Wednesday, December 03, 2008

EDICIÓN DICIEMBRE 2008



ILUSTRACIÓN DE RAY RESPALL ROJAS.


INVENTIVASocial

Edición DICIEMBRE 2008
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Hojas muertas*



Cuando amaneció, el bosque era un gran cementerio. Nadie sabía el motivo de tanta mortandad. Los árboles estaban caídos unos sobre otros en una informe montaña de cadáveres. Hablaban de una guerra nuclear, algunos de un ataque con pesticidas, otros simplemente se horrorizaban en silencio.

Sin embargo todo el mundo sabía que eso podía pasar porque año tras año, el bosque iba avisando. Cada otoño las hojas caían de los árboles dejándolos desnudos. Era el cementerio de las hojas muertas. Era el aviso. Sólo era cuestión de tiempo que también los árboles murieran.



*De Joan Mateu joan@cimat.es







Fábula del Árbol de Azúcar*



Dedicado a mi mascota (Tily) que,
pese a mis inagotables esfuerzos,
aún no comprende estas cosas de la vida.



Cuando desde abajo pedimos mejoras salariales,
Nos dicen que no hay dinero.


Cuando marchamos por una mejor educación,
Nos dicen que no hay dinero.


Cuando decimos que los servicios de salud pública
Pueden ser mejores para todos,
Nos dicen que se requiere de dinero,
Y no lo hay.


Si no hay dinero
¿Porqué reforzar con novedoso armamento al ejército?


Cuando las calles se inundan en tiempos de lluvia,
Nos dicen que es que no hay dinero para remediarlo.


Cuando el frío llega
Golpeando las paredes
De laminas de alumínio nos dicen:
¿Qué se le va a hacer, si no hay dinero?


Pero cuando los bancos ven aproximarse
Algún peligro,
El dinero aparece de todas partes
Y les cae del cielo
Como un verdadero milagro.


Si el Estado ve por el bien de todos,
Y si es verdad que no tiene
Un carácter de clase social,
¿Porqué para unos no hay dinero,
Y para otros la ayuda nunca falta?




*de Hugo Ivan Cruz-Rosas. quetzal.hi@gmail.com








El viejo capitán*



Día tras día a la misma hora.
Cuando el sol pasaba por su ventana del living de su departamento en el cuarto piso.
El hombre se sentaba a fumar su pipa mirando al este. La vista fija. Una estatua que apenas cobraba vida por debajo del movimiento del humo.
Para nosotros que lo veíamos cada tanto desde nuestra ventana del 8º piso era un viejo capitán de mar. Quizá por la pipa y la barba enrulada y blanca.
En invierno se colocaba una gorra gris de abrigo igual a la que usaba mi padre y que un día de 1996 decidió regalarme.
Un loro grande del color de los loros que cada tanto se paraba sobre el hombro derecho a tomar sol con su dueño. A su izquierda se veía una gran jaula con un canario amarillo que saltaba de un palillo al otro, de este a oeste.
El loro y el canario parecían ser sus únicas compañias.
No podíamos ver la figura completa de ese hombre al que sólo veíamos y conocíamos sentado de cabeza a la cintura, pero imaginábamos que tenia una pata de palo y como en las películas de los piratas podíamos oír un lejano eco del golpeteo de su pata de palo cuando se alejaba del timón por la cubierta de su fragata.
Era sólo eso. La imagen de un hombre viejo y sólo viendo por la ventana hacia donde unos kilómetros más allá el río de la plata inunda las costas del balneario de Quilmes en las sudestadas. Durante la hora u
hora y media en que el sol bañaba de luz y calor su ventana. Luego, en su camino al oeste el sol quedaba oculto por la altura del edificio -15 pisos- dejaba luz pero ya no rayitos en invierno ni latigazos en verano.

Una semana completa de invierno llovió y llovió y no tuvimos sol.
Cuando volvimos a buscarlo con la mirada atenta al ventanal del 4 piso, la persiana estaba baja.
Así uno y otro día y meses también, hasta que ya no esperamos encontrarlo en su puesto de lucha.
Se habrá muerto, -dijo mi hijo.
No se. Quizás volvió a navegar. Y está en su nave persiguiendo al horizonte.
Hasta descubrir con sus propios ojos el nacimiento del sol emergiendo desde el fondo del mar -dije yo, con mi habitual negación a la muerte.

Lo cierto, es que también desapareció el enorme bote colgado de gruesas cadenas que el hombre tenía a la altura de su ventana. Y que según supe tiempo después, le había traído más de un disgusto en las reuniones del consorcio de propietarios del edificio.



*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com









EL RÍO*




Hondo
lejano el cielo
es de añil
y zafiro,
aguamarina
y turquesa.
Y luego el verde,
verde pino
verde oliva.
Verde
verdoso
verduzco.
Sumergido,
ondulado el río,
se pierde
sube
baja
contonea.
Entre blanco
pedregullo,
de nácar
de marfil.
El río
musical
en la tarde.
Todo el mundo
lo sabe:
El río
nombra a Heráclito.
Lo nombra.


-De: Inventario en Otoño. Poemas


*de Ana María Broglio. anabroglio2@yahoo.com.ar






Te Extraño y No Supe Cómo Escribirlo*




No hay escaleras para subir,
Solo para bajar;
Si usted cree estar arriba:
Piénselo bien, medítelo;
Puede estar en un error.


Los padres sueñan con ver a sus hijos
Volar con alas de plomo,
Para poder repeler las balas.


Policías parecidos a robles
Devastan el concreto con sus raíces.


De pronto:
Un disparo:
Cae un cuerpo.


Al partir los cantos
Una persona murió,
No importa si cayó de este lado
O si cayó del otro:
Una persona muerta,
Es una persona muerta,
Por extraño que parezca.


No hay suficientes escaleras para subir:
¿Quién las construirá?


Seguramente arriba
También hay lodo,
Pasto, rocas, flores.
De esas extrañas maravillas
Que nacen y mueren
Cuando deben hacerlo.


Consigámonos un Dios pagano,
Con todo y su Demonio pagano;
Que nos prometa la muerte
Después de la vida
Y que su credo lleve por título
"Revolución para un Dios Pagano",
Y que se especialice
En el milagro de las escaleras.




*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com




El banquete*



Después de la gran hecatombe nuclear los Plumkier, aristócratas de cuna, se reúnen cada tercer viernes de mes alrededor de una mesa, tal como venían haciendo desde el principio de los siglos. Cubertería de plata, copas de cristal de Murano y vajilla de porcelana de Sèvres. Etiqueta y traje largo.
Una enorme bandeja de plata con un asado de carne en el centro de la mesa.

Intentan que las cosas sigan como siempre y que las tradiciones se mantengan. Únicamente hay tres cambios que no pueden obviar: No hay pan, la carne no es de ternera sino de animales más pequeños y se ha instaurado un rezo antes de comenzar las comidas:

"Te damos las gracias señor por los alimentos que vamos a tomar y te rogamos que no sean tan radioactivos como el mes pasado", recitan mientras se contemplan las terribles quemaduras, las pústulas y la perdida de dientes.



*de Joan Mateu. joan@cimat.es






A ciertas y precisas edades *



A ciertas y precisas edades
el mundo que laboramos y nos contiene
se desgrana, se desliza, se esfuma
y no hay manera, forma, gesto ...
Es un tejido hecho a mano
colorido
con trazos varios
con texturas diferentes
que se disuelve para quedar en la memoria:
tul transparente, vaporoso
poblado de gestos que importan.
Es lo que queda en el arcaico rescoldo
lo que humedece el aire del cada día
lo que sostiene cualquier hacer.
A ciertas y precisas edades ...



*de Oscar Angel Agu. cachoagu@yahoo.com.ar






VUELO DE LÁGRIMAS*




Salen en silencio
pequeños pájaros de mis ojos.
Abrí las compuertas de mi angustia
para que no mueran
mis últimos ensueños.
¡Cuánta resaca recogen mis manos!
Todas las mieses las planté a destiempo.
En nada brotará una flor,
los frutos se ahogarán
en su desaliento.
Sobre ese desierto sofocante
me tiendo en cruz.



*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar





CONDENA*



No me preguntes, no, no me preguntes
por qué mi voz se ha oscurecido.
No me preguntes por qué mi sombra no refleja mis horas
Y no hay mirada, solo cuencas vacías.
Y la piel se ha esfumado
y aferrada a los huesos, una jungla de desoladas lianas
y el latido del viento ¡Ah, el latido del viento que me agobia!
Juro que lo he intentado.
No he podido acallar, sin embargo,
su latido en mi sangre.
El viento empuja las antiguas velas,
e indefectiblemente
mi pobre corazón,
condenado a ser una barcaza abandonada,
zozobra, mas no se hunde.


Tanta agua y morir de sed.
Tanta luz estelar y morir de noche.
Tanto viento y morir de calma.




*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar





LA LOMBRIZ Y LA TUERCA*



Un caluroso día de verano, descansando un momento a la sombra de un frondoso lapacho que ocupa buena parte de mi jardín; veía a dos metros, donde ésta terminaba, en pleno sol; la lenta marcha de una lombriz que sorteaba uno tras otros los tallos de la hierba, manteniendo, eso sí, una imaginaria línea recta, un vector, que conduciría vaya a saber a qué sitio de las cercanías.
Era indudable que tenía un objetivo y un propósito, aunque ciertamente nunca podría yo conocerlo. No sería más que algunas pulgadas, ya que el sol fuerte debía perjudicarla; o tal vez protegida entre el césped los cálidos rayos no la afectarían tanto como yo estaba suponiendo. La marcha a su escala era
agobiante, lenta y penosa.
Al tiempo perdí interés y cuando dejaba ya de observarla, me llamó la atención un objeto semienterrado en el piso que estaba a centímetros delante, en el camino del pequeño animalito. Era una tuerca de hierro del color del óxido, del tamaño de un buen durazno, al menos.
¿Rodearía la mole; a su escala, gigantesca? ¿Retomaría la misma trayectoria por la imaginaria recta en que transitaba? ¿O la retomaría más adelante tras hacer un atajo después de rodearla parcialmente?
¡Nada de eso! Llegó frente al obstáculo, pareció medirlo, estudiarlo., e irguió su cuerpo como un largo pescuezo; mientras se apoyaba en el resto, se balanceó un momento, como afirmándose. se levantó más, y aún más, todo lo que increíblemente era posible para su tremendo esfuerzo, y apoyó su húmedo
y delicado cuerpo en la superficie hirviente del metal. y si bien yo no pude oírlo, debió escucharse como un chirrido, como una fritura, en aquel inmenso bosque de gramillas., y la lombriz cayó encogida, retorciéndose, víctima inocente de una naturaleza totalmente extraña para ella.
Apenas un desecho, un elemento despreciado, una tuerca insignificante que los hombres dispersan como basura sin cuidar mucho, y sin pensar lo más mínimo en los pequeños seres del jardín, en la pequeña vida que teje todos los instantes, tanto como nosotros mismos, las redes de la Creación.



*De Celso H Agretti. celsoagr@trcnet.com.ar
Avellaneda. Santa Fe.






AMANECER DEL TIGRE*




¿Qué duele más, el desamor, la muerte, la locura?
¿O la fuga del girasol y la retama?
¿Del ocaso, de la aurora, del trigal en llamas?
Como un tigre enjaulado, la oscuridad
se golpea una y otra vez contra garfios de penumbra rosada.
Ronca la boca de la noche como un pez moribundo
Amordazan el grito azul del cuervo.
Solo queda "la vaga sombra, la inextricabe sombra"
No ha sido un Polifemo devorador de hombres.
Sin embargo, los Dioses y una atávica herencia
Perforaron sus vertientes de luz, con una estaca ardiente
Una clepsidra sideral ilumina los espejos perpetuos.
Regresa "el oro de los tigres"y la memoria eterna,
el ocaso, la aurora, los trigales.
.."y no hay fin "..
Como un enemigo abochornado, vencido el crepúsculo huye
ante tanta tormenta de amarillo
que deshace el día en girasoles y retamas.



*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar






Sofía*


Para Marié


Ella no busca llegar a las estrellas
ni pide que se las alcancen, sabe
con solo levantar sus pies un poquito
sobre la vereda y estirar la mano bien alto,
lograra arrancar estrellas tiernamente
y crear su propio cielo sobre el suelo.
No le han dicho que estamos lejos
y nuestras manos son ínfimas.
Ni que al otro lado del tiempo alguien cae olvidada y en sus manos aprieta
estrellas muertas.
No le han dicho que queda tonto reírse una y otra vez.
Ni han roto la barrera de la ilusión, exterminando sus sueños.
Ella con sus manos llenas de estrellas de papel, crea el universo para todas
sus noches.




*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com






VUELO*



Abre tus alas,
Cual pétalos de rosa,
Hija mía.
No temas a la fragilidad de la belleza,
Eres más fuerte de lo que el mundo piensa.


Déjalas remontarte en suave aleteo.
¿Será este trozo de firmamento
que admiramos
demasiado pequeño
para tantas ansias de vuelo?


Toma pues, el universo,
Que brota de mis manos,
El tiempo que gotea de un viejo reloj de arena,
La marcha apurada de los cuatro vientos,
El polvo de las más antiguas estrellas...


Y ve tan lejos como quieras,
Sin dudas ni remordimientos.
Parte ya, dulce viajera,
Llevas contigo
Mi beso.



*de Marié Rojas.






Tu voz de cuentos*



traza callecitas
en mi cuerpo
indaga sus templos dormidos allí
donde Cristos niños
soplaban pájaros de barro
que de súbito salían
volando
pone cigüeñas en los campanarios
y tocan a rebato las asediadas
campanas del sentido
como el agua busca su cauce
lo encuentra
lava toda opacidad
y crecen en lujuria enredaderas
de flores blancas que nos nacen
nos abrazan
Va tu voz de cuentos
por recónditas escaleras
trepa la piel en un aliento
tibio
va por ángeles hace tiempo
desterrados
los llama por sus nombres
los arropa
los angela a puertas
del paraíso perdido.



*de Verónica M. Capellino. veroaleph@hotmail.com









XVI*



Qué noche deshecha
cierne sombra
en tu pelo
qué pájaros
cantan en tu balcón
por las mañanas
qué rubor te ilusiona
con principes lejanos.


¿Y yo quién soy?
Tal vez ese gorrión
que sobrevuela tu labio
tan suave tu pupila
de mar
tu rodilla de arena.



*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar






*


No hay amor en el vacío
Ni hay corazón
que lata tan fuerte
en el abandono.
No hay razón para
El olvido
ni recuerdo
en las memorias
No hay nostalgia
de las paginas no escritas
Ni humanos tan comprensivos
Que entiendan el dolor.


*De Freyja freyja_walkyrien@hotmail.com







Pequeñeces*



Ella a veces me devuelve a la infancia.
Dice que será motociclista, violinista, aviadora.
Dice que tendrá una fábrica de chocolates y una calesita propia para andar
hasta que se aburra sin pagar boleto.
Dice que cuando crezca será así de alta, jugará basket y no irá a la
escuela.

Ella es todo proyecto en su cumpleaños número ochenta y siete.
Yo soy todo el silencio.



*de Diana Poblet. soydian@yahoo.com.ar





Los monstruos*



Surgen de lo más profundo del armario. Son unos gritos guturales, horripilantes y continuados que a veces se trasladan debajo de la cama.
Incomprensiblemente se detienen cuando entran mis padres o cuando se enciende la luz.

Tengo mucho miedo. Cada noche retraso todo lo que puedo la hora de ir a la cama, pero mis padres son inflexibles y cuando se acercan las diez ya empiezo a temblar. Tampoco me dejan tener la puerta abierta ni la luz encendida porque dicen que un niño de siete años ya es demasiado mayor para
creer en fantasmas, monstruos y estas cosas.

Lo peor de todo es que mi miedo va creciendo y, aterrorizado, me hago pis en la cama. Ayer volvió a ocurrir y mis padres entraron en la habitación muy enfadados. Mi madre me arrancó las sábanas mientras gritaba que un niño no debe inventarse cosas y mi padre me metió en la ducha con agua fría,
amenazándome con que si eso se volvía a repetir me encerraría en el armario una semana.

Ahora estoy en la cama mucho más tranquilo. Ya no me hago pis y no es que no tenga miedo a los sonidos y gritos del armario, es que tengo mucho más miedo a los gritos y amenazas de mis padres. Ellos están contentos porque dicen haber conseguido curar mi "cuentitis"




*De Joan Mateu joan@cimat.es






Viento tostado y garapiñado*



Estos son días en que se habla de festejos
Y libertad,
Pero bien cabría preguntarnos si la deuda externa,
Las valiosas recomendaciones
Que nos hace el Banco Mundial,
O los tratados de libre comercio
También venían en el mismo paquete
O si nos los han regalado por pura cordialidad.


Ahora se habla de los héroes que dieron su vida
Para heredarnos Tierra, Justicia y Libertad;
Y también de los revoltosos de hoy
Que no entienden que la Revolución
Solo es el nombre con que se pide
Una monografía en las papelerías,
Para la tarea escolar.


Hoy son esos tiempos
En que todos se enorgullecen
De los grandes rebeldes
Y se cuenta de cómo en su tiempo eran tachados
De locos irreverentes,
Peligrosos para la paz y el bienestar
Y se hace,
Por supuesto,
La aclaración de que en nada se parecen
A los inconformes de hoy.


Hoy son los tiempos de los ricos y de los pobres,
Antes también lo eran.


Son los días para salir a las calles celebrando
Que las cosas han cambiado,
Aunque andemos igual.


Son estos tiempos de festejo
Donde las balas del Pueblo son aplaudidas,
Y hasta salen en televisión,
Se les montan exposiciones
Y todos quieren salir en la foto con ellas.


Mientras tanto,
Nosotros miramos.


Hoy son estos tiempos de recuerdos
Que parecen presentes,
Y somos los mismos:
Somos los olvidados,
Los que de vez en cuando son encontrados,
Los mismos de entonces,
Los que recordamos el pasado
Y que a veces levantamos la voz a unos oídos sordos
Que se asustan si escuchan balazos.



Somos los mismos de ayer
Con otros nombres;
Y festejamos desde abajo,
En silencio,
Entre los libros,
Fatigados por el trabajo,
Con nuestros corazones latiendo,
Con nuestros presos,
Nuestros muertos.


Pero estamos en estos días de festejo
Y júbilo nacional,
Donde parece nuevamente
Que a nadie importamos.



*de hugo ivan cruz-rosas. quetzal.hi@gmail.com

En el año de 1910, durante la dictadura del Gral. Porfirio Díaz, se iniciaron los levantamientos armados en la llamada Revolución Mexicana. Cada 20 de noviembre es conmemorado el inicio de esta revolución, que nunca fue terminada.





HACERSE MAGOS*



Ese ahuecarse el corazón
Y hacerse magos...
Violín que desespera,
Hora no devela su escondite.


Hora juega a acunarse entre la hierba,
Dibuja caracoles, sombras,
Deja asomar la aurora y parte...
Dejando cenizas tras la escarcha de sus juegos.


Violín ha llegado tarde,
Ya no es tiempo de danzar junto a la hoguera,
Solo rescoldos, mudos.
Lo contemplan.


Toma una brizna de viento, canta,
Esparce una nueva melodía
De adiós y soledades.
A cien millas de distancia, hora muere.



*de Marié Rojas.





Convocatoria*


El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,



*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
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