Saturday, September 27, 2008

Y SI LA VERDAD NO ESTUVIERA EN ESTE DÍA...





*Ilustración de Ray Respall Rojas tgrafica@cubarte.cult.cu
-Indicar "para Ray", en el asunto del correo.






XXIX*



¿Y si la verdad
no estuviera
en este día
claro
con el cielo
alto
y azul
que los breves
pájaros
surcan
insolentes?



¿Y si todo
fuera un engaño
de los sentidos
y yo no fuera
este hombre
inútil
que borronea
estos papeles
que nadie leerá?
¿Y si esta paz
y este silencio
y esta plenitud
no fueran verdaderos
que haría yo
con todas las
certezas
que mi corazón
alegra
ensanchándose
hasta el fin?



*De Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar
-Fuente: El vuelo de la abeja. Ciudad Gótica. 2008







Y SI LA VERDAD NO ESTUVIERA EN ESTE DÍA...





LA LABOR IMPOSIBLE*




Cacho no quiere terminar el té que nos regaló en Euskadi Amaia. Amaia trajo el té desde Ámsterdam, un té con pimienta negra y cardamomo, con lúpulo y canela, con jengibre y cáscara de naranja, con albahaca y regaliz. Un té picante y dulce, un té con las especies de oriente y el largo viaje desde otros mundos a los nuevos mundos, hasta este lugar al final del globo donde los ríos son anchos como mares y albergan peces de estatura prodigiosa.
En esta noche en que la brisa es dulce y se perfuma con las flores millonarias del jazmín del Paraguay, en que la noche es negra y se aromatiza con el óleo fragance, en esta noche en que hablamos del Yuyo y de Hernández, de la serie de Fibonacchi y del devenir de las bolsas.
Cacho no quiere acabar con los saquitos que ya casi no quedan en una caja de cartón que promete con su nombre la “Felicitá”. Porque después ya no habrá, porque toda felicidad es pasajera, porque la historia, lo dijo Borges, crece, atroz, sobre nosotros. Porque Ámsterdam queda muy lejos, porque el hermoso gesto de Amaia sacando de su bolso la cajita con papel de mariposas ya fue, ya se perdió en la acumulación de días, y no habrá más tés con nombres engañosos y sin embargo tan certeros.
Cacho, como todos, como todos los hombres que fueron y serán, quiere prolongar la delicia, el pasado que se termina, lo que está próximo a desaparecer en la nebulosa frontera, en la difusa zona de los recuerdos.
Cacho, como Atget, como ese fotógrafo que era viejo cuando nuestro mundo conocido era joven, quiere rescatar la vida de la muerte. Quiere conservar lo que es perecedero, lo que es fugaz, lo que por destino propio e impuesto debe morir.
El fotógrafo Atget en París, con técnicas que ya estaban perimidas, sumando sin saberlo muerte a la muerte, con placas de vidrio, con cámaras perimidas, con el ansia inconducente de extraer imágenes a la decadencia, el fotógrafo Atget fotografiaba incansablemente, o cansado quizás, quizás muy cansado, quién sabe, pero el fotógrafo Atget con su trípode y su cámara negra y aparatosa tomaba las imágenes finales de una París que se difuminaba en la sombra negada de un siglo, que nuevo y hermoso se daba a derruir las viejas edificaciones para crear una París eficiente y moderna.
Cacho duda frente al saquito de té que puede ser último. Atget incansablemente, cansado quizás, muy cansado, ya un hombre viejo, fotografiaba hermosos pasajes de una historia que se derruía, que se despedazaba, que se sustituía en nuevas construcciones sin fantasmas. Al dorso de un cartón escribió con hermosa letra inclinada hacia la derecha “a derruir”. Y era un edificio sin interés, una ventana, una puertecita, un empedrado, un cielo en blanco y negro. Apenas un testimonio de los que vivieron, odiaron, murieron, lucharon. Todos muertos.
La imposible necesidad de los guardadores, de los historiadores en fin, de los memoriosos, de los que congelan en su mente perecedera un momento perecedero.
Y las pirámides que se desgastan con el viento del desierto, y las murallas que momento a momento pierden una piedrecita insignificante pero decisiva, y los ejércitos que se despeñan en la sucesión del mar que embate sin tregua ni sosiego.
Cacho paladea el té que puede ser último, Atget sacó la última fotografía de los ladrillos que hoy son relleno de calzada, el mundo cambia, la tierra se estremece, los continentes gritan en la noche. El hombre se pierde, también, en la noche.
Benditos los que creen en la belleza de resguardar por un breve, maravilloso, necesario momento, la mínima llama de una candela en el inconmensurable universo.




*de Mónica Russomanno. monicarussomanno@yahoo.com.ar








DESTIEMPO*





Le escribo esto por las santas dudas, pero mi denuncia ya está hecha y ya estoy más tranquila.
Nunca se lo dije a nadie pero mi odio por los relojes empezó a los 16 o 17 años. Si por mí fuera, los haría desaparecer de la faz de la tierra.
Pero a todos, ¿Si? Los de arena, los de sol, las clepsidras, en fin, todos.
Cuando cumplí 15 años me regalaron un absurdo regalo para una niña tan joven: un reloj con malla de oro., la trama era de un entretejido muy vistoso. Me decía que en cualquier momento, por él los chorros me cortaban la mano.
Me las ingeniaba para no ponérmelo, me parecían grilletes o esposas.
Me casé muy joven, quizás no fue casual, pareciera que una fuerza infernal hizo que me casara con un hombre que colecciona relojes.
Están por todas partes y los hay de todos tipos, de madera, de piedra, de porcelana, de distintos colores y diferentes formas y sonidos. Es increíble lo que puede hacer un hombre obsesionado por los relojes: en el quincho había un gran tronco e incrustado en, el un reloj!
Nos sentábamos en la mesa del comedor y al frente, el famoso reloj.
Íbamos al living y lo que podría haber sido una hermosa caja de madera tallada estaba arruinada por ese círculo ridículo con dos varillas tiesas que parecen flacas patas de arañas.
Usted dirá que es cosa de locos, pero ¡hasta en el baño había un reloj!. Había, así, en pretérito imperfecto. Por supuesto imperfecto, no podía ser de otra forma. Era de porcelana blanca con flores rosas y estaba en la repisa de vidrio frente al inodoro. ¡Pavada de vigilante en nuestra intimidad! ¿No? Cuando me disponía a hacer palabras cruzadas, como era mi costumbre, me anunciaba que ya habían pasado diez minutos, con lo que no podía hacer otra cosa que levantarme y salir del lugar.
Por todas partes estaban y todos los años aumentaban, claro, como también la manía de mi marido.
Cualquier ocasión era buena para regalar un reloj. Hasta en nuestro aniversario nos regalaron uno de mármol negro. Muchas veces dejé de tomar mate en la cocina al sentir en la nuca la presencia de ese alcahuete con cara de sol. Mirando retrospectivamente, creo que mi pobre de mi marido primero intentó avisarme, pero yo no me di cuenta.
Un día se levantó cantando esa canción tan vieja que casi no recuerdo:
“...reloj no marques las horas...”
Otra vez insistió que viéramos esa película cuyo género él sabe que no me agrada, “La hora señalada”. Otras veces me mandaba a discar el 113... ¡Y cuando me regaló el libro de la Bulrich “¿A qué hora murió el enfermo?”!
Recién empecé a sospechar cuando mi cumpleaños me regaló otro reloj de oro. Las mallas eran dos serpientes que se entrecruzaban y en ambos ojos tenían piedrecillas rojas. ¡Casi me muero cuando me encontré con la mirada de... esas bichas!, mire, no me atrevo ni a nombrarlas.
Desde allí comenzó una persecución implacable. Los relojes se ingeniaban para estar donde yo estaba, me perseguían. No podía escapar a su control.
Recuerdo cuando una tarde fresquita de abril me senté en un banco de la plaza, pensaba que por fin había logrado eludirlos, cuando el reloj de la torre del campanario dio las 11 hs. Me estremecí, y no de frío puedo asegurarle.
El escalofrío se acentuó cuando una mujer se sentó a mi lado ostentando un reloj en la mano derecha y si quedaba alguna duda se encargó de disiparla mirando a cada momento la hora. Se debe haber dado cuento que yo la miraba porque disimuló diciendo:
-“¿Qué le habrá pasado a mi prima que tarda tanto?”
¡Si usted hubiera escuchado la voz!, metálica, de ultratumba. Pegué un salto y me fui a casa. Cuándo estaba abriendo la puerta de calle, un hombre con anteojos me preguntó la hora. Adiviné que él sabía que no llevaba reloj, es más, percibí una velada amenaza en su
-“¿Tiene hora señora?”.
No me salió ni una palabra por lo que negué con la cabeza. El hombre se alejó con una sonrisa sarcástica.
La cosa se complicó cuando sentí que me miraban y que la mirada me perseguía por toda la casa. Empecé a cubrir los relojes. Paradójicamente, estaba pendiente de la hora en que se iba mi marido para comenzar con la tarea. Un día noté algo raro en su mirada (claro, ahora me doy cuenta, pobrecito, ya lo habrían metido en la conspiración) al irse miró la hora y me preguntó con expresión helada
-“¿Te sentís bien?”
Apenas se iba parecía que me acometía un acceso de fiebre. Transpiraba, tenía calor y frío al mismo tiempo. Comenzaba a cubrir los relojes con toallas, repasadores, con cuanto trapo tuviera a mano. Pero no había caso, podía tapar los relojes pero el tic-tac exasperante y diabólico me perseguía.
Prendía la radio y los locutores, todos, de cualquier radio, me anunciaban la hora. Prendía la tele y lo primero que aparecía en la pantalla, en su costado superior derecho, era la hora.
Un día, lo recuerdo como si fuera hoy., había tapado los aparatos y estaba sentada, sin saber qué hacer, cuando el sonido del timbre me alertó. Miré por la mirilla (ya no contestaba el portero, por las dudas que alguien viniera y viera los relojes tapados) y horrorizada vi a un hombre con un portafolios en la mano que miraba atentamente su reloj. Cuando nuestras miradas se encontraron, mirilla mediante, ahí me asusté realmente. Sentía que el hombre me miraba a través de la puerta. Esperé un ratito paralizada, tocó nuevamente el timbre y se fue, no sin antes dirigirme una mirada indescifrable.
Creo que fue ese mismo día cuando mi marido llamó por teléfono (Para saber cómo estaba, dijo...) me preguntó si había salido a realizar las compras y cuando le respondí que no, dijo:
- “¿Sabés la hora que es?”
Casi me desmayo. Allí comprendí, confirmé, lo que venía sospechando: él estaba en la conspiración.
También a mi pobre vieja la metieron.
Ella me decía que me encontraba cada día más pálida, más demacrada, más silenciosa, insistió que fuera al médico de la familia, es más, me acompañó. ¿Puede creerme que hasta él estaba metido? Pasó por el pasillo y mirando su reloj le dijo a mí vieja:
-Esperen un minuto, ya las atiendo.
Los enfermeros igual, pendientes del reloj y del teléfono. Al darme cuenta que eran parte del complot, por supuesto no entré al consultorio y volví a casa con mi madre que me miraba con cara medio rara. En ese tiempo aún no me daba cuenta que ella no había podido zafar. Por otra parte, ¿cómo creerlo?. Mi madre... ¿Entiende usted? ¡Mi madre! Fue otro día cuando me avivé, me dijo que eran ideas mías, que estaba enferma, que tenía que descansar. Como no le contestaba, (imagine usted como me sentía, uno puede esperar cualquier cosa de cualquier persona pero…¡De su madre!) Se volvió loca, tipo exorcista, pero en vez de tener una cruz en la mano levantaba un reloj.
“No hacen nada, ¿ves?. ¡Es solo un reloj!”.
No sé cuanto tiempo me quedé quieta acurrucada en el sofá, en posición fetal. Después me di cuenta que le había contado a mi marido por que él suspendió sus eternos ¿qué hora es?. A veces jugaba conmigo, mire usted qué cruel, comenzaba con la frase: ¿qué...? y se interrumpía o cambiaba el sentido de la frase.
Ya no sabía qué hacer, sentía que no había ningún lugar en el mundo en donde descansar, para colmo un día, mi marido volvió de sorpresa y cuando vio los relojes tapados, no dijo nada, me miró con ojos inescrutables y se fue sin saludar. Me sentí descubierta, expuesta.
¡Ay! ¿Y mi suegra? Esa viejecita de apariencia dulce y de cabellera cana ¿quién lo hubiera creído? Comencé a sospechar de ella el domingo. Estábamos los tres comiendo cuando el horrendo pajarraco saltó para dar la hora, me asusté tanto que de un manotazo derramé la copa de agua. Cuando levanté la vista, descubrí una mirada cómplice entre ambos. Otro día, en misa, me agarró un acceso de tos y me ofreció un caramelo al desenvolverlo lo dejé caer con horror. En el envoltorio rezaba “Caramelos media hora”. La vieja me miraba con ojos burlones. Salí de la Iglesia y regresé a casa sola.
Desde allí, el hombre con el que nos habíamos jurado amor eterno, no se preocupó por fingir más. Me miraba hosco. A veces su amenaza era explícita, aunque no verbalizada. Miraba al reloj y a mí simultáneamente. En una oportunidad me invitó a dar un paseo en auto, no sé cuanto tiempo hacía que no salíamos por que él “no tenía tiempo para nada”. Por supuesto el reloj del tablero me asechaba con un guiño maligno, cuando no aguanté más le pedí regresar.
Una noche que pasaba al lado del piano, sobre él observé algo que fue una revelación. Un portarretratos, en el costado izquierdo, mi fotografía; en el derecho, la suya. En medio, una mujer desnuda sosteniendo una manzana, a sus pies una serpiente. Alrededor, el círculo maligno. Cuando daba la hora la serpiente iniciaba un movimiento hacia la manzana. Lo que hasta ese momento era una curiosidad pasó a ser una amenaza siniestra. ¡Y allí tomó sentido todo! “Menage a trois” dije en voz alta, casi resignada.
Esa noche no dormí. Creo que era de madrugada cuando una premonición me alertó. Me di vuelta y en la oscuridad, los ojos de mi marido, convertidos en círculos pendulares fosforescentes me observaban. Me volví de nuevo y me quedé tan quieta que las piernas se me acalambraron. Fue una noche eterna hasta que sonó la famosa musiquita. Cuando él me tocó, me hice la dormida, pero quizás se dio cuenta por que no pude evitar estremecerme. Sentí en el brazo la viscosidad y el hielo de la serpiente.
Las cosas se complicaban cada vez más, los relojes comenzaron a robarme los pensamientos e iban conmigo a todas partes. Un día no pude más. Demasiado me controlaba para no estallar ¿sabe?, cuando él burlándose me preguntó:
-“¿Qué hora es?”
Sentí que el calor se me subía a la cara. Me levanté violentamente de la silla de algarrobo que cayó estrepitosamente y parada, con las dos manos apoyadas en la mesa le espeté en un arrebato:
-“¿Por qué, tenés algo qué hacer?”.
Me miró sintiéndose descubierto y balbuceó:
-“Nada, preguntaba, no más...”
Sentía que ya estaba al límite de mis fuerzas.
La mañana del miércoles (¿o era el lunes?) Descubrí cuando desperté que me habían puesto un reloj dentro del cuerpo, en el costado superior izquierdo. Su tic-tac acompasado me seguía a todas partes.
Al otro día me pusieron dos más. Uno en cada oído, por lo que casi no podía escuchar. Ese día estaba en el baño, tomé el reloj de porcelana y lo tiré con todas mis fuerzas al piso, los fragmentos se desparramaron y cuando escuche el tic-tac infernal que seguía sonando, supe que no podía hacer nada. Me parecía que era como haber matado a alguien y que el corazón le saltara del pecho y le siguiera palpitando. En ese momento descarté el suicidio que venía planificando ¿para qué si estaba segura que me seguirían en el más allá?
Nadie dijo nada, ni mi madre, ni mi marido, ni esa mujer que habían contratado supuestamente para que me ayudaran. A la tarde el baño lucía impecable. Del reloj, ni rastros. Desde el primer momento dudé de la mujer, busqué en su bolso y encontré una credencial de enfermera y un reloj colgante. Me perseguía con su cantinela:
“Señora, es la hora de su medicamento señora, es la hora de su té”, etc. etc. Una mañana, por el reflejo de la puerta, observé que ponía algo en mi taza. No dije nada. Nadie supo, porqué se secaron los geranios del ventanal.
El jardín era uno de los pocos lugares donde los relojes me dejaban en paz. Sentada en la reposera observaba al jardinero que con cuidado cortaba los gajos de un rosal. Parecía no importarle la hora de llegada, ni de partida por lo que se acordó pagarle por la tarea realizada. Al principio desconfié de él, decían que era un alcohólico recuperado, después pasó a formar parte del parque, como el cedro, por ejemplo.
La enfermera llegó sigilosamente trayéndome una taza de té. Dirigiéndose al hombre le dijo: “Don Pedro, son las cuatro y usted no ha almorzado”.
El viejo estaba inclinado, se paró y dijo solemnemente:
“Yo ya he escapado de la esclavitud del tiempo”.
Cuando la mujer se alejó, tiré el té en la maceta de los pobres geranios. Fui donde el hombre y le pregunté cómo había hecho para escaparle al tiempo y esperé con una esperanza nuevita y pequeña la respuesta:
“Me ayudó el doctor Enrique”.
Lo demás fue fácil, conseguir la dirección, salir de casa con una excusa. Cuando llegué al lugar me tranquilizó no ver placas ni carteles. Entré al consultorio, me llamó la atención el desorden que reinaba en el cuarto, papeles dispersos, libros aquí y allá. Busqué en el desorden un reloj, no lo encontré. Ni en las paredes ni en las manos del hombre. Alto y flaco. Su barba terminada en punta, me recordó al Quijote.
Me dije “no tengo otra alternativa” y le conté toda la verdad. Toda. Por primera vez conté todo. Le hablé de la persecución de los relojes, de cómo los cubría, de mi marido, la enfermera, de cómo tiraba la medicación, de los relojes que tenía adentro del cuerpo. Todo. Absolutamente todo.
A medida que hablaba intentaba descifrar en su expresión, sorpresa, estupor o incredulidad. Pero el hombre, cuya pipa se había apagado, me devolvió una imagen serena y una escucha con afecto y respeto.
Asintió con la cabeza y cuando me dijo que éramos dos para luchar, sentí que había encontrado la punta del otro ovillo, el de la contraconspiración.
Cuando salí del consultorio me sentí otra. Me miré en una vidriera y mis ojos opacos ya habían recuperado el brillo. Detrás de la misma, una remera colorada me cautivó. Entré y me la compré. Ya no me preocupó la persecución, esa muchacha con el reloj colgante no me importó. La denuncia estaba hecha y alguien ya la había receptado. No sabía que vendría ahora pero, confiada, me entregué a la sensación tibia de no estar sola. Caminé descansada disfrutando la brisa fresca que venia del este.






*de Amelia Arellano arellano.amelia@yahoo.com.ar







De 1907 a 2008*






*Por Osvaldo Bayer



Después de la trágica experiencia argentina de la desaparición de personas y del robo de niños, tendríamos ya, sus ciudadanos, que preguntarnos por qué nos pasó todo eso. Creo que en algunos sectores se siguen viendo las cosas, la vida diaria, la historia, con los ojos de siempre. Por ejemplo, la huelga
de conventillos de 1907 se volvió a repetir en este 2008, y hemos seguido con sorpresa cargada de desazón, impotencia y dolorosa ira cómo algunos jueces y la policía de siempre actúan de la misma forma con un hecho similar ocurrido un siglo después. Aquí cabe el razonamiento obligado: no hemos aprendido nada. Miremos, comparemos, estudiemos, sin alejarnos de la verdad histórica. Año 1907, los dueños de los conventillos del barrio Sur deciden aumentar los alquileres. Los trabajadores que habitan esas verdaderas cuevas de ladrillo se niegan a pagar los aumentos que consideran exorbitantes para esas villas miseria de aquellos tiempos. Familias con seis hijos viven en cuartos de tres por cuatro. Un excusado para 120 inquilinos. Con un cartel: "Prohibido, de 5 a 9 de la mañana, a las mujeres y los niños hacer uso del excusado". Porque, claro, en ese horario formaban colas los hombres que salían a trabajar. De pronto, suba exagerada de los alquileres de esas pocilgas. Los inquilinos dicen ¡basta! y se niegan a pagar los aumentos. Y van a resistir todos los ataques de la policía que trata de desalojarlos por orden del juez. Comanda a los uniformados nada menos que el jefe de Policía, el coronel Ramón Falcón, el mejor oficial del general Julio Argentino Roca en la matanza de pueblos originarios de la denominada Campaña del Desierto.
Pero la presencia del temido militar no causa miedo en los inquilinos de los conventillos. Protagonistas de esa ocupación van a ser las mujeres, ya que los hombres salen a trabajar. Resisten, resisten, resisten con una entereza digna de un aplauso histórico. El coronel Falcón utiliza el agua fría, el sablazo, los palos, el golpe de furca para reprimir. Las mujeres y los niños gritan de dolor pero no ceden. Utilizan para defenderse escobas, piedras, maderas y calderos llenos de agua hirviendo. La FORA de los anarquistas pone a la Sociedad de Resistencia de los Conductores de Carros a disposición de los inquilinos desalojados con sus trastos para que acampen en las plazas.
Las crónicas de la época cuentan cómo se atropellaron los mínimos derechos de los trabajadores y sus familias. A muchos de ellos, españoles e italianos, se les aplicó la Ley de Residencia, de Roca, la 4144, y se los expulsó del país; para otros, la cárcel. Triunfó el coronel Falcón.
Año 2008. Los conventillos de San Telmo y Constitución se llaman ahora "hoteles". Sí, la imaginación argentina no tiene límites.
Un solo baño para quince personas. Y dos fogones en total, para cocinar. De pronto, en el "hotel" llamado nada menos que "Carlos V", de San Juan y Bernardo de Irigoyen, los dueños exigen un aumento de los alquileres de 400 a 1200 pesos. Ni más ni menos. Los inquilinos se reúnen en asamblea y se
resuelve no pagar el aumento. Llegan los patrones y exigen el abandono de las habitaciones. Hay gritos, insultos y empujones. Los dueños se van del "hotel", pero cierran las rejas de entrada con un candado de manera que nadie pueda retirarse. Tema para una pieza teatral de Florencio Sánchez. Los dueños harán una denuncia ante la policía de que fueron golpeados. Llega entonces el momento culminante. Como en los tiempos del coronel Falcón, cae de inmediato la policía con efectivos de la comisaría 16ª, ayudada por el llamado Grupo Especial, GEO, y el Grupo de Combate de la Guardia de Infantería de la División de Asuntos Extranjeros. Entran a las 5 de la mañana del 5 de agosto armados hasta los dientes y detienen en forma violenta a los inquilinos. A la policía la acompañan los dueños que hicieron la denuncia. Marcan de inmediato a inquilinos que, dicen, los hicieron objeto de violencia. La policía detiene con brutalidad a los marcados, entre ellos a una mujer que sufre epilepsia, a otra con cáncer, a tres menores de edad -de 1, 7 y 9 años- y a dos personas insulino-dependientes. Del total, quedarán presas 23 personas, a las cuales se les inicia juicio. Los niños fueron retenidos durante ocho horas en la comisaría. A los detenidos -8 mujeres y 15 hombres- el juez de primera instancia De Campo, Juzgado Nº 5, les aplica prisión preventiva y los acusa de delitos que los podrían llevar a doce años de prisión. Se les toma declaración a los dueños del hotel y se aceptan todas las acusaciones de éstos, entre ellas agresiones. Algo que en
ningún momento pudo comprobar ni la policía ni el juez. Los detenidos son llevados a las cárceles de Ezeiza, Devoto y Marcos Paz "en las peores condiciones de hacinamiento", de acuerdo con la denuncia pública que realizó las asamblea de vecinos de San Telmo. Esa misma asamblea ha denunciado que
se trata en el fondo de un negociado de "mafias inmobiliarias y de la construcción que están desalojando a centenares de familias de edificios de los barrios de Montserrat, San Telmo y Constitución". En otro comunicado, dicha asamblea hace una nueva y grave acusación: "Resulta vergonzoso, pero no extraño, constatar que la comisaría 16ª, seriamente cuestionada por su connivencia con la red de prostitución que opera en el barrio de Constitución, haya procedido sin ningún criterio de humanidad ni respeto por
la dignidad de las personas detenidas pasando por alto situaciones de extrema gravedad (como la de los detenidos enfermos), al tiempo que efectuó graves violaciones a los derechos humanos y a los Derechos del Niño".
En el recurso de apelación contra el procesamiento que inició el juez De Campo, los abogados defensores de los imputados sostienen que el juez se basó exclusivamente en los dichos de los propietarios del hotel y en los de una empleada de ellos. Es increíble el racismo que destila la resolución del juez, que sostiene, textual: "Corresponde valorar también que se trata de personas extranjeras (los detenidos) sin situación migratoria conocida e indocumentados". En su escrito, los abogados defensores de los presos
señalan: "En definitiva, todos los 'extranjeros sin situación migratoria conocida e indocumentados' del juzgado tienen su situación regularizada o en proceso de serlo". Y agregan "seamos sinceros: el problema no es que sean europeos indocumentados, sino latinoamericanos limítrofes, sobre estos últimos recaen todas las demonizaciones y desgracias". La ironía, penetra. Y deja todo al desnudo.
Por último, la conclusión de los abogados defensores es tajante: "Estamos ante una escalada judicial en contra de inquilinos que reclamaban sus derechos vulnerados. La causa es ni más ni menos que eso: un avasallamiento de derechos de gente débil e indefensa por parte de comerciantes inescrupulosos en fraude a la ley, con apoyo de las estructuras administrativas y policiales".
Esta apelación tuvo éxito. El jueves fue modificada por la Cámara la resolución del juez De Campo. Veintidós de los presos salieron en libertad.
Uno de ellos, el peruano Rosalino Pascual León Fernández, sigue detenido por un pedido de extradición del gobierno peruano. Rosalino pasó doce años de prisión en el Perú por ser militante político de izquierda que luchó contra los regímenes de Montesinos y Fujimori, pero ingresó a la Argentina en forma legal, con su propio documento de identidad y sin restricción alguna de su salida del Perú. El dictamen el juez De Campo que llevó a la prisión a tanta gente humilde quedará en la historia como veredicto cargado de un posesionamiento de ideologías basado en el poder. Y aquí se asoma de nuevo la figura del coronel Falcón. El juez De Campo da cursos -según sus propias declaraciones escritas- en la escuela de cadetes de policía Ramón Falcón.
Sí, el mismo de la represión de la huelga de conventillos de 1907 y feroz represor de la manifestación obrera del 1º de mayo de 1909.
¿Aprendemos de las enseñanzas de nuestra historia los argentinos?
Los 23 detenidos por cuarenta días del "hotel-conventillo" no es el único caso de presos políticos. Una vez más debemos llamar la atención aquí por los seis campesinos paraguayos presos políticos en la cárcel de Marcos Paz que se hallan actualmente en huelga de hambre ya por más de cuarenta días.
El informe del médico que los visitó ayer señala que el estado en que se encuentran es muy preocupante. Es un deber de la Justicia, de los representantes políticos, de los organismos de derechos humanos, de toda la población, encontrar una solución para devolver la libertad a quienes ya pasaron más de dos años presos, por pedido del anterior gobierno paraguayo de Frutos Duarte, nada democrático, por cierto. Sabemos que ahora el problema está siendo estudiado en el Ministerio del Interior.
También nos preocupa la suerte de los presos de Las Heras, en Santa Cruz. Ya hace más de dos años que están en prisión. Darío Cuatrihuala, Hugo González y José Rosales, en Pico Truncado. Alexis Pérez, Ramón Cortez y Juan Pablo Bilbao, en Puerto Deseado. Todos tienen hijos pequeños. Fueron acusados de
la muerte del suboficial Sayago. Nunca se demostró la culpabilidad de ninguno de ellos. La democracia aquí tendría que habilitar otros medios cuando existen dudas, por ejemplo convocar a una comisión investigadora integrada por miembros de la Justicia, políticos y representantes de organizaciones de derechos humanos. La detención por sospecha trae consigo una posible injusticia que la historia no perdona. El caso Sacco y Vanzetti nos tiene que servir de medida para saber en cuánta injusticia una sociedad puede caer. Es hora de que este caso de Las Heras se discuta abiertamente.
Por último, otro caso: el de los trabajadores del puerto porteño Francisco Montiel y Bernabé Naranjo. Acusados de un delito que sus compañeros de trabajo señalan que ha sido pergeñado por mentes interesadas en anularlos en su lucha gremial.
Casos en que la democracia debe resolver lo más pronto posible a través, como decimos, de mentes neutrales y resueltas a crear una verdadera sociedad que no origine lagunas de injusticia.



*Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-112332-2008-09-27.html





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Queridas amigas, apreciados amigos:


El domingo 28 de septiembre del 2008 presentaremos en la Radiofabrik Salzburg (107.5 FM), entre las 19:06 y las 20:00 horas (hora de Austria!), en nuestro programa bilingüe Poesía y Música Latinoamericana, música del compositor español Tomás Garrido. Las poesías que leeremos pertenecen a Christiano Withaker (Brasil) y la música de fondo será de Marcelo García (Argentina).
¡Les deseamos una feliz audición!


ATENCIÓN: El programa Poesía y Música Latinoamericana se puede escuchar online en el sitio www.radiofabrik.at
(Link MP3 Live-Stream. Se requiere el programa Winamp, el cual se puede bajar gratis de internet)!!!! Tengan por favor en cuenta la diferencia horaria con Austria!!!!


REPETICIÓN: La audición del programa Poesía y Música Latinoamericana se repite todos los jueves entre las 10:06 y las 11:00 horas (de Austria!), en la Radiofabrik de Salzburgo!

Cordial saludo!


YAGE, Verein für lat. Kunst, Wissenschaft und Kultur.
www.euroyage.com

Schießstattstr. 37 A-5020 Salzburg AUSTRIA
Tel. + Fax: 0043 662 825067



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ICREA –Instituto de Creatividad Aplicada- lanza la convocatoria para participar de la próxima Bienal Multidisciplinaria de Arte Erótico, a realizarse desde el 10 al 13 de Diciembre de 2008 en el Foro Cultural Universitario (9 de julio 2150 - Santa Fe).
Bases y condiciones en: www.icrea.com.ar



3ra BIENAL MULTIDISCIPLINARIA DE ARTE ERÓTICO
“Eros Ludens”

Fundamentación:

Eros juega en todos los deseantes y, en tanto tales, también en los artistas. Y es precisamente sobre los juegos de Eros en los humanos que se propone indagar esta tercer bienal de arte erótico organizada por ICREA. Para convocar a los artistas a esta bienal temática, hemos decidido apuntar articulaciones, zonas de contacto entre el erotismo y el juego, que supusimos podían ameritar preguntas, balbuceos, zozobra, convicciones y seguramente arte.
Constituir una temática y convocar desde ella, (nos) aclaramos, dista de cualquier intención de restringir la participación, porque de eso seguimos convencidos: la diversidad es erótica. Antes que cercenar, pretendemos que un eje temático organizador: 1-Sea un desafío para el artista; 2-Contribuya a que las obras dialoguen entre sí, promoviendo vinculaciones múltiples entre artistas y entre estéticas; y 3- Resulte una propuesta integral para el espectador.
Respecto de la temática en sí, y exentos de la intención de conceptualizar, podemos decir que las dimensiones erótica y lúdica del humano cualquiera, comparten una serie de notas características como el sentido de celebración y festejo de la vida, la búsqueda de encuentro y contacto con los demás y con uno mismo, el compromiso de los sentidos, la capacidad de abstraernos temporalmente de lo cotidiano, como así también la de despertarnos a la pasión, posibilitándonos de tal modo la experiencia de lo extra-ordinario. Hasta aquí congeniamos, y sobre el resto apuntamos “nudos” que comprometemos a otros artistas para desentrañar, anudar aún más, o tejer otras cadenas que hagan llegar hasta ellos.

-Una erótica del juego y los juegos eróticos: ¿Y si lo erótico es una capacidad de mirar, antes que una cualidad de lo que se mira?

-Los lindes de lo erótico: ¿Lo tácito y lo explícito son una medida de la sensibilidad actual o una sensibilidad hecha canon?
¿Cómo se ligan la exhuberancia de la experiencia “ero-lúdica” y las palabras/imágenes que alcancen para dar cuenta de ella?
“Aquello que es el juego en su profundidad, el juego que se opone al trabajo y cuyo sentido consiste, en primer lugar, en obedecer a la seducción, en responder a la pasión.” (Bataille, 1970)

-Tiempos y espacios de juego: “No es la vida corriente, o la vida propiamente dicha, más bien consiste en escaparse de ella a una esfera temporal de actividad que posee su propia tendencia, que puede absorber por completo, y en cualquier momento, al jugador” (Huizinga, 1990).

-Principios y fines del juego: El erotismo implica “una doble condena del sujeto: a morir y a desear” (Bossi, 2003).

“Al juego se invita con ciertas actitudes y gestos ceremoniosos, (...), jugando fluye el espíritu creador del lenguaje constantemente de lo material a lo pensado: (...). De esta manera la humanidad se crea constantemente su expresión de la existencia, un segundo mundo inventado, junto al mundo de la naturaleza” (Huizinga, 1990).

“El hombre, a quien la conciencia de la muerte opone al animal, también se aleja de éste en la medida en que el erotismo sustituye el instinto ciego de los órganos por el juego voluntario, por el cálculo del placer.” (Bataille, 1970).
-Poder jugar / poder para jugar / jugar al poder: “El juego oprime y libera, el juego arrebata, electriza, hechiza” (Huizinga, 1990).
“El juego alternativo de lo prohibido y la transgresión aparece muy claro en el erotismo. Sin el ejemplo del erotismo, sería difícil tener una justa impresión de ese juego.” (Bataille, 1957).

Damos por supuesto que los nudos apuntados no agotan nada. Y es mejor así, porque nos erotizan las sorpresas.


Cómo participar

Los artistas interesados tienen a su disposición las bases para participar de la Bienal de Arte Erótico en el sitio Web www.icrea.com.ar
La recepción de las obras cierra el 21 de noviembre. La selección será el miércoles 3 de diciembre con la publicación del fallo de la Curaduría.
Cinco son las modalidades: 1- Modalidad Arte Visuales: plástica en el plano (pintura, dibujo, grabado, fotografía) y en el espacio (esculturas, instalaciones, objetos) 2- Modalidad Arte Digital y Net Art: aquellas obras que operen dentro de las lógicas de los medios de producción y/o comunicación de dispositivos digitales. 3- Modalidad Arte Audiovisual y Video Art: aquellas producciones que se encuadran en la lógica de los soportes del audio y el video, pudiendo intervenir medios digitales para su producción y donde sólo hayan sido empleados como una herramienta entre otras. 4- Modalidad Artes Escénicas: Perfomances, Clown, Circo, Teatro, Danza, Teatro/Danza. 5- Modalidad Literatura: Poesía y Cuentos Cortos.
Para más información dirigirse a contacto@icrea.com.ar


Curaduría

La curaduría está integrada por: Norma Cabrera, Silvia Debona, Estela Figueroa, Raúl Ishikawa, Raquel Minetti, Isabel Molinas, Abel Monasterolo.


Organizadores

La Bienal está organizada por ICREA -Instituto de Creatividad Aplicada- Asociación Civil sin fines de lucro conformada hace seis años. Somos un grupo de personas motivadas en promover la creatividad y su relación con el arte y otras disciplinas. ICREA es un espacio abierto a la manifestación de diversas inquietudes culturales; trabajamos interdisciplinariamente a través de equipos con un fin común: incentivar, desarrollar y difundir la creatividad en sus distintas expresiones.

Integran ICREA: Belén Barbotti, Leonardo Bortoloto, Gabriel Cimaomo, Silvina Mones Ruiz, Hann Pared, Sergio Peralta, María Claudia Rodríguez.




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