasse. Graciela Bucci.

AUSTRIA: Poemas. Rosemarie Schulak.

La edición impresa de XICóATL # 89 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).


Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067


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