Sunday, December 14, 2008

EL JUEGO DE LA DESPEDIDA...



*ILUSTRACIÓN DE RAY RESPALL ROJAS.

JUGUETE*



Ana María fue una niña muy pobre, hasta a los quince años no se puso un par de zapatos, trabajó desde los seis para mantener a sus cada vez más numerosos hermanos. Aprendió a leer entre los doce y los catorce, trabajando de conserje en una escuela, espiaba las clases por la ventana, repitiendo en voz muy baja las lecciones; antes de limpiar el pizarrón tomaba restos de tizas y trataba de dibujar las letras, a los dieciséis ya fue capaz de leer una novela, todavía recuerda como le nacieron sus primeras alas.

En ese humilde hogar, donde nadie se pudo dar el lujo de asistir a la escuela, mucho menos se podía soñar con tener un juguete. A los siete años, Ana María trabajaba en una finca a cambio del almuerzo y de una cantina con comida para sus hermanitos. Parte de sus funciones consistían en abrir y cerrar el portón donde las crías de ganado aguardaban a que terminara el ordeño para ir a alimentarse.

Un día llegó un nuevo inquilino a la granja, un potro precioso, apenas separado de su madre. Ana María quedó encargada de su cuidado. Enseguida tomó un inmenso afecto al potrillo, que le hacía mil mimos mientras ella lo cepillaba y acariciaba su suave crin. Le puso por nombre Juguete, ya que nunca tendría otro que aquel. Pronto comprendió, que aunque el amor que sentía por su madre y hermanos no mermaba, el que profesaba por el caballito era cada vez mayor.

Cierta vez, en su casa, escuchó a la madre y a una de sus tías hablar de una prima, ya adulta, que estaba de novia con un campesino de la zona. Los comentarios versaban alrededor del muchacho, muy bueno, trabajador, honrado, que la quería mucho...

- Yo también tengo un novio, es muy bueno y me quiere mucho – dijo de pronto.

- ¿Y quién es, señorita, si se puede saber? – le preguntó su madre.

- Un caballito de la finca donde trabajo.

Los mayores prorrumpieron en risas sin darle otra explicación. Tuvo ella que preguntar al dueño de la finca qué había en su frase que motivara tantas burlas, él le explicó que las personas se hacen novios solamente de otras personas, como los gallos de las gallinas, las vacas de los toros, los caballos de las yeguas... Convencida entonces de que su amor, si bien muy fuerte, era de otra índole, siguió cuidando de Juguete.

La noticia de que debían mudarse a un pueblo bastante alejado y por tanto, debía dejar su trabajo en la finca y buscar otro, la golpeó una noche con toda su fuerza. Por ser la mayor, tuvo que ayudar en la recogida. Mandaron a uno de sus hermanos con el recado, ella no pudo siquiera despedirse del caballito.

Pero la nostalgia la corroía por dentro. Un día no pudo más, y en vez de ir a la casa donde ahora trabajaba, comenzó a desandar el largo camino que recordaba haber cruzado para llegar a esta nueva casucha donde ahora su familia intentaba salir de la miseria, sin comprender que era el mismo mal, apenas cambiando el rostro por otro tal vez más triste.

No era lo mismo en carreta que andando, los pies se le ampollaban, llenándose de pequeñas cicatrices, pero la voluntad de ver por última vez a su amigo color canela era más fuerte. Finalmente, al caer la tarde, atravesó un naranjal y divisó la finca.

La encontraron en la puerta, transida de dolor y cansancio. El dueño de la propiedad, un campesino recio que había llegado a tomarle afecto, la llevó cargada para el interior, lavó y curó sus pies y le dio a beber un vaso de leche tibia. Cuando la vio más recuperada, le preguntó que hacía allí, tan lejos de su casa.

- Vine a despedirme de Juguete.

El caballito había sido vendido. El dolor de la niña fue tan fuerte que sintió que algo la atravesaba por dentro, como un puñal, y perdió el sentido.

Esa misma noche la devolvieron a su casa, uno de los peones de la finca la llevó en una carreta. La golpiza fue doble, de la madre, por haberse marchado sin decir a dónde iba, del padrastro, porque había faltado al trabajo y ese día no habría paga.

Pero estos dolores no importaban, porque uno mayor anidaba en el interior de Ana María, para no abandonarla nunca. Juguete, con sus alegres corcoveos y su enorme cabeza apoyada en su hombro, que apenas levantaba un metro del piso, le había hecho descubrir el amor, la pérdida, el abandono, y ahora se resistía a mostrarle el camino del olvido.



*de Marié Rojas Tamayo
(Del libro “De Príncipes y Princesas”, editorial El Far, Mallorca, 2006)





EL JUEGO DE LA DESPEDIDA...




Hay que cuidarse*



Después de hacerme un análisis para determinar mi peso ideal y la masa corporal, hace más de dos meses que sigo una dieta controlada en la que he sustituido los azucares por edulcorantes, además de tomar las bebidas, galletas y yogures sin azúcar. No como embutidos ni grasas (tocino, mantequilla, nata, etc) y he eliminado los fritos cocinando hervidos o a la plancha. Ceno únicamente una ensalada con una infusión de té rojo y bebo tres litros de agua al día.

Cada mañana hago una tabla de gimnasia de 30 minutos con ejercicios de abdominales, torsiones de cintura y flexiones que complemento con 15 minutos de bicicleta estática. Por las tardes camino 5 kilómetros diarios y tres veces a la semana bailo Batuka.

Mi arsenal de cosméticos se compone de: Barra de labios Dragée Luminelle de Yves Rocher, Blushing Daisies The Body Shop, Colorete H&M, Perfume sólido l'Occitaine, Body Butter Fruity Fresh by H&M, Sombras de ojos Summer Collection, Silk Gloss de Max Factor, Hydrance leche corporal Avène, Glam Bronze Minerals de L'Oréal Paris, Desmaquillador Plumkier, "Move your lips" The Body Shop, Signature Lipstick de Estée Lauder, Fluido iluminador de The Body Shop, Crème Nivranesque, Maquillaje Color Adapt de Max Factor, Eau de Toilette Naturelle, Mascara Captiv'eyes, Dior Addict High Shine, Double Wear zero-smudge, Polvos sueltos Blended Face Powder, Joli Rouge de Clarins, Leche de cuerpo Emporio Armani Diamonds, Moisture Surge, Muscle Easing™ Bath Soak, Fresca escarcha de Bambú.

He llegado a la conclusión de que todas estas medidas me han convertido en una mujer invisible porque desde que lo hago, tu ni me miras.


*de Joan Mateu joan@cimat.es




COMO CURAN LOS MEDICOS QUE SE DISFRAZAN DE PAYASOS
La terapia de la risa*

Son profesionales de la salud que, con nariz de payaso, usan el chatarrango, mitad chata, mitad charango. O el médico vudú, para que los pacientes se desquiten. Ya son 300 y recorren los hospitales en busca de la risa que ayude a curarse y vivir o, llegado el caso, que ayude a bien morir. Su
práctica incluye el psicoanálisis y la teoría teatral.



*Por Pedro Lipcovich

Nada más serio que un payaso. Esta verdad, que todo niño ha intuido, se torna rigurosa tratándose de los payamédicos argentinos: son profesionales de la salud que se han formado en las técnicas del clown para generar, en pacientes de hospital y otras instituciones, una risa que ayude a curarse y vivir o, llegado el caso, que ayude a bien morir. A diferencia de payamédicos de otros países -empezando por el sentimental y pintoresco personaje de la película Patch Adams-, los argentinos buscan sustentar su
práctica en una búsqueda que incluye el psicoanálisis y la teoría teatral, sin omitir la investigación de los valores de tensión arterial y frecuencia cardíaca antes y después de sus intervenciones. Pero, lectores, la función está por comenzar. Pasen y vean a la adolescente que, persiguiendo a un hospianimal, se cura; pasen y vean al hombre que, antes de su último viaje, aprendió cómo se juega a viajar; pasen y vean el estetosflorio y la jeringaraca y al único hombre en el mundo que, con un tubo en la tráquea, es
capaz de reír.
Hay una prehistoria de los payamédicos argentinos, que se inicia en 1998, cuando el médico José Pellucchi funda Hospiteatro, que representaba escenas ante la cama del paciente. Desde el año 2000, "nos pusimos la nariz de clown", recuerda Pellucchi, que en 2003, junto con la psicóloga Andrea
Romero, fundó oficialmente la agrupación Payamédicos. Hoy son 300 payamédicos en todo el país. Trabajan -siempre como voluntarios- en hospitales de Salta, Neuquén, Resistencia, Rosario, Bahía Blanca. "En la ciudad de Buenos Aires estamos en el Clínicas, en el Bonorino Udaondo, en el Ramos Mejía, el Alvarez y en el Muñiz, donde trabajamos con chicos con inmunodeficiencia. También vamos a geriátricos como el Ledor Vador, de la colectividad judía. En La Plata, estamos en el Hospital de Niños Sor María Ludovica, y pronto estaremos en los hospitales Rossi y San Martín", cuenta el fundador.
Las payasadas de los payamédicos son complejas y se planifican caso por caso. Por ejemplo, cuenta Pellucchi, "una adolescente había sido operada de una desviación en la columna vertebral; gracias a esa intervención pasó a ser más alta: ahora parecía más una mujer, y no ya una nena. Pero eso, así de golpe, puede no ser fácil en la adolescencia, esa edad que se debate entre la niñez y la adultez. Y ella, después de la operación, se quejaba de dolores que le impedían caminar; los traumatólogos no le encontraban causa a ese dolor, y para la rehabilitación era muy importante que ella caminara.
Entonces, pidieron nuestra ayuda. Los payamédicos, luego de estudiar el caso, organizamos un safari fotográfico, no por la selva sino por el Hospital de Clínicas: un payamédico, junto con la chica, trataban de fotografiar a otro payamédico que era el hospianimal, que sólo permitía que se viera su cola, nunca se dejaba fotografiar entero; allá iban todos por los rincones del Clínicas y el hospianimal siempre se escapaba. Hasta que 'Uy, mirá lo que caminé y no me dolió...' -recuerda Pellucchi que dijo la chica-. Así la paciente pudo comenzar su rehabilitación y a los tres días se fue de alta."
La jornada de trabajo voluntario de un payamédico dura varias horas. La primera hora se dedica a obtener información sobre cada paciente, con los médicos y enfermeras que lo atienden. "Cuanto más podamos saber del paciente, mejor, porque eso nos ayuda a evitar decir o hacer cosas que puedan resultarle hirientes, como en el caso de la adolescente que no podía caminar, a trabajar con su deseo; nuestras intervenciones, aunque se den en el plano del humor y de lo estético, siempre apuntan a un cambio."
Sigue una media hora para vestirse y maquillarse y después, sí, una hora y media o dos horas de actuación, ante tres, cuatro o cinco pacientes sucesivos. "Trabajamos con todas las patologías y con todas las edades." En general, actúan de a dos. "Pero a veces es uno solo: por ejemplo con bebés o
con pacientes terminales, que han hecho una relación importante con un payamédico en especial y prefieren esa intimidad."
Pero, ¿qué relación puede haber entre un payaso y un moribundo?
"Uno de nuestros ocho grupos de investigación, coordinado por una psicóloga especialista en cuidados paliativos, se dedica a la tanatología, a la cuestión de la muerte -contesta Pellucchi-. Tratamos de que cada uno de nosotros tenga la mayor preparación sobre este tema, que nos planteamos desde la perspectiva filosófica en autores como Baruch Spinoza. Pero sólo trabajamos a partir de lo que el paciente plantea. Nuestro trabajo es distinto de lo que puede verse en la película Patch Adams (con Robin Williams), donde la cuestión de la muerte se trata en forma más directa. En nuestro trabajo, la muerte suele aparecer a través de metáforas. Es frecuente el tema de los puentes, en el imaginario la muerte suele presentarse como ese lugar de tránsito. Recuerdo un paciente jujeño, que precisamente trabajaba en el puente por donde, desde La Quiaca, se pasa a Bolivia y, en sus últimos días, el trabajo se organizó alrededor de puentes que llevaban a otros planetas, otros lugares, y todos sabíamos que el puente era otra cosa. Otro paciente, paraguayo, iba a volver a su país a morir, y quiso trabajar ese viaje jugando con un tren; le llevamos un tren de juguete, y resultó una intervención muy intensa porque él nunca había tenido juguetes, su infancia había sido muy dura y por primera vez en su vida tenía
un juguete. No se habló de que ese viaje en el tren de juguete era su despedida."
-Sus ejemplos muestran una participación muy activa de los pacientes.
-Sí -contesta Pellucchi-. Para nosotros, un signo de buena respuesta terapéutica es la "payasización" del paciente: se payasiza, no sólo porque en su cama pueda ponerse una nariz de clown, sino porque empieza a usar un lenguaje que escapa de lo real. Nosotros jamás hablamos de lo real; el clown no habla directamente de la enfermedad y la muerte, sino que tiene un lenguaje fantasioso, poético. Y cuando el paciente también empieza a hablar de ese modo se generan cosas muy intensas. Es difícil explicarlo, los
artistas lo pueden entender, pero no hace falta ser artista para transitar esto, o todos podemos devenir artistas y generar ese espacio intermedio en el que el clown se mueve.
Pero entonces, ¿qué es un clown? Es un actor que ha roto "la cuarta pared".
"En las obras de teatro -observa Pellucchi-, el actor no se relaciona directamente con el público: no lo mira, o mira en forma abtracta, como si hubiera una pared, la llamada cuarta pared del escenario; el payaso, en cambio, se vincula con su público, lo hace participar. Pero -puntualiza el payamédico- nunca se permite hacerle pasar un mal momento. El clown no es ni agresivo ni erótico; si fuese agresivo, sería, en términos técnicos, un clown 'abufonado'; y la vertiente erótica conduce al burlesque, género que
está en el origen del café concert."
Pero volvamos al hospital.
"Después de una intervención payamédica donde el paciente se rió mucho, suele caer la necesidad de sedantes y analgésicos, incluidos los opioides -destaca el doctor Pellucchi-. Hay estudios que vinculan la risa con la liberación de endorfinas, esas drogas que produce el propio organismo, pero no se trata del gesto mecánico de reír. Y nuestro propósito no es liberar endorfinas, sino que nos gusta el arte de hacer reír, nos encanta la producción en conjunto con los pacientes. Y, sí, hay correlatos fisiológicos: uno de nuestros equipos de investigación examinó a 50 pacientes antes, inmediatamente después y 20 minutos después de la intervención de payamédicos: la frecuencia cardíaca y la presión arterial disminuían después de las intervenciones, excepto casos en los que, primero, aumentaban, y, después, disminuían por debajo del nivel inicial. Este último perfil puede vincularse con la catarsis, ese fenómeno que se produce cuando el sujeto puede dar expresión al hecho traumático", dice el payamédico, y lo explicará.
Payamédico vudú
"En materia de catarsis, nuestro número paradigmático es el payamédico vudú: apelamos a este procedimiento en niños o adultos que han sido muy castigados por intervenciones médicas invasivas. El número empieza con un payamédico que, en papel de vendedor, le vende al paciente un muñequito. Este muñeco, vestidito con guardapolvo y barbijo, sirve para controlar, a la manera del vudú, a un segundo payamédico que se presenta vestido igual que el muñequito, y así el paciente puede desquitarse de todo lo que le hicieron: se lo provee de agujas, jeringas, de todo el instrumental con que lo agredieron; el paciente puede pinchar, sacudir, pegarle al muñequito y lo que él haga lo verá, ampliado, en el cuerpo del clown. Así no sólo se ríe a carcajadas, sino que reproduce en forma activa la escena traumática."
Además, los payamédicos tienen su propia utilería. "Son objetos desdramatizadores -define Pellucchi-. Por ejemplo, el chatarrango, cruza de la chata donde los pacientes hacen sus necesidades, con el charango. Lleva un encordado, efectivamente hace música y hay payamédicos que saben tocarlo.
El estetosflorio es un estetoscopio común, pero en su extremo tiene una flor. La jeringaraca, mitad jeringa y mitad maraca, es una jeringa para inyecciones rellena con mostacillas."
Pero también hay objetos que se eligen o se fabrican para cada caso en particular: "Había un paciente, un hombre que necesitaba tubo de oxígeno y en relación con esto se había armado un juego de exploración submarina con peces, pulpos. Sucedió que se agravó y lo llevaron a terapia intensiva: en
el cielorraso de la sala, el único lugar que él podía ver, los payamédicos pegaron unos pececitos recortados, y él se puso a reír. Fue muy raro ver reír a alguien que tenía puesto un tubo endotraqueal. Y no es común que alguien, antes de morir, se ría".



El idioma que todos entienden*



*Por Pedro Lipcovich


"Hay un idioma internacional de los payasos", observa Alejandro Gruber, israelí nacido en la Argentina cuyo nombre de clown terapéutico es Profesor Chimichurri. Llama a este idioma "shibrish", término que en hebreo alude a un dialecto desconocido, que no puede entenderse. El de los payasos es en realidad un idioma de gestos.
La existencia y necesidad de este idioma se probó "en hospitales de Israel, al trabajar con pacientes árabes o etíopes que no hablan hebreo, y yo tampoco hablo su idioma. Entonces, hablamos un shibrish, hecho de palabras que en sí mismas no tienen significado pero que se pronuncian con la entonación propia del idioma del paciente", cuenta Gruber, que dictó un taller sobre el tema en el II Congreso Internacional de Clown y Payaso de Hospital, que se efectuó hace unos días en la Argentina.
Si esa entonación transmite algo que está más allá de los significados, también éstos pueden transmitirse mediante la gestualidad payasesca. "Es un hecho generalizable que, cuando hablamos un idioma que no es el propio, nuestro cuerpo empieza a ser mucho más expresivo; para que el otro nos entienda tenemos que gesticular mucho más".
Pero "la condición internacional de este idioma de los payasos la descubrimos en Tailandia, trabajando con jóvenes que habían perdido familiares durante el tsunami de 2004. Se trataba de un programa de
cooperación internacional donde nuestra misión era procurar que el trauma sufrido no se transformara en un postrauma de efectos no superables. Nos habían pedido ayudar a que esas personas pudieran, de alguna forma, empezar a hablar de lo que les había pasado. El payaso parece tener alguna llave que
le permite a la gente reírse y, a partir del desahogo que otorga la risa, el sujeto puede volver a entablar relación consigo mismo y con los demás".



palabras


"Las palabras son terribles, aun las más inocentes, y en el trabajo del payamédico es preferible evitar ciertas palabras -advierte José Pellucchi, titular de Payamédicos-. El matafuegos, por ejemplo, es un objeto buenísimo que puede salvarnos de un incendio, pero la palabra lleva en sí la representación del fuego, que después de Cromañón se ha hecho más difícil en recintos públicos, y, en 'mata...', contiene la representación de la muerte, que puede estar todo el tiempo en la cabeza de un paciente.
Sí, las palabras son terribles. Una chica de 11 años tenía un tumor cerebral y yo, en mi personaje de clown, jugaba con ella, habíamos convertido su cama en una lancha y le dije: 'Vamos a hacer un viaje'. Me miró: 'No. No juego más'. Para ella el viaje tenía otra connotación porque sabía que la esperaba
su último viaje; una semana después se murió. Entonces, en vez de decir 'viaje' es mejor que el payamédico diga 'excursión', 'expedición', 'paseo'.
Otra cosa es que el paciente sea quien trae la palabra, en ese caso el payamédico puede reformularla. Una payamédica, que trabajaba en una unidad coronaria con su personaje en papel de reina, dijo que se iba a poner la corona, y su paciente contestó con amargura que a ella le traerían coronas para su velatorio. Distinto hubiese sido si la paciente, en la unidad coronaria, traía el término 'corona' en relación con la muerte: ahí la payamédica podía haber introducido otro significado poniéndole a la paciente su corona de reina."



JOSE PELLUCCHI, EL FUNDADOR
"Somos nuestro clown"*



*Por Pedro Lipcovich


"La institución hospitalaria funciona como aparato de captura que aplasta el deseo", sostiene José Pellucchi, fundador de Payamédicos. Médico y clown -como otros payamédicos, se formó con la reconocida maestra de clown Cristina Moreira-, explicó los alcances institucionales del accionar
payamédico, precisó sus fundamentos teóricos y contó cómo se previenen los riesgos de una práctica en relación permanente con el dolor y la muerte.
-Desde que nos cambiamos y nos ponemos la nariz, ya no somos nosotros: somos nuestro clown. Cada uno tiene un clown, un personaje que lo acompaña y se va desarrollando, un "heterónimo", en el sentido en que lo concretó el poeta Fernando Pessoa. Y somos payamédicos no sólo con los pacientes sino con todo el que se cruce en nuestro camino, incluso el personal del hospital. En la ideología dominante, el hospital es un lugar para sufrir y la enfermedad es un castigo: también el personal resulta muy afectado por esto. Pero, en contacto con el clown, el hospital se enternece. A veces los enfermeros se enojan con pacientes muy demandantes y, mediante nuestras intervenciones, se amigan. Además, no es uno, son muchos payamédicos los que trabajan juntos y entonces se genera algo difícil de explicar, el hospital se llena de
colores, de música.
-Usted habla de un efecto "ideológico" sobre el hospital...
-Hay un funcionamiento del hospital como aparato de captura, donde el deseo se aplasta y el paciente se convierte en un objeto pasivo que el médico toca, pincha, manipula. Tratamos de recuperar la producción de subjetividades deseantes; que el paciente vuelva a ser un sujeto, en contra de una ideología dominante que privilegia el poder del médico, de la "clínica". No me gusta esa palabra, "clínica"; ahora la usan hasta los artistas, que dan "clínicas" en vez de talleres. Pero el término viene de kliné, que significa "inclinado", pasivo. Lo nuestro no es una clínica, sino que tratamos de generar lazos tiernos.
-¿Qué intensidad llegan a tener esos lazos?
-Habitualmente vamos a los hospitales una vez por semana; nos esperan; se establece una relación con los pacientes, y nosotros trabajamos con esa relación. Otros payasos de hospital, en otros países, van una sola vez a cada lugar para evitar que los pacientes "se encariñen", es decir, evitar lo que en psicoanálisis se llama la transferencia. El paciente nos pone por ejemplo en un lugar parental, y uno podría prestarse a esto, pero nosotros tratamos de no promoverlo, y algo que nos protege es el clown: ese personaje encarnado, que portamos con nosotros, nos protege de los impactos de la transferencia, y también tratamos de generar en el paciente un personaje clown, eso es la payasización, y entonces la relación viene a darse entre dos personajes, sin perjuicio de que hayan sido construidos con material
propio de cada uno. La generación de estos personajes promueve los aspectos más tiernos y fantasiosos, antes que la expresión de las carencias. Nos basamos en los conceptos del "esquizoanálisis", introducido por Gilles Deleuze y que, en la Argentina, desarrollan Tato Pavlovsky, Hernán Kesselman y otros. Procuramos lograr con el paciente una producción conjunta.
-¿Cuáles son los riesgos de los que llamó "impactos de la transferencia"?
-Después de cada presentación, como norma, hacemos una supervisión o "cartografía" del grupo de trabajo. En las supervisiones se puede examinar esas capturas, que acontecen cuando el clown empieza a sucumbir. Cuanto más afianzado tenga uno el clown desde lo artístico, más se protegerá de esta irrupción. Recuerdo el caso de una payamédica con una paciente que le hablaba siempre desde lo real: que la habían operado, que le habían sacado tantos metros de intestino; la paciente no se había payasizado y le hablaba como podría haberles hablado a un familiar, a un amigo o a un psicólogo. Y
la payamédica también perdía su clown; la paciente misma se daba cuenta de que la payamédica hablaba con la voz de siempre, no con la voz del clown.
Estas cuestiones se ven en las supervisiones, que generalmente son grupales aunque a veces, si un payamédico está muy afectado por alguna situación, pueden ser individuales. También tomamos otras medidas de proyección. Por ejemplo, cuando una payamédica ha tenido un bebé, preferimos que no vaya a salas de pediatría, porque la enfermedad de los chicos podría afectarla demasiado.


"Integrar y respetar la diferencia"



*Por Pedro Lipcovich


"Las comunidades toba y sobre todo la wichí suelen ser reservadas, y muchos no hablan el castellano. Pero en nuestro trabajo, entrenados en la técnica del clown, no nos manejamos directamente con la palabra, sino con lo corporal, el contacto visual y el físico", cuenta Cristian Velázquez, profesor de técnicas de clown e integrante de Payamédicos en el hospital de Resistencia, Chaco.
"En el hospital tenemos salitas de cuatro camas, donde están mezclados chiquitos de distintos orígenes; nuestro abordaje procura la integración, respetando las diferencias. Estamos iniciando una investigación sobre las diversas formas que adquiere el humor en las comunidades originarias", agregó el payamédico.


*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-116645-2008-12-14.html





LA PALOMA PERDIDA*


POEMA II



Una enorme caja de Pandora
fue necesario abrir
para explicar los signos.
Pero no estaban todas las verdades,
sólo algunos credos
y otros mitos.
Pudimos entender que la existencia
valía la pena...
Por mi. Por vos...
Tal vez por sí misma.
Debíamos bañar en mar las dudas,
tostar al sol egoísmos troquelados,
blandir una bandera sin fronteras,
al abismo arrojar resentimientos.
¡Qué difícil ocultar las llagas,
secar la sangre con salitre liquido!



POEMA III


La piedra que mató al pájaro
pintó de gris
el rumbo al optimismo.
Ya no amaneció por muchos días.
Tuvimos miedo que la noche fuera
a procrearse en nuestra morada.
Traté de recobrar la sonrisa
dejada hecha flor
sobre la tumba nido.
Traté de alentar el vuelo en la paloma
que pudimos salvar
del cataclismo.
Y nos dimos cuenta que la muerte
es nacer otra vez.


*de Emilse Zorzut. zurmy@yahoo.com.ar






*


Queridas amigas, apreciados amigos:

El domingo 14 de diciembre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música de los compositores colombianos Juan Sebastián Monsalve und Sebastián Quiroga. Las poesías que leeremos pertenecen a Elena Fassio (Argentina) y la música de fondo será de Wayanay (Andes). ¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst,Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com
Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067




Convocatoria*


El trilingüe Magazín Cultural Latinoamericano XICóATL "Estrella Errante" (impreso y digital), que desde hace 17 años se edita en Salzburgo, Austria, convoca a ensayistas, narradores y poetas a colaborar con el trabajo de difusión cultural que llevamos a cabo.

Las colaboraciones deben tener una extensión máxima 4 páginas para ensayo y cuento. Para poesía se ruega enviar una selección de poemas de un máximo de 10 páginas. Los escritos deben acompañarse de un breve curriculum vitae (que contenga la dirección postal) y una foto digital del escritor a la dirección euroyage@utanet.at
Los textos seleccionados serán traducidos al alemán y publicados de manera digital e impresa.

Más informaciones sobre nuestra labor cultural sin ánimo de lucro en Europa encontrarán en nuestra página de internet www.euroyage.com
Cordial saludo,



*Dr. Luis Alfredo Duarte-Herrera
Director de YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schiessstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel: ++43 662 825067


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