lunes, noviembre 09, 2009

SIN MOLESTAR AL VIENTO NI AL SILENCIO...



*Ilustración de Freyja. freyja_walkyrien@hotmail.com




Poema de Cachi*



*De Horacio C. Rossi - en la terraza
(Oct.1953/mayo 2008)



Poema de Cachi … sin molestar al viento ni al silencio…
alta naturalidad de luna y sol
y frío (para mí: llego del llano, de los grandes ríos)…

y es así…

sonando esa lengua kakán de los hombres y mujeres llamados, según dicen, pulares, cuyos misterios todaviaún persisten…
lengua castellana de acá,

como la lengua venida de por allá, traslamar, y que una vez fue mía, la de allá, venida, y que ahora me hizo suyo, la de allá, llegada…

sonando esa lengua kakán, digo, sobre la vía del río entre los inmensurables cascotes…
en viaje presoñado, hacia poema…
pudiendo castiya, ansiando kakán para el poema…



(*)


Poema de Cachi… palabras que no quieren molestar al viento ni al silencio…
pisando las mismas calles que pisaron los hermanos mayores… los Dávalos, Leguizamón, Castilla…
me visto con sus nombres por dentro…

Y sigo anotando, ya de vuelta en casa, sin molestar, yo también, ojalá de silencio,
el de allá, el de acá, el de allá bajo viento, el de acá bajo ruído…

Algo quiero haber aprendido, y me miro los dentros para saber
… (ya falta menos)…
y me toco los días en Cachi, la casi nada que estuve ahí, mirando y ojalá, tan ojalá, si, algo viendo…



(*)



Viéndome, por ejemplo, frenado a propio miedo, todo entero yo, ante una tal Quebrada del Diablo, supongo, nombre que ni oí, y por supuesto que ni la bajé,
frente a los volcanes gemelos de cráter lateral, como en espejo, vieras Vos,
cerca La Poma de la Eulogia Tapia:

es como que me quise seguir estando acá, en esta casa casi todo el tiempo ajena, mundo de las zonceras, de la ciudad,
no quise confiarme al precipicio… en verdad…
desorientado, yo, conmigo,
como lo estarían allá los kilómetros decimales si existieran…



(*)



Sobre esa ruta usurpante del camino peatón de los chaskis correos trotadores
hacia y desde el Qosko Cuzco, portando quipo khipu, registros en código de barras legible en quichua keshua,

pero sonando en la prohibida y arrasada lengua kakán su corazón de aún hoy caminadores a paso digno de admirar…



(*)



y así hasta ahora, bajo todos los dominios que siguieron habiendo por lo que ahora son siglos de la era vaticana,
y que ellos siguieron sufriendo bajo las indignas de nombrar basuras que los siguieron explotando con bandera y moneda y guardia propias hasta cuándo…

“¡Señores Dueños de Casa: tengan firme su bandera, / que venimos desde Salta levantando polvadera!” decía la canción…
yo no comprentendía, claro, era niño, cómo podría haber otra bandera…
(mi mamá, maestra, me había dicho que había una sola…
parece que había muchas)…



(*)


Poema de Cachi… el tiempo es de mañana…
Cachi, sitio del último engorde de los arreos herrados, antes de tramontar rumbo al Sol, alto, o al Sol, poniente…
Cachi Adentro… con río de cascaditas… sitio de enseñar… algo pude aprender:



(*)

Aprender que no se gasta la piedra, bajo l´agua, yuyo a yuyo…
apenas, sí, se gastan las chapitas rotas de tierra asada, pinturadas, rojo y negro el marrón, con amarillos talvez, no las ví bien…

¿Rotas por qué, rotas para qué?…:

por y para que ya no tenga agua de nieve o de bicho… ¿quién?…
agua de tajo en la nube de hielo con nieve o en la tibia garganta del bicho… ¿quién?…

por romper el invasor las cosas del que ahí estaba, para que no tenga…
o por rompérselas el koya diaguita al que venía llegando, para que no tenga…

y no pueda guardar y deba se ir…
que, si no puede guardar agua, tomará hielo… tragará carne cruda y sangre y polvo… en fin…



(*)



Yo me mostré haber aprendido a lavar las reliquias monedísimas… admirarlas hasta sentirlas dentro…
y dejarlas poray… que todo eso es su casa….

Pasante, yo, nomás,
llevado por alguien del lugar, que acaso nació siervo,
y cantó, para otra turista y para mí, su copla a la Pacha Mama, tierra mamá, en los graneros secretos de los inka inca inga:

¡kusiya kusiya!... ¡animate, Mamá, Tierra!...

“tengo un vario sentimiento” cantó el guía... algo así… “madretierra”…



(*)



Agrego yo:
no sagrada, porque nada ni nadie, Señora, te hace serlo:
Vos ya sos lo que eso querría decir…
y no hay palabra, entonces… ni hace falta….:

tierra, madre, vida, amor, luz, no necesitan ninguna otra palabra,
no son menesterosas…:

¡kusiya animate, mamá!:
está pasando lo que tenía que pasar…
ciertas cosas están, pero pasando…
Vos sabés muy bien…
y pasarán…
porque pasa lo que tenía que pasar:

¡kusiya kusiya, pacha mama!...



(*)


y hay alegría en el hogar…
de rojos tapiales el hogar, color brasa del fuego:
esa arte del fuego que calienta las cosas de la vida, todas naturales:

las que parece que se mueven… las que parece que no… sin fin…
las pobrecitas que parecen gente… las que todaviaún no… las que ya no… sin fin…



(*)



y anduve, también, “la capital” del Koya Suyu, provincia incaria de todo por ahí, toporay quel crioyo diz, esa Casa Morada, en La Paya,
sitio que apenas si me parece o creo nomás visité – rollo de fotos que perdí…

diluyendo miedos y ahogos, esponja exprimida me llamo en el cuaderno…
pampeano, yo, del río Paraná,
caminando, ahí, yo, siempre, a (pajueranos o sea extranjeros a más de convencionales o sea inexistentes) tres mil metros decimales de altitud

sobre el nivel actual de la mar que alguna vez dejó por ahí su sal y sus reliquias…

solo, conmigo, en la mañana desabrochada, andariego, peregrino:
morral, cámara, prismáticos, turista...



(*)


p o e t a
(eso, tenía en común: de eso, había)
(por eso, me sentía recibido)
(y lo era, lo estaba, o no podría estar anotando ahora esto)…



(*)


Poeta venido, y llegado en buenhora
– fatiga
y a la vez descansancio –
dejando las reliquias en su sitio,
las huellas de ya haber estado por acá…

cuando era alguito, nomás, más nuevo el nevado que parece una montura perfecta para las dóciles llamas, generosas de entrega, allá atrás…



(*)


sitio lleno de niños ofrendados, de inexplicables ruídos sin derrumbes,
de avistamientos de no sé bien qué, muy bien escritos en las piedras caladas que hay

en el patio de la casa de arcada ojival:
arco de ojivas es siempre de casamayor o principal…



(*)



“No sé qué voy a decir de este viaje” anoté páginas antes de este borroneo en arreo…
y está bien… sigo así…
me voy enterando, al leer lo que escribo… lo que transcribo:

diz el cuaderno, a veer:



(*)


C a c h i …:
peña de la soledad – paisaje hermoso, en lengua kakán…
Ocasión de nombrar la verdad con belleza… por ello:
O c a s i ó n d e P o e s í a …

Originario, ya, Poema de Cachi… por cierto que sí…

Mera ocasión de “sal” para los inkcga,
como esta mi tierra Argentina fue mera ocasión de “plata” para los hambreados y ambiciosos de Europa, igual…



(*)

“líneas de argumentación para volantear a tejuela” anoté en Cachi, frente a la plaza, durante mi último almuerzo:
muslo de pollo, vino tinto de Cafayate, quesillo y miel de caña…
“estoy dado vuelta como un guante” anoté, etcétera…



(*)


Anoto a vuelatecla que, cuando el tiempo es de siesta, en Cachi,
el cielo arde,
hasta el fondo del silencio,
por sobre en cima de las cosas, todas ellas por siempre y para siempre vivas…

Cuando el tiempo es de tarde, en Cachi,
cambia color la luz, cambia la sombra,
cambia la noción de pensamiento, de sentimiento,
y tan sólo la hermosura y siempre el silencio permanecen igual…

Cuando el tiempo es de noche, en Cachi,
los turistas no nos queremos enterar qué tan afuera estamos de pertenecer a ese lugar,
y nos guardamos en los dormideros o salimos a pasear,
a comer algo poray, decimos, en sitios como también los hay en la ciudad,

o a que nos aplaste el cielo que no podemos concebir haberlo visto,
de tánto y cuánto que es…

Frecuentaré infinitamente estas nociones, hasta exponerlas cabalmente bien…
No me gusta anotar a vuelatecla – paro acá…



(*)


Anoto a bolígrafa birome, regalo de cumpleaños, invento argentino, no sé si alguna vez fue marca registrada (r.),

y digo que ahora en el Poema de Cachi yo anoto del convento novicial que ocupa ahora la casamayor (“Sala”) del señor feudal en el paraje Palermo

– quería que la gente tuviese muchos hijos, eso le gustaba –

y la escuela oficial puesta en algún galpón sobre la plaza atrio ondea su nombre de pequeña zorra, que callo con perdón de las reales zorrillas,
y en homenaje al querido poeta que se llamó acaso parecido nomás: no mas…

ondea su nombre para sobar el busto también lustrado a esclavo de los otros patrones…

y sigo viaje, repleto de asco y lástima…



(*)

comprentiendo que estamos cosechando esa siembra, con nuestra perplejidad de incomprensible, incesante duelo…

comprentiendo que tiene su justicia, la tierra, pacha,
y le pido perdón, otra vez, yo le pido perdón…



(*)


el poeta viajando por la ruta argentina 40, sin lágrima, mira, y vee…
está rojo el paisaje, atardecer…

atardecer que atardece también con ocaso para el mundo podrido, que se cae, nomás…
ya se cayó, ni por primera ni por última vez…

y que ojalá de abono digno de que ojalá algo bueno brote desde él…



(*)


ojalá que ojálah decimos, al modo de los moros, inmejorable…
y diosquiera decimos, que es lo mismo…
pero, yo, queriendo llamar a la madre, a la diosa…

que esta gente es la que sigue diciendo tener un dios que los tiene de dueños…
un tal diosmío con firma y sello y lloviznado con aspavientos…
que me importa y me aterra… pero no me interesa…

meros gestos huecos, vacíos de amor…
propios del mundo que se la pasa mostrando cómo ya se cayó…



(*)


Y así es cómo sigo viaje, alegremente, sigo viaje por el Poema de Cachi,
entre rojas arenas compactas, por ante volcanes acaso uno solo, gemelos mellizos siameses, quién sabe, no importa,
no le importa a la tierra,
a la piedra pomez de La Poma, en pirca jaspeada y en campo llamado negro, y claro, cómo, si no…

ni importa ni interesa la tánta lista de las tántas palabras:
todas sirven, nomás, para callarse uno, ahí… callarse… así….



(*)


El extranjero cuadernoso anotador, llevado en andas por un precio en moneda oficial, precio vil, através de las enormes valles del río Calchaki
(“los que vienen perdiendo”, que eso significa, si mal no recuerdo
– me miro al espejo, y lo confirmo),

valles que aquí nunca perdieron su índole de mujer, y por eso es que uno anda acunado, y nombra bien las cosas como a ellas les gusta que las llamen…



(*)


y el guía nos explica cómo se hace la chicha, en el burque ollón, ollaza, casi tinaja de hervir el mascado y macerado maíz
con el resto de l´agua que hará que alcance y baste y sobre para toda la vida…

y el churki (¿será nuestro aromito?) tiñe marrón…
la cebolla roja tiñe beige, diría mi mamá, si mal no comprentendí, copiando al voleo lo posible en el cuaderno de viaje, a paso de charla…
alzo semillas de aska, de leña dura, junto a las cataratitas de Cachi Adentro…

me destrabo… un poco… me distraigo…

las procesiones, hasta Salta ciudad, por allá, tras las impasables montañas:
desde Santa Victoria, 600 kilómetros, a pie…
130 kilos de balanza pesaba un peregrino: y llegó, a pocos pasos por vez…

y las danzas en trance de Luracatao, en fiestas ahora vestidas con nombres pajueranos… me faltó veer, tengo que volver…
tampoco estuve en Seclantás, la de la canción… y tampoco en Tastil…

y de bicarbonato para la coca, está la llista, che: ceniza de cortadera y papa hervida…

para yapar la coca…o sea: agregar, aditar, ¡mirá qué linda, mi lengua castellana!:
yapa y coca son voces quichas keshuas…

como el nacer críos yapa el jornal del deslomado en los cañaverales…
ya lo diz el diccionario: gratuitamente, sin motivo…



(*)


Me distraigo… me apaciguo… : quesillo y miel de caña… jarra de vino… tamal…
Repaso anotación: “turbina esmeril” anoté… por dentro de la “esponja exprimida”…

Ojálah transpire algo dignito, tánto aluvión…
en vayvén…

hace bien, regresar…

hace casi diez años pasé por allá atrás y seguí “al norte”, pal lao del Sol, alto…
y todos los ríos que mojan este Poema de Cachi se me están volviendo a secar hasta la próxima vez…
hasta que les sea el verano…
¡el “Padre Verano” del Manuel J. Castilla, por cierto!…
cuando deshiela arriba y además llueve en las valles…

120 milímetros decimales, decimos en la ciudad, ¡ah!, decimos, ¡miravós!, decimos:
yo nunca tuve un milímetro decimal, ni las 100 hectáreas que me tocaban cuando nací…

Yo tendría que estar hablando de Cachi, no de los milímetros ni de las hectáreas…
pero hablo de esto, porque estoy en Cachi,
o sea en la terraza de mi casa del bulevar en Santa Fe…

admirando el juego de estas acequias con su figura humana estrenando a cadenciosos turnos los cursos de las vías de agua siempre bebible
de esos ríos que fluyen hacia el Sol, que parecen subir, digamos…

(pimientos, habas…¡hippies!, en el camino a Cafayate!...)

hacia el norte, decimos: preocupados en que sea hacia el norte,
digamos que eventualmente también hacia el Sol, se podría decir, sí…



(*)


No tiene forma eso que Vos llamás Poema de Cachi, se me dirá…
Estoy nombrando cosas casi por primera vez, mirando y viendo qué hay, abarajando un aluvión…

Tirando másbién a desprolijo, tu Poema de Cachi, me dirán: le falta ritmo, rima, cadencia. Buen gusto…
Por cierto. Estoy total y absolutamente de acuerdo. ¡Y me río!

¡Cuidado!, ¡que voy a seguir!… :



(*)


Los hojaldres térreos del llamado anfiteatro junto al camino llamado del inkcga (inka o inca o inga) hacia las vinerías ahora de los doblemente pajueranos remotísimos…

en esta región o zona…

camino por donde se podría solazar el rey (por eso digo región)
como se solaza el Sol (por eso digo zona)… que solazarse es lo que hace el Sol…

en esta región o zona los hojaldres, digo, repito, mero eco todo yo, se explayan y cascotan, se pedrean y olean tiesos hacia allá,

que todo es ir allá, hacia allá,
allá, que no hay:
acá, es tan sólo poronde uno digamos que pasa,



(*)


admirando las arbolitas breas todas enteras verdes, sin hojas, todas hoja, hoja con forma de arbolita,
¡h o j á r b o l!...
que, si no tuviese la foto, no las ví, no había…

admirando…
las casas de adobe,
sin tiempo ni para qué, el tiempo ese, decime Vos…
adobe con cuál yuyo dentro…
tampu tambos, bien del tiempo de antes…



(*)


y me quedo callado… hasta que oigo la palabra:

“Ñ A U P A”: “hasta donde lo de atrás tiene fuerza hacia delante”. . .



(*)


Y paro, para agradecer:

¡Muchas Gracias, Santiago Casimiro!
¡Muchas Gracias, Katia Gibaja!
¡Muchas Gracias, Hugo Pérez!
¡Muchas Gracias, Zuleta!

(no me quiero olvidar de agradecer:
o no aprendí nada en la vida)



(*)


Los tampu “tambos”,
palabra hoy reducida a nombrar meros sitios de ordeñe vacuno, allá lejos, en la pampa húmeda litoral,
eran populosas poblaciones en el camino, centros de interminables incesantes caravanas, con todos los servicios todos los servicios todos los servicios todos…
incluídas las estatales “alegradoras” y las llamas de donosas vulvas sifilizantes…

y digo además que los tampu tambos tienen esas digamos que son ruínas porque se caen de esperar, como con guiño, al tiempo que no existe…

no existe, salvo hasta donde pueda llegar esa palabra ñaupa, que ahora sé por qué siempre me gusto tánto…
por qué la nombro, y me siento en casa…



(*)


Y ahora anoto a lápiz, mi preferido modo de escribir, lápiz sin esmalte, para que mis dedos escriban tocando directa madera…
Anoto a lápiz para seguir remando los día pasados en Cachi, pro poema… Poema de Cachi…

Sopando el pan casero en la cazuela de los datos religiosos, por ejemplo:
la procesion llamada del milagro, conjurante de terremotos, agradeciendo que no más,
enropada dentro la iglesiería pajuerana, de los que llegaron enlatados a brutear y más o menos siguen nomás así…

Pero estoy hablando de cosas sanas… así que sigo hablando para decir que:



(*)


Así, con ese ropaje, nadie nota
ni los yelmos de plata omawaka humahuaca…
ni los gorros tejidos en cono, otravez rellenos de vida hasta la punta…
ni los niños que aún tienen las aires de su última diurna luz en los pulmones,
como los de allá, en el nevado Yuyaiyaco, “memoria en l´agua”, que eso dice esa palabra ahí…

naides: muchos nadie, nadie de los naides

nota los pisones de piedra volcana, blandidos, en fiesta, por las serpientes brillantes túpaj amaru,
disfrazaditos hoy de malteados ningunos que ni reptan ni brillan,
pero siguen naciendo…

siguen naciendo…
la montonera, propriamente:
la del Cacho Peñaloza, la del Felipe Varela, la del Juan Calchaki,
siguen naciendo, estando, perdurando…

andando las inmensidades por esas vías que son apenitas una línea entre luces…
que las sombras son luces…
con puntuación guijarra, entre las tunas y las breas removibles a pie firme o a bastón, y uno entonces pasa, fácil…

la multitud de solos, la muchedumbre de únicos…

tatuados desde antes de nacer con la cóndor, la puma, la serpiente

y el duende, ese diablo farrero limpiador de penas del vivir, que eso es todo,
ni culpa ni pecado…
que esos ruidos pajueranos nos quedan siempre afuera

del tronar de los tambores achicados que usamos ahora, corazoneros, sombra de la latencia de la tierra…
y de los chiflos silbos pinchos chuzos de las flautantes quenas kenna… solas y sueltas o armando las jangadas del siku simple o múltiple…



(*)


y me nace la copla:
no es tropilla esa gente
ni tiene nadie al frente

no saben que lo saben, pero lo saben muy bien…



(*)


(a vuelatecla inserto que todos andamos como destetados prematuros, buscando amarre para nuestra deriva camalotal, buscando dueño…
quién se haga cargo, que no hay, quién nos contenga, que no hay, quién nos conduzca, que no hay, quién responda, que no hay…
y pagamos, caro, en vida, en salud, en alegría, en dinero, por ese servicio que ya sabemos que nadie nos presta:

no sabemos que lo sabemos, pero lo sabemos muy bien)…



(*)


retomando el verseo meramente hablador,
para decir que quién va a notar que están con las hachas doble faz labradas en delirio de tramas y texturas, bajo los huesos,

brindando con esos vasos kero, si es que anoté bien, brillosos de esmaltes invulnerables y ahora también de material plástico,
con ya anuales chorreaduras de cerveza o de coca cola (r.)
o de la chicha amarilla como un Sol mojado y repartido en las manos las bocas las tripas
de la gente gastando los pavimentos de la plaza del Cabildo de la Salta ciudad…



(*)


(ví la foto en el diario de Cachi,
por donde parte de toda esa gente pasó, de ida y vuelta, como a cada giro de la tierra en torno al Sol,

rogando por ante las banderas rojas del Gauchito Gil, aportando botellas con agua para la Difunta Correa, doña Deolinda, ¡kusiya, kusiya!)…



(*)


vistiendo las plumas largas pero opacas del jote o del kuntur cóndor, idóneos cómplices para pasar inadvertibles, también por adentro del cuerpo y de la vida…

acaso por defuera, las plumas, ya de plástico, más baratas y entonces mejor posibles de poder comprar al malvender los papeles y cartones,

y ondear bailando en alabanza de la señora y el señor del milagro…



(*)


los ningunos que siguen naciendo y estando …
y los turistas que, también, algún día dejarán de estar
y empezarán a ser…



(*)


comprar, digo, adquirir las plumas del cóndor y del jote y también,
para adorno de los yelmos de plata, y también como esas mantas poncho,
las pieles, con pezuñas y colas, del gato uturunku uturunco,

cuyas manchas son “Las Pléyades” de los pajueranos,
arriba del cielo que dejamos vacío cuando ellos llegaron,
y, fijate Vos:

se están muriendo de soledad, por no darse cuenta de que el vacío está lleno:
que hay que fijarse, precisamente, en eso:
en el vacío que hay entre las cosas, que es donde está lo que hay que veer…:

las estrellas son apenas las manchas de una piel… (dicho con guiño)…en fin…
supongo que ya irán aprendiendo…



(*)


YO vi la foto en el diario de Cachi, por eso anoto esto en el Poema de Cachi…

y, en serio, no se notan ni las plumas jaspeadas y ni las colas moteadas chorreándose al viento desde los yelmos de plata batida y labrada,
forrando los escudos de cuero duro y de madera curada y de piedra liviana…

los pajueranos ahora tan sólo quieren llegar a veer, al mirar, el uranio fosforescente, el oro a lavar de la montaña con cianuro,

que para ellos no es la sangre del Sol, asícomo la plata tampoco es nada de la Luna…

mientras chupan como esponjas en las carpas del campo o en los galpones para turistas el famoso “vino salteño, / macho sin dueño” de la famosa canción…



(*)


Todo lo cual yo anoto a lápiz, o sea:
carbón de madera dentro forro de madera rayando papel de madera,
según yo:

ejerciendo el don, poeta que soy…:
en el poeta yo siento que vive mi parte de acá…

todo mi resto es pajuerano, turista yo también,
criollo pronunciado crioyo como kolla se diz coya,
… ya falta menos…

como yo siempre soy el mismo, siempre digo lo mismo: ya falta menos…



(*)


A esta parte de los borroneos en aluvión la anoto reusando papeles de oficina,
hectáreas de bosques, bosques pronto tan inexistentes como las hectáreas…
y anoto para hablar y hablo para tratar de algo decir

de las piedras labradas que ornan las galerías y los patios de la casamayor o Sala de Cachi, hoy museo agradabilísimo y muy bien provisto y mostrado,

confirmante de que hubo gente por ahí de los más viejos y antiguos ñaupas de los ñaupas, hace rato,

y en las piedras las claras caladuras
con siempre alguna cruz, o el triángulo, simple, doble,

y la gente de grandes coronas, como hachas dobles, como en Talampaya, digamos, gentes radiantes, suspensas, seres de luz, enormes como sueños,

y cóndor y serpiente yarará y puma o uturunku…

Y el koya busconeando a su llama
(su permanente y compartida sífilis doméstica y endémica mataba al enlatado matón casi enseguida – justicia de la tierra)…

Y hay la wikuña vicuña espejada como en lago, o la del cielo en la tierra,
Y la llama cuadradota como señorona en su batón de jefa del hogar.



(*)



miro las fotos en mi casa del bulevar, describo…

salgo a la plaza de Cachi, rodeado de perros el Horacio, anoto en el cuaderno de viaje las piedras venidas de la roca volcana:

obsidiana, lajas, mármoles incluso travertino y alabastro, granito, yesos más blandos, esteatita piedra del sapo, arcillas, talcos, engrudos y ensaladas de piedra, de roca…

y hubo alguien que pulió esos costados indomables, y anotó a punzón, a filo, a masaje de arena o chorro de agua o besos de fuego:

una cara plumífera, sonriente, un ciclo espiral, un giro redondel, un círculo de luna en eclipse o anillo nomás, quién sabe,

y, si alguien sabe, no me lo va a decir:
yo soy de aquéllos, vengo de allá…
clarito…



(*)

Paseo las galerías del patio…
las obras de los masacrados ocupan la casa del masacrador…
de quien queda lo que en vida fue, dicho con nuestra castellana doble negación:

No Queda Nada

…y está bien, repito: tiene su justicia, la tierra… sin apuro… como toda obra de luz…



(*)


Y las tierras cristales muestran su lomo escrito, sus palabras reales, poesía verdadera, con la letra minúscula del planeta que somos:
nos falta, para estrella…



(*)


Jactancioso, engreído cascotito yo también,
me aferro, por muy quedarme allí,
a la casa de adobe y balaustrada que anda poray,

quietita,
junto al camino,
llena de historias de mundos,

lavada a soledad,
que acaso sea la lluvia más profunda, mejor honda…

y la lluvia natural de agua veraniega llegándole, entonces, de consuelo,
como un guiño en la espera
o un augurio de pronta liberación final…

habitable ruína en estilo italiano, con acento kakán…

lengua kakán que dio, sin duda, ese hablar como repechando lomas, rumbo al nevado…

nevado que, cuando se deja atrás, nunca se deja atrás, y, además,
ya hay otro ahí…



(*)


Y me alegra anotar en mi Poema de Cachi estas líneas claritas,
alegres como alegra veer el nevado al fondo de la pampa tras bajar de la Piedra del Molino rumbo a Payogasta,

esa cancha sin agua para que no la roben…
pero, debajo: uranio…

por eso son alegres y a la vez graves estas líneas claritas, horacitas…

viviente sangre bajo la greda cantan,
como los rostros de estas gentes,
como sus vidas percutidas
a viento duro, agua helada, pasto puna, maltrato cotidiano…

y los saludo:

“¡hoy ando saludador, / como estandart´e comparsa!”



(*)


Trascanto padentro y quieto como esa casa entrando a Cachi,
junto al río de los viandantes al paso, al tranco, al trote, al galope, que es la máxima velocidad para conocer el paisaje:
más rápido, ya es una mera mancha, nomás, y entonces uno sigue ajeno ignorante pajuerano enlatado etcétera…



(*)


Y para memorar todo esto es que anoto en mi Poema de Cachi
estas apenas si generalidades de un viaje de un día entero y dos mitades

que resumió el rezumo de mucho mío andado por esta tierra que me tocó habitar,
desarraigadamente, pagando tánto, todos los días, por casi nada,
creyendo hasta descreer,
desgarrándome los apegos hasta que sólo me quedaron huecos miedos vacíos…

hablo de la basura, de lo que ya no más…

rehablando de cosas sanas, digo que:

hoy vivo tan sólo por y para mis afectos,
haciendo habitable, en lo posible, al mundo,
que eso es la poesía,
en fin…

y ando lleno cada vez más y mejor de más y mejor luz…
una que es y que se está como la luz de los nevados…

muy por sobre en cima de mi cincuentona posibilidad de gozar sus cumbres,
empero cabal imagen de mi travesía,
como meta digamos que a alcanzar,
y también digamos que acaso y ojalá ya lograda, humanamente…



(*)



El verseo ayuda a contar:
cuando el lápiz frena: no seguir…
y hay que hablar
hasta poder decir…
entre luego y después, bien podrás veer
cómo poner…:



(*)



Uno de mis máximos momentos del viaje acaso fue en la Quebrada del Diablo o algo así,
cuando retrocedí, sentado, lo que se dice reculando, sobre pedregullo más que flojo y caedizo y resbaloso, hasta no veer más la curva con el precipicio,
y me quedé quietito, recobrándome, hasta que volvió el guía Santiago Casimiro…

y me dio su mano
hasta poder incorporarme yo
y continuar con nuestra compañera, turista también, nuestro regreso al auto…

resumo lo importante, dos puntos:

haber decidido, sabiendo que lo no visto hoy no vería más, no seguir descendiendo,
haber retrocedido, batiendo miedos resecos y podridos, hasta pasar un recodo que me quitó la visión del abismo y entonces retomar
no el control policial sino la armonía permisiva,
y enseguida la respiración y la limpieza de los pensamientos:

eso, por dentro…
por fuera, lo memorable fue:

aceptar la mano del señor amigo que nos llevó a pasear, todo tan lindo
“¡Vos sos cruzao con cabra!” le dije, y nos reímos…
Sin duelo alguno por lo que no conocí…

Y estaba el volcán doble con su doble caño de escopeta apoyado en la falda y apuntando al cielo que está lleno…
Escopeta negra, como este “Campo”(Negro) por tánta piedra pómez…

Y seguimos viaje hacia mejores fotos, desde pasando La Poma hacia acá…



(*)


Otro momento memorable, que ya dije y que ahora repito,
fue dejar en su sitio las reliquias que antes seguro me hubiese traído,
con todas las explicaciones y justificaciones que ahora ya no necesité…



(*)


Y otro momentazo más, tan igual de mejor,
fue haberle respetado a doña Eulogia Tapia su intimidad pastora, su día tal cual ella lo suele vivir, con sus cabras, en un cuadrado verde que vimos a lo lejos…

apenas si me traje la foto de su casa, mayora, merecida, con su arcada ojival:
espero me perdone…




(*)


Y fue justo en la Piedra del Molino donde Hugo Pérez me explicó que “puna” no es una mera altitud, sino la falta de lo que nosotro llamamos oxígeno en las aires…
hasta suele ambular, la “puna” y formarse acá o allá, fijate Vos:
esto es más alto que San Antonio de los Cobres, y acá se puede respirar lo más bien, pues los faldeos están hasta la punta verdes…



(*)


se estaba bien, allí, realmente, daban ganas de quedarse a vivir…
y por eso fue que tánta gente vivió, allí, por esos rumbos…

hasta que a la tierra se la apropiaron unos supuestos dueños…:



(*)


antes, ñaupa, la tierra era de todos, como fruto de la luz que sigue siendo…



(*)

(ya falta menos…:
no sé por qué a cada rato se me aparece eso, se me ocurre, lo dejo dicho, otra vez, así, aquí:
ya falta menos)…



(*)

como encantadas las aires del silencio, consuelo azul, dulzura y alegría, mishkyla…
me repito lo de la muuuucha gente que vivió por aquí, natural,



(*)


y llamo Poema de Cachi a todo esto, porque tiene la índole poética pues lo hago para tornar y devenir habitable (habitablecer) mi mundo que ,

al ser compartido con Vos, quizá algo contagie al recibidor y a l´aire entremedio,

fundando, de paso, los datos que trae en la memoria que haya todo por ahí,
esas fluencias entre los mundos, mejor si sin lenguaje,

fluyente como l´agua, “memoria en l´agua”: Y u y a i y a c o…:



(*)


y eso me lleva de nuevo a los niños dormidos allá arriba, y su doncella
de muy probablemente ya ejercida hembría, ya que lucía pezuñas sonajeras, muy probables reliquias de su rito de iniciación como mujer…



(*)


anoto y sigo,
extranjero ignorante tomando sol junto a la Piedra del Molino
o sobre el amurado caserío de La Paya (doble muro de piedra relleno de cascajo: marca registrada de su fabricacion inkcga)…

pendulo por mi viaje de vacaciones, días de feria, llevando en la yuspa yilka morral mi bolsita con hojas de coca y mi pancito redondo de patay que es harina de algarroba…
y deposito escribiendo sobre estas hojas, a lápiz, los paquetes abiertos llenos de mi estadía en Cachi, Poema de Cachi…



(*)


en crónica de bardo que cuenta alegremente lo general
y de poeta que dice verdades con belleza
y de vate regalando la profecía de que ya falta menos…

que ya falta menos
para dejar de estar y regresar a ser

. . .

de ahí, o como lo de ahí… propio y unánime…
con la mansedumbre que llega lejos, como el viento o el río…

como el camino que sigue natural aunque lo tuerzan recto…

y la tierra se deja cocer cacharro / que se rompe en cascote / que se polva en tierra…

y es lo que hay que aprender… aprender a sentir…
a sentirnos ahí…

en las esquirlas de cacharros halladas, alzadas, lavadas, admiradas y devueltas…
a las orillas del río en Cachi Adentro, por ejemplo…



(*)

como cuandonde me paré en mí, un poco mejor…
estuve entonces algo menos duplicado conmigo, menos descolocado inconexo mestizo criollo pajuerano…
y fui un poco mejor yo…



(*)

Estiro la masa del Poema de Cachi y la doblo al medio y la amaso de nuevo, paso la masa de mano en mano,
como en la inmemorial preparación del pan casero,
de mano en mano por las manos de los millones de gentes que siguen haciendo sentir hogareña esta larga bandeja entre estas altísimas sierras…



(*)


la diaguita espejancia del cielo…

del tiempo que, sin guiño, no se lo comprentiende…



(*)



digo que huele a casa vivida,
vivida con vidas trajinadas con naturalidad, con sus duelos y con sus risas…

y las penas haciendo valer las carcajadas,
carcajadas que hacen que las penas hayan valido:

cada cosa, a su precio real…

y la vida entre todos, por debajo y encima…
sin cada uno, no hay todos… y sin todos no hay vida…
en el Poema de Cachi ya me nacen las rimas…
la puerta no está abierta: no hay puerta… así es la vida…

Te muestro cómo rima el verseo, apenas si dejándolo andar…
me encanta eso, y espero que a Vos también…



(*)


Y lo dejo seguir, a mi Poema de Cachi, seguir nomás, trotando, entonces…
entonces que es ahora…
ahora que es todo el siempre que pueda llegar a haber….

Y lo dejo seguir trotando, como un chaski correo, o como cualquiera de ahí, de aquí, koya o mocobí, siempre trotando, y por eso nada quedaba lejos,
nada cansaba…: no tiene por qué cansar…

Y para eso, para que nada canse, es que anoto a parcelas, y que me leas sin dificultad…



(*)



Y lo dejo seguir trotando por los vastos andamios de luz que atraviesan las cosas avenando la vida de las gentes:

Que, cuando el corazon tiende a flojar,
la percusión del suave trote sostenido tensa de nuevo el paisaje, y lo mantiene a salvo de más vulneración que la ya habida,
a salvo de mejor daño, ya inconcebible…

Y esa restitución de lozanía
juega de mitigante brisa sobre la intensa antena del poeta, que agradece…

por toda esa batea que habitó la mar…

océana mar, a la que el día, al pasar, la fue llevando al cielo cristal…



(*)



llevándose también, desparramándolo poray, el cuero de los enormes bichos,
esos de los grandes huesos y dientes cuyos tamaños denuncian a los largos cuerpos y a las anchas alas y a las fornidas aletas de agraciado y temible coleteo…

esos bichos que ahora duermen en las lajas
que son cortadas a destajo y llevadas lejos por gente que vive a destajo,
para gente que gana con todo ello a granel…



(*)


Parece que el cerro vuelve a fabricar las lajas, todo el tiempo:
generoso con los suyos, justicia de la tierra, puede ser,

y tambien puede ser nomás que esos bichos no se quieren ir,
que igual le pasa ocurre acontece sucede al turista yo…

imaginate Vos que todo por ahí hasta dentro la piedra es de día…



(*)


Y los que nos desayunamos con los grandes bichos también nos quedamos a vivir, todo por ahí, ariscos como wanaku guanaco,

wikuña vicuñas por dentro, morimos por dentro si se nos encierra…

querendones atrás de lo calladito,
como lo somos para quien nos sabe buscar y nos encuentra…



(*)


Y al quedarnos a vivir,
adecuamos esa batea de la evaporada mar para la vida de la nosotros gente,

transitorios, inconstantes, torpes y volátiles, necios y menesterosos, sucesivos, crédulos, inconsistentes o sea inconfiables,
trotadores, excelentes trotadores, eso sí,

llevando al crio sobre la cadera hasta que aprenda a tirar con honda, hasta que aprenda a hilar vellón,

y pasar pisando sin variar la marcha los desniveles a una rodilla de alto, que al pasarlos trotando no hay dificultad,

llenos por dentro con la sangre densa de los arribeños,
circunvecinos de la nieve en flor…

la misma nieve que nos enseñó a callar:

no hace ruído al caer, al quedar, al derretirse…


y la tierra secada se moja y la tierra mojada se seca,

produciendo las plantas que alimentan a la nosotros gente y lo bichos que también alimentan a la nosotros gente que, entre luego y después,
alimentamos a las plantas y a los bichos

que dejamos pintados en las cosas cotidianas, al reparo de los techos, y en las paredes de las montañas, al reparo de las cornisas y, también,
los dejamos calados en las rocas y piedras

que son como monedas de la piel del silencio
que se están siempre ahí,
y las seguimos usando y gastanto y reponiendo,

a modo de esforzada calesita,
con intención de giro que, si bien ya falta menos,
aún no ha renacido danza…

si no que aún sigue, girando
chata, plana, aplastada, dificultada, trabada, dolorosamente,

lo cual,
entre tánta fértil belleza, entre tánta factible felicidad,
no parece ser sino que ES un insulto…




(*)


ya falta menos… a esa frase suelta no sé por qué la digo…en fin… ya falta menos…




(*)



Algo se acumula
y pasa el tiempo,

y queda una astilla,
ladrillito, rojo negro blanco,
entre las raíces del churki aromito espinillo,
a una rodilla de hondo bajo cascaja tierra,

inmóvil aluvión,
descascaradas cáscaras, virutas recocidas,
madera de tierra, vidrio templado de madera,
esmalte suelto, caliente al tacto:

pan recién horneado,
abrazo reciencito,
todavía y aún sin lejanía ni lejura o como mejor nos guste decir,
querido cascotito,

como un corazon nuestro que pudiésemos sentir en la mano
y dejar en los sitios del lugar,

quedando nosotros también a morar ahí…



(*)


“no es la primera vez que andamos por acá” nos encanta sentirnos decir,

oirnos por dentro,
escuchar esas palabras sonando, festivas, por ante el silencio,

ruído, sí, pero de fiesta,
por fin, como sin fin,
y de alegría…




(*)



Y ya hizo una Luna desde todo eso…

Y está nublado sobre el bulevar…

que, allá soleaba, como siempre suele,
y era de día, de siesta y tarde, entonces,
y de noche también era de día…

calladitamente impresionante,

asunto largo de callar…

y yo sigo anotando…
sintiendo ya las flotaciones de los cristales y otras cosas sutiles compareciendo dentro la lechinada literal:

lo que de todo esto quedará…




(*)



y anoto anoto anoto:

los corrales de la Casa Morada, al reparo, entre cerros…
bien visora o veedora pero difícil de veer o de avistar…
(igual que en Quilmes, por ejemplo)…

con sus flechas obuses de piedra clavadas en la falda,
marcando acaso el límite de habitabilidad, cuesta arriba…
(se quedó en mi rollo de fotos perdido)…




(*)



No hay lenguaje para todo esto. Ni importa ni interesa.

Tan sólo acaso talvez servirían palabras generales.
Abiertas como los zaguanes andaluzes de Cachi.

Abiertas como esas frondas que tornan brisa al viento.
Y nos llenan de cielo.

Y nos sentimos casi en armonía.
Casi prestos a vivir el sueño de la felicidad ambiente.
El estado de gracia.

Cosechando la siembra de l´amor que sembramos.
La caliente nutricia almohadilla vestida con la chala de choclo del tamal.

Que desvanece toda circunstancia. La torna inerte. Ni siquiera adorno.
Guirnalda crespón fúnebre gris ruína.
Barro que ya la acequia disolvió entre los verdeos puntuados de alfarerías
tan quebradísimas como invulneradas.

Y millones de gentes.

Y la lengua se aquieta dentro la boca entreabierta y callada.
Que, ahora, sonríe. Para siempre.

Y su gesto es el mío. Y final para el Poema de Cachi.


Azul.
Sin molestar al viento ni al silencio.-





Palabras de Oscar CachoAgú




HORACIO ROSSI
(04/10/53 – 18/05/08)


Esta muy fresca la memoria de Horacio Rossi. Casi, diríamos, que lo vemos caminando por el boulevard rumbo a su trabajo o, cuando suena el teléfono, creemos que es él haciendo algún comentario. Aún, la percepción, es como si hubiese ido de vacaciones, en esos viajes que solía hacer a distintas latitudes de nuestra Argentina. Y luego, escribía. Los poemas de Cachi, inéditos, o sobre el lago Lakar, de las tierras sureñas son ejemplos de esa labor.
Abordar la obra de Horacio Rossi, es incursionar más en lo inédito que en lo editado. “Silvia, cuadernos de literatura” “‘Rimitas Horacitas’ “Cuaderno de las baldosas calcáreas”, entre otros. Pero, también, los innumerables poemas y escritos que fue publicando en diversos medios o repartiendo a través de los correos electrónicos a su vasta lista de direcciones.
De todas maneras podemos decir que su oficio en las letras fue copioso, incansable y permanente. La poesía, su hermana mayor, fue escrita en octavillas, sonetos o verso libre. Con un lenguaje franco y, en ocasiones, irritante porque no tenía barreras para hablar, en la escritura, con el lenguaje de la gente. No con el lenguaje académico que, por supuesto, no desconocía. El siempre manifestaba: elige el lenguaje y luego escribe.
Por eso es tan así su novela “Lambrusco”, donde sin contarnos nos muestra cómo se fue gestando esta lengua nuestra y las mixturaciones que se dieron con el arribo de los inmigrantes y su hablar cruzado en el S. XIX. Pero él celebraba el “buen día” como saludo, que hace centurias comenzó como el idioma castellano. El Lambrusco es toda una gesta, donde Rossi hace uso de su fecunda imaginación y de su arte en la lengua para mostrarnos todas esas transformaciones que se dieron y se siguen dando en el idioma. Y lo hace a través del protagonista que observa, escucha y anota todo lo que puede. En realidad ¿no será él Lambrusco? Dice Di Bernardo que, “cabría conjeturar si acaso, más que de una novela, no estamos en presencia de un extenso poema novelado.” Es probable. Pero es un idioma que, en mi infancia, lo he escuchado.
Sus poemas tocan al hombre. Son un canto de esperanza permanente. Transmite, en ellos, la alegría por y para celebrar la vida. Basta con recorrer algunos de sus escritos.
Mencionemos sus libros editados: “Del aire hallado” “La pluma de polen” “¡AH!mor...”. Sus folletos: Mainumbÿ, “Región de las tenues voces” “Porvenir de asombros”, “De Dioses Derribados”, “Padrinazgo Nocticular”.

A estos títulos se agrega “Poema de Cachi”, recientemente presentado en Santa Fe (29/10/09) y editado gracias a la colaboración de familiares, amigos y conocidos del poeta. Fue su último poema, inédito por cierto, que nos legó a los amigos. Este poema es ahora reproducido por Inventiva Social.
Agreguemos lo que Horacio Rossi siempre decía: soy grupero viejo. Así estuvo con el grupo Tupambaé, bajo el padrinazgo de Gastón Gori; el grupo Maynumbÿ que él iniciara y, por último, el grupo Luzazul que cohesionaba en su hacer varias artes: música, poesía, danza y plástica. De éste grupo fuimos hacedores de la hoja de poesía que lleva el nombre del mismo.
Estas líneas, cabe destacar, son apenas una aproximación al autor y su oficio en el arte literario y su actividad y apoyo a las manifestaciones culturales, no sólo de ciudad, sino en la provincia. Se puede decir mucho más. Y es una tarea que queda como desafío para muchos que conocen su obra y su personalidad. Y como dijera la Prof. Alejandra Tiraboschi, en el homenaje que se le hiciera en La Urdimbre hace escasos días, Horacio Rossi hizo posible la amistad.



*Oscar CachoAgú. cachoagu@yahoo.com.ar




*

Inventren Próxima estación: CASBAS.

Colaboraciones a inventivasocial@yahoo.com.ar

http://inventren.blogspot.com/



*


Apreciadas amigas, queridos amigos,

El número 89 de nuestro Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL “Estrella Errante”, edición Octubre/Diciembre/2009, puede ser ya consultado en nuestra página en internet www.euroyage.org
bajo el link:

http://www.euroyage.org/es/xicoatl-89

CONTENIDO:

ENSAYO: De la literatura en un mundo abarrotado. Alejandro José López Cáceres.

POEMARIO: Poemas. Mayamérica Cortez.
Poemas. Reynaldo García Blanco.

NARRATIVA: Impasse. Graciela Bucci.

AUSTRIA: Poemas. Rosemarie Schulak.

La edición impresa de XICóATL # 89 puede ser puede ser solicitada a YAGE por e-mail a la dirección euroyage@utanet.at al precio de 7.- Euros (incl. envío postal).


Cordial saludo,

YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur
www.euroyage.org

Schießstatt-Str. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067


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