Thursday, September 18, 2008

Y EL CIELO MÁS A MANO...




*Ilustración de Ray Respall Rojas. tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "Para Ray" en el asunto del correo)





EL BOSQUE DE LOS CEREZOS HA PARTIDO*




Me desperté asustada por el estruendo leve del silencio.
El bosque de los cerezos ha partido.
Ha partido. Ay sin despedirse.
También se ha ido el hombre del sombrero roto.
Se lleva, Ay se lleva la huella de la última nevada.
Los viñedos, inútilmente extendieron sus brazos.
Ay no pudieron, no.
Reclusos crepitan en la pasión dorada del otoño.
El sol, indeciso muerde una manzana de oro.
Ay una manzana de oro.
La esclavitud sonríe en la pausa fresca.



El bosque de los cerezos ha partido.
Ha partido. Ay sin despedirse.
El amor y el olvido, mustios
Caminan aferrados al hombre del sombrero roto
Y se llevan, Ay se llevan la huella de la última nevada.



*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar






Y EL CIELO MÁS A MANO...





*

Sumido en el más hondo de los silencios, no percibió la levedad de la brisa que el sol despertó al amanecer. Tampoco pudo hacerlo con las tonalidades de color que subieron lentamente hasta completar la claridad. Maldijo esos momentos, como lo hace todos los días desde su estado milenario. Continuó boca arriba. Poco podía hacer. Al vampiro humano sólo le quedan la sombra y la emboscada.




*De Oscar A. Agú. cachoagu@yahoo.com.ar









OLVIDO INVOLUNTARIO*




Ahí estaban, mirándola interrogantes. Sabía que no podía demorar más la noticia. Isa había preguntado tres veces en el día por qué no iba al hospital, Ale imitaba a la hermana y la perseguía tirándole del vestido, repitiendo insistente "¿Y papá? ¿Y papá?". Si tuviera la máquina del tiempo la
emplearía para saltar unos minutos después, cuando todo estuviera dicho. Los tomó de la mano, los llevó a la terraza, desde donde se contemplaban las flores del jardín.
Hizo sonar las campanitas de cerámica que con tanto amor había colocado Alejandro para espantar a las pesadillas de la cuna de los hijos. Se sentó en el sillón mientras dos pares de ojos la contemplaban expectantes.
Llenó de aire los pulmones... sentía que la crisis de asma se le encimaba, como cada vez que tenía que revivir los últimos días.
- Ale - miró al menor de sus hijos, de tan sólo tres años... ¿cómo hacerle entender?
Optó por decirlo del modo más directo, tal vez la edad lo ayudara a no sentir el alcance de la frase:
- Papá se murió.
- ¿Dónde está papá? - fue la respuesta.
- Papá ya no está. No lo vamos a ver más. Tuvo un accidente y se puso muy enfermito, los médicos hicieron todo lo que pudieron, pero no pudieron salvarlo, por eso se ha ido al cielo.
- ¿Y hoy no le vas a llevar la ropa? - dijo entre pucheros el niño,
resistiéndose a comprender.
Se secó con el dorso de la mano una lágrima rebelde, que insistía en resbalar
por su mejilla. Sentó al hijo en sus piernas, lo abrazó.
- Ale, donde está papá ya no necesita ropas, ni flores, ni dulces de la
abuela. Es un lugar...
- Mamá - se escuchó, como un susurro venido de muy lejos, la voz de Isa.
- Isa, por favor, tú eres la mayor, tienes que ayudarme, tenemos que
explicarle a Ale...
Una mano delgadita se posó sobre la suya, obligándola a levantar la vista.
Tremendamente pequeña, demasiado madura por los días viendo sin comprender, tratando de ser un apoyo a no sabía qué, inmensamente triste por lo que acababa de descubrir, desde sus seis años, la miraba la hija.


- Mamá, yo también soy una niña.




*de Marié Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
(indicar "PARA MARIÉ" en el asunto del correo)
-Del libro “De príncipes y princesas”, editorial El Far, Mallorca, 2006






X*



En el verano
es cuando sabemos
el dolor
de la distancia
y sin embargo
es cuando tenemos
la pulcritud de las abejas
la sinrazón de las cigarras
el corazón y los ojos
que juegan con el sol
y el cielo más a mano.




*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
-Fuente: El vuelo de la abeja. Ciudad Gótica. 2008






"El huracán sin ojo"*

Ensayo



Perturbado, casi exhausto de tanto ser arrastrado por su propia fuerza sin dirección ni eje, el huracán se desmadra en débiles tornados y remolinos que se disputan lo que resta de poder; en tormentas aplastadas que anegan aún más el pantanoso suelo con la sola intención de dejarnos aislados otra vez.


El huracán carece de ojo y se dispersa, no tiene un centro ni una identidad; tan así es que ni puede llamársele por su nombre, lo perdió.

El pueblo lo sufre cada cual en la medida de su exposición; hay quienes ya habían olvidado su existencia, y lo confunden con un viento más, irritando sus seguras y ancestrales tardes de burguesas comodidades; algunos lo perciben desde el instinto del sobreviviente, lo ven amenazando en una chapa floja del techo, en un árbol algo más inclinado, en un animal inquieto...

Otros, los más atentos, se afirman bien sobre sus pies y lo sienten rondar, saben que los embestirá aún con sus últimas fuerzas, se movilizan para no ofrecer la debilidad de la rigidez, se multiplican metiéndose en los barrios, ahí donde el huracán se debilita más, donde se desorienta al ver nacer otras fuerzas naturales, corrientes de voluntad que apuntan hacia una misma confluencia; es en esos espacios donde la carencia de un centro, de un eje desde donde ejercer su fuerza lo termina desvirtuando totalmente, la falta de su otrora poderoso ojo finalmente lo consume, convirtiéndolo en
apenas un ciego recuerdo.




*De Víctor Turquet. victurquet@yahoo.com.ar








HISTORIAS CONVERGENTES
(Para escribir y sumarse cuando se quiera..)




1*



En un diario matutino de su ciudad, en sección clasificados apareció el siguiente aviso:

Solución de problemas: poderes sobrenaturales, uniones, ligaduras, liberaciones inmediatas, abonas posteriormente. Primero comprobalo.

Intrigado por el mensaje llame por teléfono para averiguar más detalles, me atendió una secretaria con voz firme y elocuente. Me indicó luego de un rato, que tenía que marcar el nº 2 para atención al cliente, seguí pacientemente las instrucciones que me daba la telefonista. Estaba ansioso. ..
En su paquete de ofertas me solicitó que indicara mis datos personales, y luego de tomar mis anteojos de leer y haber podido completar todos los requisitos que esa voz, del otro lado de la línea me exigía, me explicó las virtudes de la terapia.
Como estaba aburrido y necesitaba dar un vuelco a mi estructura obsesiva y penitente me aconsejó que para desbloquear mi estado cargado rutina, existía la posibilidad de tomar un curso acelerado de lianoterapia. Con cierta desconfianza frente a mi estrechez de pensamiento crítico. Le pregunte en qué consistía esa rara disciplina.
Nuevamente, tuve que tomar los anteojos de ver para completar los números que me indicaba que tenía que ir seleccionando con mis inseguros dedos, las opciones para entrar en el listado de los aspirantes a comprar el curso. Luego de esperar sentado con el receptor incrustado en mi oreja izquierda me invitaron a entrar al círculo de los alumnos de primer ciclo.
Antes debería hacer un giro postal o pago telefónico de mil pesos para la matrícula. Había vacantes reducidas.
Opte por pagarlo en forma inmediata a través de mi tarjeta de crédito, marcando nuevamente los 16 dígitos de la misma.
Luego de todos los trámites administrativos correspondientes, me dijeron que entre las 24 a las 72 horas vendría a mi domicilio una instructora especializada en el tema. Tenía que presentarle un certificado de buena salud, extendido exclusivamente por un Hospital público. Por suerte, mi hermano era médico del servicio de psiquiatría del Borda. Estaba en condiciones de empezar.
A las 48 horas, tocan el timbre en mi domicilio legal y se presenta una señorita con sonrisa angelical expresando que era la instructora del curso. En su bolso deportivo tenía los folletos con ilustraciones para ir practicando los ejercicios para principiantes.
Y para mi sorpresa, sacó de allí una autentica liana de la selva del Amazonas. Tenía la etiqueta de importación que en varios idiomas decía.
Utilizar con precaución, no apta para cardiacos, leer las instrucciones atentamente.
Mi sueño se había realizado, iba a aprender académicamente el salto del tigre.

En mi cuadernillo de calificaciones, la profesora escribió: "debes esmerarte más, sigue participando en clase".



*de Azul. azulaki@hotmail.com





2*



Así estaba el hombre.
Y esto que no es decir nada daba a entender que en su vida casi todo hacia agua. Se le escapaba la belleza de los días como en un colador.
¿Y que le quedaba en el colador? Sólo los restos pensantes de alguien que no podía percibir la felicidad. ni buscarla consecuentemente.

Ya no le preocupaba la soledad pequeña de noches vacías de abrazos. De despertares con la boca besando la piel de la almohada. No era la penuria de sentido a la luz del día, cuando su vida se escurría en rutinas auto administradas para no caer en la percepción del vacío. No era la soledad pequeña entonces, no, no era eso sino la enorme soledad del desamparo la que lo atormentaba por debajo de cada paso que daba. Sentía que el suelo, lo más material y evidentemente sólido que se nos brinda en la ciudad ya no era seguro para él. Sentía ciénagas. Arenas movedizas donde los demás seres pisaban veredas y calles. Sólidas, evidentes.

Ese hombre leía. Leía hasta que una frase lo fulminaba y lo obligaba a cerrar el libro y transitar varios días con ella circulando en los laberintos de su mente, que por costumbre, no conducían a ninguna salida.
Así. Cuando decía: yo me siento así, tal cual, y el golpe de las palabras lo dejaba noqueado.
Pasó con: "es tan corto el amor y tan largo el olvido" del poema de Neruda.
Que de inmediato lo llevo a la última frase que le dejo escrita su ex mujer arriba de la mesa de la cocina: -"Adios y que sueñes que eres feliz".
-"Vos no tenés palabras para tu corazón" Le había contestado el hombre por mail en un inutíl intento de diálogo que no tuvo respuesta.

Y de esto habían pasado muchos meses y el sentía que podía estar años así, sin olvidarla ni hacer nada concreto para buscar al menos un ratito de cariño bien dado.
Volvió a suceder con "Una gota de humana ternura" de un libro de Vlady Kociancich. Y entre lágrimas se vio como un mendigo de amor buscando alimentarse de sonrisas que recibía tras decir algún piropo ingenuo a mujeres que veía por la calle.
Y además el encierro. Ese temor desmedido a alterar sus pocas rutinas. Quería y necesitaba de algo que le diera aire a su vida.
Incluso alguna dosis de descontrol intelectual, de sentirse casi en el aire, no pisando esos abismos de sentido que se ven como vulgares baldosas en las veredas.
Pensó en estudiar algo formal y enseguida desecho la idea. Percibió que sus rigideces no le permitirían un intercambio tan abierto con el mundo. Y además, ¿estudiar que cosa?.
Repasó los anuncios de carreras cortas, busco en los límites donde su excesiva racionalidad empezaba a aterrorizarse, el campo de lo esotérico, del saber New Age.
Decidió algo tras un largos días, formular preguntas y responderlas con algunas ofertas posibles que iba subrayando de los diarios. Comenzó:


¿Para ver quien soy?


Astrología de la casa 8.
Tarot según "El brujo negro de la salamanca"
Curso de psicología cognitiva.
Masaje existencial Takster.
Videncias de vidas anteriores.


¿Por qué no puedo ante la emotividad?


Aprenda: Amarres fuertes para el amor.
Sea "Gran maestro vidente existencial"



¿Que será de mí en este año?


Revolución solar.
Regresión angelical sistémica.
Lectura de ida y vuelta en las líneas de su mano.
Carta natal, y azoteica astral.



¿Como desbloquear conflictos vinculares?


Feng Shui sacramental.
Curso de jardinería aromática.
Artes marciales.



¿Como ser feliz en la vida?


Aprenda el salto del tigre.
Lea presagios y videncias en sus sueños.
Sepa usar la "Atadura psicosexual"


¿Que me quieren decir los ángeles y mis antepasados?


Tarot lacaniano.
Videncia Original sagrada.


¿Cómo liberar a mi hogar de la angustia que se impregna en sus paredes?


Cura espiritual Baguá.
Pintura y decoración espiritual de interiores.
Aprenda a realizar "Arte inútil" con los objetos que no utiliza.


Así siguió listando preguntas y diversos disparates que se ofertan por los diarios.

Hasta que se canso, se agoto peor que en un día completo de andar con sus preguntas y tensiones a cuestas y sin hablarlas con nadie. Quedo exausto.
Al día siguiente continuo y quiso darle algún corte a su incapacidad para decidir.
Decidió aplicar el mismo método que había aplicado en su juventud para la elección de la carrera universitaria: El azar, y aquella perinola que tiene guardada en el cajón junto a otros objetos sobrevivientes de la infancia decidirían una vez más por él.
Tomó las 6 primeras preguntas y les asigno una por una las frases de cada cara de la perinola (pon una,
pon dos, toma una, toma dos, toma todo, todos ponen)
Como en una ceremonia privada. Arrojo la perinola sobre la mesa despejada del comedor y se prometió solemnemente aceptar luego del fin de los giros lo que indicará la cara que quede mirando al cielo.
"Toma dos" dijo el azar. Repasó el papel y no quedaba ninguna duda, había que responder a la pregunta
¿Como ser feliz en la vida?.
Y ver de que se trata lo de aprender el "salto del tigre", o lo de "presagios y videncias en sus sueños".
o eso de saber usar la "Atadura psicosexual".




*De Urbano Powell. urbanopowell@yahoo.com.ar










POMPEYO AUDIVERT Y UNA NUEVA PUESTA DE THOMAS BERNHARD

"Bajo la superficie de las cosas, el fascismo lo domina todo"



En Plaza de los Héroes, que se estrena esta noche en el Teatro San Martín, el actor y director se apoya en el texto del genial autor austríaco para contar una historia que se propone indagar "en las ganas de hacerse el desentendido".



*Por Hilda Cabrera

Que el dramaturgo, novelista y poeta austríaco Thomas Bernhard haya criticado ferozmente a la sociedad de un país que supo aclamar a Hitler no significa que, pasado el tiempo, los dardos que en vida dirigió a determinados sectores de esa sociedad hayan impedido el reconocimiento formal de su literatura. Los textos de este escritor "incómodo" fueron editados finalmente en Austria y otros países europeos. Sus ataques a políticos, funcionarios, intelectuales y artistas cómplices de gobiernos nefastos hicieron escuela en otros autores, aun cuando -como el mismo Bernhard- fueran aceptados a destiempo. Si bien la producción de este autor nacido en 1931 en Holanda de padres austríacos y formado en Austria, donde falleció en 1989, es en gran parte autobiográfica, su obra Heldenplatz (Plaza de los héroes), que se estrena hoy en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, toca aspectos que trascienden a sus descarnadas experiencias personales. Esta pieza enlaza un hecho de 1938 (el de una multitud vitoreando a Hitler en la vienesa Heldenplatz) con la comprobación, cincuenta años más tarde, de que la ideología que alentó aquella euforia gozaba de buena salud. Esa revelación doblega a un profesor judío que en aquel año de la anexión de Austria a la Alemania nazi emigró a Inglaterra, y
al regresar descubre que muchos de los que entonces fomentaron el antisemitismo ocupan puestos de poder. Un ejemplo real y no de fantasía fue el de Kurt Waldheim, presidente de Austria entre 1986 y 1992, y ex secretario general de la ONU.
Entre los personajes fundamentales de esta obra -cuya acción se desarrolla en 1988- se encuentra Robert Schuster, profesor universitario, hermano de ese otro profesor de nombre Josef que a su regreso no logra dominar el asco y se suicida. El actor y director Pompeyo Audivert es quien desempeña en esta puesta de Emilio García Wehbi al Robert herido por ese estado de cosas, pero no al punto de quitarse la vida. De Audivert se recuerdan otros trabajos inspirados en creaciones de Bernhard: Pater Dixit (adaptación de la novela Trastorno, que presentó junto a su grupo, en el Parakultural y el
Teatro IFT); la instalación Marcos (sobre fragmentos del libro de poesías Ave Virgilio) y La fuerza de la costumbre, junto a su equipo del Teatro Taller El Cuervo. En Heldenplatz las escenas se suceden luego del entierro de Josef. La pregunta básica es cómo llevar adelante una obra tan austríaca.
En diálogo con PáginaI12, Audivert entiende que el director García Wehbi acertó en el enfoque "al hurgar en la condición fascista de los pueblos".
-¿Cuándo despierta esa condición?
-Como escribe Bernhard, bajo la superficie, el fascismo lo domina todo.
Mientras organicemos nuestro mundo en sociedades fetichistas, esa concepción no va a debilitarse. La vemos vinculada a los nacionalismos, a creencias ridículas mezcladas con lo religioso, y en los medios de comunicación masivos, como la televisión, a través de programas en los que la gente es penetrada por los ojos y abducida a no pensar.
-¿Qué papel juegan en este punto las tribus y sus códigos?
-Las tribus se relacionan a veces con actos de resistencia, o con intentos microscópicos de dar nuevo sentido a la identidad. En este aspecto son, simplemente, patéticos estertores de los que no quieren dar el brazo a torcer a las formas masivas de ser, sentir y pensar. Para mí el problema básico es no querer conectarse con el grito histórico que está por detrás de cada circunstancia, de cada una de las situaciones calamitosas en las que hoy estamos metidos.
-¿Y a qué se debe?
-A una actitud egoísta, a las ganas de hacerse el desentendido. Y esto pasa en gente de todas las clases sociales, hasta en las bajas, también muy influidas por los medios. Heldenplatz habla de eso, de los posicionamientos que cada uno tiene en la sociedad, incluidos el artista y el público. En esta puesta, el director rompe la cuarta pared y activa la obra desde un costado interesante: abre la historia y la hace estallar.
-¿Influye el hecho de que se está refiriendo a una adhesión que, desde afuera, puede parecer ciega?
-Hubo muchas plazas como ésas en la historia, pero también otras opuestas y de diferente signo ideológico. La crítica va dirigida a ciertos sectores y no a la sociedad en su conjunto. Bernhard exagera deliberadamente su crítica: en la novela Tala, por ejemplo, se muestra muy antiaustríaco, sin
embargo, al final, revela un gran amor por Austria. Es su manera de radicalizar la escritura: él va contra todo sin hacer distingos. Desde esa guerra total puede escribir más radicalmente contra la burguesía, la Iglesia, los políticos, los arquitectos, los intelectuales y los artistas. Y uno puede acordar con todo eso cuando observa a su alrededor y ve cómo avanzan la tontería y la condescendencia, la mentira y el populismo.
-Pero son pocos los que se atreven a la denuncia.
-Sí, pero interiormente uno coincide porque no hay demasiado para valorar y porque entiende que la única posición sana y luminosa es la crítica. El que se arriesga sabe que puede pasar de víctima a victimario. En una sociedad basada en el capitalismo a ultranza y en la que no existe límite para la
pobreza ni para la riqueza, como la nuestra, es fácil caer en la trampa del pensamiento fascista. De alguna manera, Heldenplatz revuelve cuestiones que están activas en todo el mundo.
-Asuntos que aquí reaparecen después de una muerte.
-Josef Schuster se suicida por asco. Se tira desde el balcón del piso que la familia había comprado frente a la Heldenplatz, donde los austríacos consagraron a Hitler en 1938. Lo recuerda el ama de llaves, especie de ventrílocuo del muerto.
-¿Qué le aporta esta obra después de haber hecho otros trabajos sobre Bernhard?
-Esta es su última pieza (pudo estrenarla tres meses antes de su muerte). Mi personaje es un viejo al que le falta el aire, que se crispa y anda continuamente con un tubo de oxígeno a cuestas. Hacer una obra como ésta y componer a un viejo es importante para un actor, y sobre todo para mí, que no doy con la edad.
-En La fuerza de la costumbre, su papel era también el de un viejo, Caribaldi, a su manera, un filósofo.
-Los viejos de Bernhard son, en ese sentido, iguales, como los de sus novelas. Ellos son extraños alter ego del abuelo, exacerbaciones del pensamiento de ese abuelo anarquista que lo crió, y de alguna manera
exacerbaciones de su propio pensamiento ante la vida.





Historia de un autor incómodo



Thomas Bernhard supo despertar la furia de funcionarios, políticos y mediocres de todo tipo cuando denunció verdades sin ser militante ni moralista, describir a seres grotescos en su obediencia, relatar momentos atroces en su primera novela, Helada, y exorcizar otros en las autobiográficas El origen, El sótano y Un niño. Sus obras teatrales son duras, poéticas, filosóficas, algunas vistas en Buenos Aires, como, además de las ya nombradas, Antes del retiro, dirigida por Laura Yusem (en la reapertura de la sala de la Sociedad Hebraica Argentina); La partida de caza, dirigida por Andrés Mangone (en Beckett Teatro), y Minetti, con Aldo Braga y dirección de Roberto Villanueva, a quien se le debe también el
montaje de Almuerzo en casa de Ludwig W. (por Wittgenstein). Bernhard desató también polémica a través de textos "desopilantes", breves piezas satíricas en las que sacudió incluso a su célebre amigo Claus Peymann por haberse negado a montar una pieza suya. Sin embargo, fue Peymann quien, como
director del Burgtheater, de Viena, estrenó Heldenplatz, en noviembre de 1988, año en que se cumplían los cincuenta años de la ocupación de Austria por la Alemania nazi. Enfermo de sarcoidosis, Bernhard murió poco después, en febrero de 1989, en Austria. La obra de este autor no se limitó a la declaración de guerra en contra de Austria, donde pasó su vida, aunque vivió también en Alemania. Con una prosa afinada, puso en primer plano la real impotencia del individuo lúcido frente a hechos aberrantes y retrató sin máscaras el conflicto del escritor con la palabra. Quizá como el filósofo vienés Ludwig Wittgenstein, al que convierte en personaje en Almuerzo..., las palabras sean inútiles porque no explican pero conforman "un mapa de la realidad". A veinte años de su estreno vienés, Heldenplatz, en traducción de Miguel Sáenz, el primer traductor de Bernhard en español, se ofrece ahora en una puesta de Emilio García Wehbi, con un elenco integrado por Rita Cortese, Pompeyo Audivert, Tina Serrano, Maricel Alvarez, Horacio Marassi, Paula Ituriza, Azucena Lavin, Juliana Muras y José Ignacio Tambutti. La asistencia técnica es de Julieta Potenze, la edición de video y sonido, de Marcelo Martínez, y la música de Marcelo Delgado. Ilumina Alejandro Le Roux. Diseñó el vestuario Mirta Liñeiro y la escenografía, Norberto Laino. Las funciones se realizan en la Sala Casacuberta del TSM, Corrientes 1530, de miércoles a sábado a las 20 y los domingos, a partir del 12 de octubre, a las 18.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-11329-2008-09-17.html







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